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“El Cascanueces” salva el final de temporada del Teatro Colón

El mítico ballet de Tchaikovsky se muestra hasta mañana en el coloso porteño en la versión de Rudolf Nureyev

“El Cascanueces” salva el final de temporada del Teatro Colón

“El cascanueces” sigue vigente y vibrante a pesar del paso de los años / teatro colón

29 de Diciembre de 2017 | 03:26
Edición impresa

Nicolás Isasi

El Teatro Colón, como es costumbre en época navideña, programó “El Cascanueces” para cerrar el año 2017. Esta puesta corresponde a la versión de Rudolf Nureyev que se vio en el Teatro Colón por primera vez en 1971 (hasta la temporada 2010), con el mismo Nureyev como Drosselmeier y el Príncipe, junto a Olga Ferri en el papel de Clara. En esta ocasión, el cuento de EFA Hoffman adaptado por Alejandro Dumas (padre) con libreto de Marius Petipa y Lev Ivanov; y composición de Piotr Ilich Tchaikovsky, contó con la reposición de Aleth Francillon (reconocida coreógrafa repositora desde 1987) quien vino a la Argentina para recuperar la escenografía y el vestuario de Nicholas Georgiadis realizado en la década del setenta.

Estructurado en dos actos por encargo del director de los Teatros Imperiales Ivan Vsevolozhsky, “El Cascanueces” narra la víspera de Navidad en la casa de los Stahlbaum (árbol de acero), donde Clara, su hermano Fritz y sus padres se preparan para la fiesta con amigos y familia. Al sonar las campanas de medianoche, Clara se queda dormida y allí comienza un sueño en el que los cascanueces, los ratones y numerosos bailarines de danzas exóticas deslumbran al espectador de principio a fin.

La orquesta, a diferencia de otras veces, no fue la Estable del Teatro Colón sino la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por el mexicano Enrique Diemecke desde hace 11 años que supo desempeñar bien su rol en conjunto, destacándose los metales, la percusión, la flauta traversa, el arpa y el coro de niños en los dos palcos avant scène. Cabe subrayar que Diemecke este año fue nombrado Director General Artístico y de Producción del Teatro Colón reemplazando a Lopérfido quien renunciara el pasado febrero a su cargo. Pese a ser nuevo en ese puesto, sabía de qué se trataba el cargo siendo que hace muchos años trabaja en Argentina y habiendo dirigido previamente la Ópera de Bellas Artes de México en la década del ochenta. Aun así, la presente temporada dejó mucho que desear.

Ya desde la apertura, presentando Carmina Burana (obra compuesta por Carl Orff para las Olimpíadas de Berlín de 1936), y desde la primera ópera comenzaron los cambios y las cancelaciones que seguirían hasta hace tan solo unos días. La primera ópera programada “Adriana Lecouvreur” sufrió la cancelación de su protagonista Angela Gheorghiu. A mediados de año fueron las cineastas Sofía Coppola y Lucrecia Martel. La primera, encargada de dirigir “La Traviata” fue cambiada por una reposición anticuada y documental de Zeffirelli, quien tampoco estuvo presente por su edad, siendo repuesto por Stefano Trespidi en representación suya. En noviembre, por problemas de salud, la cantante Jessye Norman canceló su concierto de la sala principal. Martel, por su parte, para cerrar esta temporada de cancelaciones y cambios, dejó su renuncia por escrito a la dirección de “Andrea Chénier” desde Estados Unidos, por cuestiones personales. Asimismo, esto ocasionó también la baja del cantante Marcelo Álvarez, quien sería el protagonista de la última ópera de la temporada. Sumado a todo eso, el Instituto Superior de Arte dependiente del Colón, sigue mudándose de lugar, pero no logra repuntar académicamente.

Pero la desinteligencia de poner gente que no cuenta con la mejor formación en los cargos más altos, es una mala costumbre de nuestro país. Así lo demostró Aleth Francillon (actual repositora, colega de Nureyev y ex bailarina del Ballet de la Opera de París desde 1965) esta semana en una entrevista donde comparaba su lamentable experiencia anterior con Pedro Pablo García Caffi, en el 2009 y con el teatro cerrado: “Tuve problemas con García Caffi. Fue un momento muy lamentable. Él fue no sólo injurioso hacia mí, sino que era además incompetente. (…) Hace dos años, el coreógrafo Pierre Lacotte me había pedido que montara en Buenos Aires La Sylphide; yo acepté, pero luego me volvió a llamar para decirme que no iba a ser posible, porque la directora del Ballet, Silvia Di Segni, no quería que yo viniera. Esto muestra que una persona puede ser muy negativa para un ballet: no hacerlo crecer, no darle oportunidades, hacerlo descender. Ahora, esta invitación me la hizo Paloma y, en parte, acepté por ella, por quien tengo un gran respeto. Es una suerte para este ballet tener a Paloma Herrera como directora: es formidable y muy cultivada. Ha bailado tantos roles como solista y desde tan joven, que lleva muy bien a la compañía, a la que yo encuentro muy en forma”.

La escenografía, tradicional pero funcional dejando grandes espacios para la danza, cuenta con un árbol lleno de regalos al fondo y una pequeña escalera sobre la derecha, en el mismo lugar donde aparece la puerta principal de la casa, tanto al inicio como al final. El vestuario contaba con una gama de colores amalgamados a la paleta escenográfica y era evidente que se trataba del mismo creador por la simbiosis que había entre ambas partes. Se destacaron los suntuosos trajes de época de la familia al inicio del primer acto, los cascanueces y las reinas con coronas brillantes. No así los ratones con colas y cabezas gigantes o los murciélagos, que parecían un estereotipo de fiesta de disfraces.

Lógicamente, el plato fuerte de un ballet es la danza. Y la dirección del Ballet Estable del teatro de Paloma Herrera se nota a la legua. Macarena Giménez fue encantadora, tanto en el baile como en la actuación, interpretando a una Clara de movimientos sutiles pero agraciados. Su partainere, Maximiliano Iglesias cumplió con creces su triple rol de Drosselmeyer, Mago y Príncipe en cada uno de los actos. Sus pasos decididos demostraron un gran dominio de la técnica y juntos fueron una pareja memorable. Se destacó la danza rusa del segundo acto interpretada por Silvia Grün, Luisina Rodríguez, Natalia Saraceno, Laura Beccaceci, Arsalam Toyama Leiva, Igor Vallone, Matías de Santis y Adrián López.

El dato de mayor repercusión mundial que tuvo nuestro coliseo este año, no tuvo que ver con la dirección actual, sino con la declaración del tenor alemán Jonas Kaufmann en una entrevista para la televisión francesa donde dijo: “Quiero decir que el teatro más fascinante tal vez, pero sobre todo el de la acústica más perfecta del mundo, queda en Buenos Aires, es el Teatro Colón de Buenos Aires, es verdaderamente increíble. Tiene una acústica soñada, querés tomarla y llevártela con vos. Es un verdadero sueño”. Y como ese sueño que vivió Kaufmann en 2016 cuando conoció el Colón, este ejército de cascanueces cerró como corresponde una temporada para el olvido. Lejos de su estreno en 1892 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, la magia y la música de “El Cascanueces” sigue vigente, brillando y sorprendiendo a la audiencia en cada Navidad.

Para agendar

Ballet “El Cascanuces”. Teatro Colón, Cerrito 628. Viernes 29 y sábado 30 de diciembre, a las 20. Entradas desde $80.

Lejos de su estreno en 1892, la magia de “El Cascanueces” sigue brillando y sorprendiendo

 

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