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TENDENCIA GLOBAL

Las tías “PANK”, un fenómeno que avanza y se gana el corazón de los más chicos

Los estereotipos aburridos, serios y formales quedaron en el recuerdo. Las nuevas generaciones de sobrinos se deleitan de la mano de tías con onda, que los “malcrían” entre paseos, juguetes y diversiones

valeria y luciana aón, con sus sobrinos sofía, elías, julieta y emilia en un momento de juegos y diversión. el nuevo rol de las tías que disfrutan los sobrinos/ dolores ripoll

hernán zarachu, en su “día del tío y el sobrino” con amancio / el dia

valeria pugliese, con la pequeña emilia en brazos/ el dia

CECILIA FAMÁ
cfama@eldia.com

Atrás quedaron aquellas tías que apenas visitaban a sus sobrinos una vez por mes con una bolsita de golosinas, que sólo se dejaban ver en algún cumpleaños familiar o se mostraban a menudo de mal talante, sin empatía con los benjamines de la familia. Hoy en día, un número creciente ocupa roles protagónicos en las vidas de los nenes, ocupándose de rutinas semanales y “malcriándolos” con paseos, juguetes geniales e incluso viajes soñados. Tanto es así, que para los expertos en marketing ya constituyen un segmento con peso -y nombre- propios, objetivo de promociones y ofertas vinculadas con productos infantiles: son las “tías PANK”, apodo canchero que muchas llevan con orgullo.

Según algunos autores, el término PANK (“Professional Aunt, No Kids”, equivalente a “Tía Profesional Sin Hijos”) fue acuñado por Melanie Notkin, creadora de la página web estadounidense “Savvy Auntie”. En términos de mercadotecnia, describe a mujeres que suelen ser solteras y tienen ingresos similares a los de las casadas, pero menores gastos al no tener hijos propios; su costado maternal lo vuelcan, entonces, en sobrinos o hijos de amigos.

Solteras pero no solteronas, con onda, activas, las PANK se conectan con sus sobrinos a partir del afecto, las ganas, el tiempo... y la solvencia suficiente como para generar y sostener salidas, experiencias y sorpresas de toda índole. Ni lerdos ni perezosos, los investigadores de mercado ya definieron cuáles productos para infantes pueden venderles a estas jóvenes adultas: ropa, juguetes, promos para parques de diversiones, restaurantes e incluso vacaciones. Los sociólogos van más allá, y aseguran que ser tías puede hacer a las mujeres más felices.

“Para mí ser tía es un estado ideal que te da la vida” sostiene Valeria Pugliese. Policía, de 35 años y con dos sobrinas -una de 3 años y medio llamada Isabella y otra de 2 años y medio, Emilia-, señala que “una no hace nada para ser tía, simplemente tiene la dicha de serlo; te da un lugar de privilegio desde el que se disfruta de esos pequeños nuevos integrantes de la familia. Yo no sufro cuando se despiertan de noche, no cambio pañales todo el día, duermo cuando quiero y no cuando ellas me dejan, pero a su vez, elijo por momentos tener esas vivencias con ellas”.

Pugliese añade que “cada sobrino o sobrina es una nueva vida que lleva la sangre de tus hermanos, y por consiguiente también la tuya. Ser tía es el mejor rol; al enterarme que iba a serlo me sentí muy ansiosa, empecé a imaginarme compartiendo cosas con ellas y no veía la hora de que pasaran esos meses hasta poder alzarlas. Disfruto cada una de sus acciones, todos los días hacen algo nuevo, tienen un nuevo aprendizaje o alguna nueva carita que te roba sonrisas. Nunca podría dejar que vieran si tengo un mal día, porque son todo inocencia y risas”.

Desde una mirada que no tiene como centro lo comercial, Elizabeth Gilbert, autora de “Comer, rezar, amar”, supo analizar con lucidez la nueva camada de tías en su libro “Comprometida”, en el que se refirió a este grupo -del que es parte, por cierto-, como “la brigada de las tías”. Admitiendo que este papel le permite disfrutar el cariño incondicional y la inocencia de los sobrinos sin asumir las responsabilidades de una madre o un padre, Gilbert advierte que estas tías tienen una misión relevante como sostén afectivo de los chicos y sus padres a lo largo de su crianza.

“Mi trabajo no es tan sólo malcriar y disfrutar de mi sobrina y de mi sobrino, aunque asumo esa misión al pie de la letra, sino también el de ser una tía a disposición del mundo -una tía embajadora- capaz de brindar una mano, allí donde se necesita ayuda, en cualquier familia”, escribe Gilbert, siempre citada a la hora de analizar el fenómeno PANK.

La Argentina tiene su tasa de fecundidad en baja, particularmente entre las capas altas y medias de la sociedad. En Buenos Aires, el 38,6 por ciento de las mujeres en edad fértil no tiene hijos; no son números del tenor de como los de países desarrollados como EEUU, donde ese porcentaje alcanza el 45 por ciento, contando un 20 por ciento de las mujeres entre 40 y 44 años-, pero son significativos y van en aumento.

Paula Talavera trabaja desde hace doce años al frente del local de ropa infantil de una marca reconocida. Cuenta que “las compras de los tíos para sus sobrinos son muy distintas a las compras de la mamá o el papá. Ellos eligen esos artículos que los padres no comprarían. Los tíos van en busca de lo diferente, original, lo canchero... que después a veces resulta ser algo no muy práctico o necesario, pero lo ‘distinto’, lo singular, es lo que más quieren, sin importar el precio”.

“Para mi ser tía es lo más del mundo. Es un estado que me encanta. Y lo digo siempre” revela Luciana Aón, 35, periodista y docente universitaria, tía de Sofía (16), Elías (8), Julieta y Emilia (gemelas de 4): “vivo con todos mis sobrinos cosas re-diferentes, porque están en etapas distintas. A Sofi la ayudo a veces con tareas de escritura de la escuela, monografías; Elías es con el que más disfrutamos y compartimos la pasión por las películas, desde muy chico mirábamos con él las de Pixar, luego Star Wars, Indiana Jones y ahí ya nunca más paró... Era llegar a casa prender la tele y poner una película. Con las ‘minions’, Emi y Juli, es más el juego, son súper traviesas, desafiantes, divertidas, juegan al fútbol, a los súper héroes, pintan... ¡son un torbellino!”

“Al único que malcrío especialmente es a Elías –que además es mi ahijado-, y jamás fue un problema con los padres, ¡para eso somos tías!” se planta Luciana: “pero también tenemos una relación súper cercana y de mucha confianza, tanto los malcriamos como les ponemos los límites necesarios, o conversamos con ellos cuando algo no está bien. Siempre sentí que tenía la libertad y tranquilidad de ser la adulta a cargo, cada vez que estuvieran conmigo”.

Hermana mayor de “Luti” Aón, Valeria tiene 46 años y es profesora de inglés. Asegura que, como docente, no es de malcriar, pero admite que a sus sobrinos les compra “muchas cosas, principalmente ropa -cuando viajo- y películas”. Y aclara: “mi hermana recibe la mayoría de los regalos, pero ellos también reciben mucho”.

“Trabajo mucho así que no tengo mucho tiempo para compartir, pero los veo todas las semanas” cuenta: “y si mi hermano necesita que los cuide, me ocupo de eso. ¡Son un gran plan siempre! No tengo hijos y no voy a tener, así que mis sobrinos ocupan ese lugar, creo. No soy de malcriarlos, pero mi hermano y mi cuñada son muy relajados con eso; nunca nos dicen que no a ningún plan, y no nos limitan, por ejemplo, con las comidas”.

Creadora de piezas para vestir hogares, María Gabriela Scarafoni tiene cinco sobrinos (Matías, Julián, Francisco, Inés y Lisandro), y “algunos adoptados, como Martina y Delfina, Fran, Toto y Adita”. Subraya que “si bien no puedo estar seguido con ellos por motivos de distancia física, la relación es cercana; a veces incluso vienen de visita a casa y se quedan a dormir”.

“Creo que nunca los he malcriado... ¡deberían preguntarles a ellos! Pero me gusta escucharlos y tratar de entenderlos cuando tenemos diferencias” precisa “Gaby”: “de todos modos, me relajo con algunas cosas, porque sé que no soy la encargada de criarlos; no he aprendido a resolver ‘cosas de bebés’, de pañales y fiebre, sólo los disfruto a pleno”.

Scarafoni destaca que “cuando les regalo cosas, más que muchas en cantidad intento que sean originales y con calidad, se trate de pinturas, alcancías o libros... Eso sí. Cuando viajaba y eran más chicos, el 70 por ciento de mis valijas eran para ellos”.

Ellos también

Hernán Zarachu (40) y Amancio (7) han creado el “Día del Tío y el Sobrino”. Es el jueves. Ese día están juntos todo el tiempo. El tío busca a Amancio por la escuela, lo lleva a fútbol o a inglés, o van a pasear por el parque. Un poco por necesidad -porque es un día complicado para Julia, la mamá- y otro poco porque “es genial”, se generó esta rutina que esperan los dos ansiosos toda la semana.

“Todos los casos son especiales, pero Amancio es mi único sobrino. Para mí el ‘enano’ es lo más. Está todo puesto en él. Por un lado, yo no tengo hijos y ni siquiera sé si los quiero tener; pero por otro lado, la motivación más grande de mi vida es mi sobrino. Yo creo que es magia: de a ratos sos un padre, en otros momentos sos el amigo. No termina de estar resuelta la relación, ni la responsabilidad y eso es genial” se maravilla Hernán.

¿Si le compra demasiadas cosas? Hernán dice que “trata de manejar” el tema del consumo. “Realmente creo que la cantidad de cosas que consumen los chicos de hoy me parece una barbaridad”, observa Zarachu, quien es platense, productor de cerveza artesanal y que está de vuelta en el pago desde hace poco tiempo después de una estadía en el Sur.

Más que objetos, con Amancio comparten mucho tiempo y aventuras. “A veces surge ir de paseo; ir al Parque Pereyra como si fuera una exploración, por ejemplo” enumera: “ahora también surgió pescar. Yo nunca había pescado en mi vida, pero ahora compré una caña. Hace poquito fuimos a Punta Indio... No pescamos nada, pero estuvo buenísimo”, cuenta ya planeando la próxima salida de pesca, luego del partido de Amancio en el club de fútbol de Gonnet y esperando como cada semana que llegue esa entrañable efeméride de los jueves: el “Día del Tío y el Sobrino”.

 

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