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A través de la Adopción, el alquiler de vientres o utilizando bancos de esperma

Padres del mismo sexo: historias platenses, en primera persona

Cómo se constituyen las familias devenidas de la homologación legal del matrimonio igualitario. Las estrategias para construir hogares que empiezan a dejar de ser no convencionales

Rosario y Luz están en pareja desde hace varios años, y desde 2017 son madres de Zoe / gonzalo calvelo

Liliana y Claudia junto a Cami / el día

Gustavo, con Maxi, que tiene 2 mamás y 2 papás / el día

CECILIA FAMÁ
cfama@eldia.com

El amor tiene tantas versiones como amores haya. Dentro del universo de las parejas, la voluntad de ser madre y el impulso por convertirse en padre suelen no acobardarse ante los desafíos, por más bravos que parezcan. En nuestra ciudad, las nuevas familias homoparentales se multiplican, y ponen en marcha proyectos de vida que prosperan. El respeto a la diversidad sexual como valor consolidado entre sectores sociales cada vez mayores, y las innovaciones legislativas en materia de matrimonio igualitario y fertilidad asistida, allanaron antiguos caminos y abrieron otros enteramente nuevos para quienes deseaban tener hijos junto a personas de su mismo género.

Así lo confirman las estadísticas sanitarias, y también los programas que brindan apoyo legal y contención a estos padres y madres, con encuentros en los que comparten sus experiencias. También lo denotan las calles, las plazas, los jardines de infantes y las escuelas, que reciben con creciente frecuencia a chiquitos con sus dos mamás o sus dos papás.

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En algunos casos, la sanción de las nuevas normas y disposiciones dibujó signos de interrogación entre parejas homosexuales y lesbianas que nunca se habían preguntado “¿y si..?”. En otros, llegó para que lograran abordar, después de largos años de embarazos frustrados o esperas infructuosas en listados de adopción, ese momento en que se sincronizaron la ciencia, la ley y el signo de los tiempos para tener hijos deseados. Deseadísimos.

TRATAMIENTOS

“Hace 12 años que estoy en pareja con Verónica y en este tiempo cambió el país. El matrimonio igualitario, la ley de fertilidad… nos dieron a mi pareja y a mí la posibilidad de ser madres”, repasa Luciana (39), una de las mamás de Juana, de tres años y medio.

Juana nació tras varios intentos de fertilización asistida en Verónica y uno solo, efectivo, de baja complejidad, en Luciana. “Intentamos primero con ella, porque es mayor que yo, pero no funcionó. Nos decepcionamos mucho, pero después probamos conmigo y resultó exitoso”, cuenta Luciana, dando cuenta de las infinitas variables que se sopesan al tomar la decisión de ser madres buscando preservar los tiempos, las edades y hasta los rasgos de cada una: “Cuando fuimos al banco de esperma, buscamos que sea de un donante con los rasgos más parecidos a Vero, porque mis genes ya iba a tenerlos”.

“Sinceramente, ahora suena todo simple. Y la vida hoy es simple, pero fue un proceso largo”, repasa la platense: “Entre 2011 y 2012, cuando empezamos a preguntarnos si era posible soñar con un hijo, para mí era inabordable pensar en términos de ‘familia homoparental’; me costaba apropiarme hasta del concepto. Nos atendíamos con ginecólogas que nos explicaban métodos de anticoncepción y nosotras ni decíamos que teníamos pareja mujer. Luego decidimos ir a una profesional juntas, empezar a atendernos juntas y blanquear que éramos pareja. Fue ahí que esa doctora nos hizo la pregunta sobre la maternidad, y nos lo empezamos a preguntar nosotras. Tuvimos que salir del closet en algunos ámbitos, googleábamos todos los métodos… La ley era muy reciente, pero a pesar de su sanción no era fácil. Incluso el mismo tema del banco de esperma me chocaba, no quería sentir que estábamos armando un bebé de diseño, eligiendo el color de ojos que tenía el donante”, cuenta esta arquitecta que comparte profesión con su pareja.

“Una vez que quedamos embarazadas”, sigue Luciana, “todo el proceso también fue de las dos: el curso de preparto -en el que éramos las únicas ‘mamá y mamá’-, todas las etapas de la gestación y el parto, en donde estuvimos juntas. Ahora sí puedo decirles a todas que se animen, que es más sencillo de lo que se cree. Y la sociedad sigue cambiando, hoy es más aceptado culturalmente, además de más posible desde la ciencia y las leyes”.

“Juana tiene una vida normal; tiene dos mamás, va a un jardín privado en el que está todo muy claro. Ella no tiene ningún conflicto; incluso está fascinada por tener dos mamás: para ella somos mami Vero y mami Luchi. Tener a Juana, además de hacernos plenamente felices nos empoderó. Es ella misma la que nos hace vivir nuestra familia con total normalidad y plenitud. Te parás frente a la vida de otra manera cumpliendo con un sueño que era impensando cuando estabas en pareja con alguien del mismo sexo”, afirma la arquitecta. Y agrega: “Estamos muy contentas de ir a los Encuentros de Diversidad Familiar; es un lugar que queríamos tener. Nos emociona compartir experiencias similares, es genial que exista ese espacio”.

El caso de luz y rosario

Luz y Rosario hace diez años que están en pareja y hoy son felices madres de Zoe, de un año. La beba se parece a las dos, que tienen rasgos muy similares: ojos celestes, tez blanca, cabello claro. “Es re loco, hasta nosotras la vemos parecida a ambas”, se ríe Luz, que cuenta que “muchos nos preguntan si una es la tía, o la madrina. Nosotros les decimos que no, que las dos somos las mamás. A la mayoría le da una gran curiosidad. Los de veintipico dicen ‘ah, claro’… con total naturalidad. A los más grandes les cuesta un poco más procesarlo, pero nunca sentimos ningún tipo de discriminación. Es algo normal, con una ayuda médica, como tantas cosas, pero pudimos formar una familia que esperamos agrandar”.

“Juana tiene una vida normal; tiene dos mamás, y va a un jardín privado en el que está todo muy claro”

Luciana, esposa de Verónica Mamás de Juana

“Nos preguntan si una es la tía, o la madrina. Y nosotras les decimos que no, que las dos somos las mamás”

Luz, esposa de Rosario Mamás de Zoe

“Primero tuvimos la guarda de Camila y luego la adopción definitiva”

Liliana, esposa de Claudia Mamás de Camila

Luego de varios tratamientos de baja complejidad, finalmente Luz Grioni -en pareja con Rosario Ungaro- quedó embarazada. Se utilizaron óvulos de la madre gestante que fueron fecundados fuera del útero. Se implantaron dos embriones de cinco. De ese embarazo nació Zoe. Sus madres conservan otros tres embriones criocongelados. “Tenemos la idea de que Zoe tenga un hermano; esperamos cumplir también ese sueño”, dicen, luego de buscar la maternidad durante cinco años: “Desde que nos casamos, en 2012, empezamos este camino que hoy agradecemos todos los días al ver a nuestra hija”.

“Es muy importante un buen acompañamiento profesional. Porque en la mayoría de los casos son varios intentos frustrados, de ir a ver los resultados y volver con una mala noticia, de pérdidas de embarazos, con toda la ilusión perdida y el dolor que eso implica”, dice Luz, que hoy puede contar la historia con gran alegría, con su gordita en brazos, y muchos más proyectos junto a su esposa. Ambas comparten la pasión por la pastelería. Hacen tartas, brownies y una repostería exquisita para bares, y este año arrancaron un emprendimiento propio, con un local en el Centro.

DOS MAMÁS Y DOS PAPÁS

“La nuestra es una historia muy loca. Fuimos padres, de común acuerdo, con mi mejor amiga que es gay como yo”, dice Gustavo Aboy (41). Junto a Alejandra, es padre de Maximiliano (11), que tiene dos padres y dos madres. Cristian y Gabriela, respectivas parejas de estos amigos que soñaron con tener un hijo y lo concretaron a través de una inseminación, completan esta familia de cinco, cuyo día a día es “totalmente normal”, como aclara Gustavo.

“Ser padre de Maxi es una experiencia hermosa. Él vive en Mar del Plata. Hicimos el tratamiento y nació allá, cuando yo vivía en esa ciudad. Luego me tuve que venir a La Plata, pero hablamos todos los días; hacemos la tarea por teléfono. Vamos de vacaciones juntos. Lo vamos a visitar muy seguido. Él me llena el alma, es mi vida”, se emociona este padre que además siente el orgullo de que su hijo sea “el calco mío de cuando era chico”, según confirman viejas fotos.

“Siempre tuve ganas de tener un bebé, pero al gustarme los hombres lo veía imposible. ¡Por las vías normales no lo iba a lograr jamás!”, manifiesta entre risas Aboy, quien es esteticista: “Así que con Ale empezamos a pensar en concretar el sueño de ambos y lo hicimos. Porque a ella le pasaba lo mismo. En esa época no había ley de fertilidad, ni nada. Lo pagamos nosotros: fuimos a una clínica, y lo hicimos. Ella quedó embarazada en el primer intento, así que guardamos el secreto durante tres meses hasta estar seguros de que todo venía bien y luego lo anunciamos. En mi familia, cuando se enteraron de que iban a ser abuelos, fue todo una locura. Maxi es un regalo de Dios y para él y todo su entorno es totalmente normal tener dos mamás y dos papás, su día a día es como el de cualquier otro chico”.

POR ADOPCIÓN

Camilia nació en Misiones. Es parte de la familia que formaron Liliana Antonutti (52) y Claudia Cano (50) desde que tenía un día de vida. Sus mamás adoptivas estaban esperando que naciera y ni bien les dieron la noticia, viajaron en su búsqueda.

“Primero tuvimos la guarda y luego la adopción definitiva”, recuerda Antonutti: “Yo me había anotado sola en la lista de adopción, como soltera. En ese momento no era una lista nacional, sino que cada provincia tenía la suya. Estuve anotada en Buenos Aires un año, pero después empezamos a viajar y a anotarnos en distintas ciudades. En Misiones se dio esta posibilidad de una mujer embarazada que iba a dar su bebé en adopción y tuvimos la suerte de poder acceder”.

Cami tiene 8 años. Al casarse sus madres, tuvieron oportunidad de tramitar el título de hijo de cónyuge, por lo que tiene los dos apellidos y ambas gozan de la adopción plena, con los mismos derechos y obligaciones. “Yo siempre quise tener hijos, pero me parecía incompatible al tener una pareja mujer”, admite Liliana, “hasta que conocí a una mujer que tenía una hija y ahí me dije que no era algo grave, porque la nena de ella tenía una vida normal. Eso nos incentivó y empezamos a buscar seriamente”.

“Cami vive naturalmente la familia que tiene. Siempre supo que tiene dos mamás y a medida que fue creciendo se fue dando cuenta de que la mayoría de los chicos tiene una mamá y un papá. Eso la sorprendía al principio”, cuenta Laly sobre su hija, que concurre a la Escuela Pedagógica de El Rincón y está inserta en una comunidad educativa “alucinante, en la que tenemos muchos amigos. Además vamos a los Encuentros de Diversidad Familiar, que son muy participativos, una movida fantástica. La nena los disfruta mucho”.

“Desde lo legal está todo perfecto, hasta pudimos conseguir la doble adopción completa. Desde lo social, como familia, no hemos tenido nunca ningún problema de discriminación ni nada por el estilo. Creemos que tiene que ver con cómo cada uno se planta. Es algo deseado, madurado, que lo hacés con seguridad y eso se transmite hacia afuera. Los demás lo reciben así”, finaliza una de las mamás de Cami.

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