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Los clubes de barrio de la Región ya acumulan más de 50 robos en el año

El delito golpeó, por lo menos, a 13 instituciones, algunas de las cuales sufrieron más de un ataque. Los directivos de varias de ellas cuentan cómo sobreviven a la inseguridad en estos tiempos de crisis y violencia

Los clubes de barrio de la Región ya acumulan más de 50 robos en el año

Pablo Mauro Merlo, del club 9 de julio del barrio el dique, después de uno de los últimos robos / EL DIA

21 de Octubre de 2019 | 02:50
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El escruche que sufrió hace casi una semana el club ADAFI, en Gonnet, fue el sexto caso en 12 meses, situación que se repite en casi todas de, por lo menos, 13 instituciones que fueron blanco de delitos en 2019. Además de ADAFI, hablamos de CRISFA; Estrella de Berisso; Nueva Alianza; Topacio; Unidos de Olmos; Nueve de Julio de Ensenada; CRIBA; FIE Escuela 25; Autonomía; Sporting; San Martín de Tolosa; y La Curva, de Arturo Seguí.

“Pareciera que se volvió una mala moda esto de entrar y robar en los clubes o causar vandalismo si no pueden robar; romper, dañar”, lamenta Pablo Mauro Merlo, del Club 9 de Julio (en El Dique, de Ensenada), porque “en vez de ser abiertos a la sociedad tenemos que encerrarnos como si fuéramos cárceles”. Al último ataque que sufrieron decidieron hacerlo visible en un intento por conseguir ayuda.

Aunque de este modo lograron obtener los fondos para cerrar todo el club y frenar los robos, los delincuentes siguen “saltando el paredón para romper cosas o jugar adentro de la cancha”, se queja Merlo, convencido de que así “es difícil podamos salir adelante como institución”.

En su rol de presidente de CRISFA (72 entre 14 y 15), Daniel Dascenzi admite que “como club nos sentimos totalmente desprotegidos. Estamos en un lugar muy oscuro y sin patrullaje policial. Pedido al municipio que nos ilumine con luces led un pasillo que es muy peligroso para todos los vecinos de la zona, pero no tuvimos respuesta. Ahora tratamos de iluminarlo nosotros con una rifa”.

Decididos a reforzar la seguridad en el predio, cuenta Dascenzi que analizan “cerrar todo el perímetro del club”, aunque les falta cubrir “100 metros que esperamos levantar pronto, porque teníamos alambre y era muy fácil de romper”.

Los directivos y la comunidad del Club Nueva Alianza (155 y 38) decidieron tiempo atrás encarar la construcción de baños y vestuarios para el predio que alquilan a dos cuadras de ahí, en 155 y 36, donde están las canchas. Lo intentaron cuatro veces. En mayo bajaron definitivamente los brazos.

“Desde agosto del año pasado sufrimos seis robos. El año pasado nos llevaron todas las herramientas”

Julio Bazzana Presidente de Adafi

 

“En febrero, abril y mayo sufrimos cuatro robos y ataques vandálicos en ese predio. Entraron de noche, rompieron puertas, tiraron abajo los ladrillos, rompieron los inodoros, se robaron las canillas”, enumera el presidente de la institución, Leandro Martín Tarabini, antes de apuntar que tomaron esa decisión porque “cada vez que lo intentamos al otro día lo rompen. Era nuestra meta, pero no se puede”.

Admite Tarabini que la zona que los rodea es “bastante complicada” y atribuye aquellos actos a “la violencia, porque el club tiene las puertas abiertas para que la gente del barrio puedan tener algún beneficio atendiendo las puertas del local o las entradas, pero no van”.

“Duelen mucho los actos vandálicos, porque nuestra función es sacar a los chicos de la calle”

La cancha de 155 y 38 también fue blanco de ataques: “Han querido romper la puerta de utilería, se llevaron cosas de los chicos y destrozaron las ventanas del buffet”.

Para este club que lleva más de tres décadas en ese barrio y contiene a 600 personas de entre 5 y 40 años en actividades como zumba, hockey y fútbol, los últimos dos años fueron complicados en materia de inseguridad, con episodios que Tarabini describe como “reiterados e insistentes”.

La cuestión económica

A nadie escapa que las consecuencias de cualquier robo se agravan en un contexto de crisis económica. Con una cuota societaria de entre 450 y 550 pesos al mes que resolvieron no aumentar este año, justamente por lo mismo, a Nueva Alianza apenas le alcanza para “mantener la vida diaria del club, pagando los servicios (35 mil pesos de luz) y no mucho más. Al resto -dice su presidente-, hay que gestionarlo por afuera”.

Después de la seguidilla de ataques, los directivos se reunieron con la Policía, “pero ellos también están desbordados”, opina Tarabini, sin pasar por alto que el delito no sólo afecta a las instalaciones del club.

Banditas de motochorros asaltan a los chicos cuando salen de practicar deporte para quitarles la ropa, las zapatillas o los botines. Y, cada semana, rompen las ventanillas de 5 o 6 autos con la intención de apropiarse de cosas que ya nadie deja adentro.

Y hay más: el problema de las pelotas. “Sabemos que algunas que caen en determinadas casas no vuelven”, cuenta el presidente, aclarando que “no podemos ir a reclamarlas porque como están armados te exponés a situaciones de riesgo” y “al otro días vemos que las venden por Facebook”. Cada pelota sale 3.500 pesos.

Todos los dirigentes coinciden en rescatar la función social que tienen estas instituciones, convencidos como están de que el “tiempo que un chico pasa en un club es tiempo que no está en la calle”.

En Nueva Alianza dicen saber quiénes son los responsables de los ataques, que adjudican a menores desvinculados del club.

El Club Infantil Adafi, de 508 entre 9 y 10, tiene 20 años y sus directivos también refieren que los delitos aumentaron en los últimos dos.

“Se la han agarrado con los clubes de fútbol infantil”, reflexiona su presidente Julio Bazzana después del último hecho, que fue la semana pasada y se trató del sexto en 12 meses. “Desde agosto del año pasado fueron cinco o seis robos de diversa magnitud, inclusive hace un año nos llevaron todas las herramientas”, detalla.

Sin embargo, cree que “hay que seguir dándole para adelante, por más que no sea una tarea fácil”, por los “110 chicos que están entre las categorías 2006 a la 2014, en el torneo de Lisfi”.

función social

Martín Giordano, presidente del Club de fútbol infantil La Curva (en Marqués de Avilés 615, Ensenada), celebra que este año tuvieron “la suerte de no tener ningún hecho delictivo. Sólo una vez encontramos forzada una cerradura”.

Eso sí, tienen “rejas en todas las ventanas y tomamos la mayor cantidad de medidas de seguridad”, que incluye la colocación a corto plazo “de una alarma y cámaras de seguridad”, explica.

También los ayuda funcionar en “un lugar bastante céntrico”, reconocen.

“Lo que sí vemos es que a todos los clubes de barrio les cuesta un montón llevar adelante tareas y mantener los clubes y nos duele mucho cuando a un club amigo le pasan estos hechos vandálicos. Y duele mucho más sabiendo que nuestra tarea es la de contener a los chicos para que no estén en la calle”, cerró Giordano.

Multimedia

Pablo Mauro Merlo, del club 9 de julio del barrio el dique, después de uno de los últimos robos / EL DIA

“Muchas veces en pleno partido las pelotas caen en casas que sabemos no las devuelven. Al otro día las venden por Facebook y no podemos reclamarlas porque están todos armados. Salen $3.500 cada una” Leandro Martín Tarabini Pte. Club Nueva Alianza

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