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El círculo vicioso de la Provincia de Buenos Aires
El círculo vicioso de la Provincia de Buenos Aires

Por: Agustín Lódola

7 de Noviembre de 2019 | 02:08
Edición impresa

Economista

 

Cuando nos ponemos a reflexionar sobre los desafíos económicos que tiene la Provincia de Buenos Aires, tal vez en una primera mirada aparezca la discriminación en la participación en la renta federal que sufre, que la obliga para equilibrar sus cuentas (y que muy pocas veces logra) a tener alta la presión tributaria o nivel de deuda y bajo el nivel salarial de los empleados (administrativos, maestros, enfermeros, policías) o de inversión en infraestructura. Todo ello impide la provisión adecuada de bienes públicos provinciales; y constituyen desafíos ciertos. Sin embargo, su veracidad no los convierte automáticamente en prioritarios.

Una mirada más amplia dice que ese desajuste lleva bastante tiempo. Además, son promedios. En el extenso espacio bonaerense convive el principal y más diverso aparato productivo del país, pero no es una provincia rica; dado que concentra la mayor proporción de pobres. Es la que tiene mayor cantidad de cultivos y ganado y también es la de mayor industrialización. Por esta razón es la que mas se beneficia y perjudica (con impacto regional heterogéneo) de las frecuentes devaluaciones de la moneda (o de otros shocks macroeconómicos). Ese gran atajo a nuestras restricciones más estructurales.

Podríamos seguir. Las heterogeneidades es su principal característica. Pero concentrémonos en una de ellas: las migraciones internas que, manifestando cierto inconformismo de la población con su lugar de residencia, reflejan justamente la desigualdad de oportunidades en el territorio.

En los últimos 20 años, las migraciones en el agregado provincial sólo explican el 10% del crecimiento poblacional. Pero el panorama cambia cuando se desagrega espacialmente. En las regiones del interior de la provincia (salvo los municipios turísticos), los saldos migratorios son negativos y determinantes del bajo crecimiento poblacional estructural. En el primer cordón del conurbano, cuya formación refleja la falta de consideraciones geográficas en las políticas públicas adoptadas durante la crisis del modelo agroexportador en las primeras décadas del siglo XX, sucede lo mismo y, aunque por razones diferentes, también obliga a ampliar la dicotómica mirada conurbano/interior que suele predominar en los análisis bonaerenses. En líneas generales, las tendencias migratorias observadas desde mediados de 1930 continúan, profundizando la heterogénea densidad poblacional. No hay dudas de que ciertas migraciones pueden ser vistas en forma positiva, pero cuando son selectivas pueden generar trampas de pobreza y ausencia de crecimiento equilibrado.

Extendiendo estudios que veníamos haciendo en el marco del PDET en Ministerio de Economía de la Provincia, en un trabajo que realizamos con dos colegas se pudo demostrar que existe un círculo vicioso donde ciertas áreas poco diversificadas del interior de la Provincia expulsan población por la falta de oportunidades laborales, generando dos consecuencias que refuerzan el problema. En las áreas de destino se crean presión sobre las infraestructuras y baja calidad de vida y en las áreas expulsores pérdida de capacidades para revertir la situación. La variable clave es la estructura productiva de ciertas regiones y la falta de escala de las mismas. Fundamentamos que, en muchos casos, lejos de igualar, las migraciones profundizan dichas disparidades.

Ante este desafío, políticamente la provincia no tiene quien con fortaleza represente sus intereses. Sus legisladores nacionales se pierden en la rosca nacional y sus legisladores provinciales reducen su accionar en los municipios. La legislatura actual desperdicia la bicameralidad. La Cámara de Diputados, por ejemplo, podría pensarse que se integre por legisladores “provinciales”.

Lo anterior deriva en un poder ejecutivo débil, que a su vez debe manejar uno de los más grandes sistemas educativos de América Latina o la fuerza policial más importante del país.

Ante esto algunos proponen dividir la provincia. La idea es interesante, porque como toda propuesta provocativa obliga a reflexionar, pero claramente no aporta a resolver ninguno de los problemas planteados. En primer lugar eso debilitaría aún más su poder, conformando unidades que nadie asegura que mejoren la performance actual. No parece que dividir sea la solución cuando claramente la diversidad es su fortaleza. Dividir y especificar políticas por región que integren un plan de desarrollo en lugar de dividir el territorio.

Las migraciones no pueden ser la única opción para algunos territorios y en el camino de considerarlas tal vez nos encontremos también con menor desequilibro fiscal, aminorando sus consecuencias.

 

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