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Opinión

Algún día tendremos que decir basta

Algún día tendremos que decir basta

Gustavo Jara

Director de escuela

A mediados de la década del ‘90, el sistema educativo tuvo una modificación estructural: entre tantos cambios, el fracaso de la Ley Federal de Educación impuso el retiro definitivo del Estado Nacional de la administración y gestión de escuelas, delegando esa facultado en los estados provinciales. El resultado fue catastrófico: falta de articulación, de infraestructura, materias que se convirtieron en áreas, innumerables conflictos entre directivos, el tercer ciclo de la EGB -7º, 8º, y 9º- convertido en una verdadera anarquía tironeado por las autoridades de primaria y secundaria.

No fue todo: la crisis económica, política y social de 2001 destrozó familias enteras, que encontraron en los comedores escolares y en la escuela un refugio para sus hijos.

Ambas situaciones repercutieron de lleno en el sistema educativo: las generaciones de desocupados dejaron de ver a la escuela como un vehículo de movilidad social ascendente; muchas familias optaron por la educación de gestión privada ante los interminables conflictos gremiales y la ausencia de códigos de convivencia claros en la escuela estatal que protegieran la seguridad de sus hijos.

Hay que destacar que en la última década la Provincia ha llevado escuelas secundarias a los barrios para cumplir con el mandato legal que establece la educación media como obligatoria. Ahora bien, la mayoría de las escuelas barriales desarrollan su actividad en edificios compartidos con otro establecimiento educativo, en espacios en los que llevar a cabo la actividad diaria es una verdadera tarea de imaginación.

Es el caso de la Secundaria Nº 59, de Villa Castells, de la que soy director hace xx años, donde además brindamos alimentación escolar a 130 alumnos de seis secciones. Apenas contamos con una oficina, una cocina y 7 aulas: en 6 salones se dan clases; el restante funciona como Secretaría, Biblioteca, Sala de profesores y depósito. La oficina hace de Dirección, preceptoría y archivo. Sin laboratorio ni tubos de ensayo para dar Física o Química, las materias las damos en el aula. Si falta algún insumo -y faltan varios- juntamos unos pesos y los compramos nosotros. Las demandas insatisfechas forman parte de un largo etcétera. Pero seguimos, a veces por resignación, muchas otras porque queremos la profesión. Algún día tendremos que decir “basta”.

 

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