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Festival Salvaje: música para conectar con la Madre Tierra

En Chaco, tendrá lugar el sábado la primera edición del encuentro que utiliza las artes como excusa para meter los dedos en la tierra y reflexionar sobre los peligros que atentan contra la naturaleza

Festival Salvaje: música para conectar con la Madre Tierra
4 de Julio de 2019 | 02:00

Se viene el primer Festival Salvaje: al monte chaqueño, convocados por Diego Pérez llegarán el sábado Arbolito , los correntinos Los de Imaguaré, la paraguaya Norma Ávila, y los locales Raúl Junco y Tierra Verde, además de, lógico, Nación Ekeko, el proyecto de electrónica orgánica del organizador y mitad de Tonolec.

Pero la cita, lejos de ser un encuentro musical entre colegas, es mucho más: el evento busca generar conciencia sobre las problemáticas que atentan contra la naturaleza hoy. “Queremos hacer un encuentro donde se conjuguen, el arte, la música, la conciencia ambiental y las experiencias en la naturaleza. Casi todo lo que vamos a hacer tiene que ver con valorar nuestra naturaleza, cuidarla: por eso lo hacemos en la naturaleza y con experiencias concretas, nos corremos de algunas cuestiones que se ven en las redes, del ‘no hagas esto, no hagas aquello’, que por ahí queda solo en el plano intelectual. En el Festival Salvaje la idea es que puedas meter las manos en la tierra, trabajar con semillas, ver las plantas originarias, habrá clases con maestras indígenas… Y que a partir de esas experiencias, de ese encuentro tuyo con la naturaleza, puedas tomar conciencia”, explica Pérez, en diálogo con EL DIA.

El encuentro tendrá lugar así en pleno monte chaqueño, a 15 minutos de Resistencia, en Colonia Benítez: “Un lugar con una biodiversidad riquísima, monte, selva, río, una fauna y una flora muy diversa”, dice Pérez, y una inmersión en lo natural para el espectador, que tiene como objetivo el encuentro directo con lo verde.

“Como sociedad estamos perdiendo el contacto directo con las cosas, hablamos de todo desde un lugar lejano, separado de nosotros: no hay mejor cosa que estar en el lugar, tomar contacto con las personas, para poder hablar de eso. Para mí funciona así: a veces te dicen un montón de cosas, pero solo quedan en la cabeza; pero cuando uno vive una experiencia, y puede abrir su percepción a los sonidos, las temperaturas, las texturas, vivenciar el lugar, eso queda impresa en algo que va más allá de la mente. En el cuerpo, en los sentidos, en el espíritu”, reflexiona el artista.

Visitando pueblos originarios por América latina, en busca de los sonidos originarios para su música, allí fue desarrollando Pérez su militancia por la naturaleza: “Su mensaje es que somos parte de la naturaleza, no estamos fuera, como por ahí lo vemos desde los ámbitos más urbanos, tenemos una concepción diferente”, explica. 

Y cita un aprendizaje de sus viajes: “Los qom siempre dicen: ‘El monte no nos pertenece, pertenecemos al monte’. Y eso ya te cambia el paradigma de vida. La idea es transmitir esto, justo cuando como sociedad estamos destruyendo y envenenando la naturaleza: desde el glifosato a la tala indiscriminada que genera inundaciones, problemas climáticos. Todo lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos, porque nosotros somos la naturaleza”.

Entonces, ¿No hay vuelta atrás? Al contrario, dice el artista. “No hay que pensar de forma tan grandilocuentes para empezar a recorrer el camino, eso nos termina frenando, pensar que hay que cambiar todo, cambiar nuestra forma de vida… Lo extremista es contraproducente, hay que pensar, como sociedad, en cosas concretas e ir transformándolas de a poco, como individuos y como comunidad. Cuando pensamos en cambiar todo radicalmente del día a la noche es cuando nos bloqueamos”.

El artista de Tonolec lanza algunas consignas concretas al respecto. “Estamos acostumbrados a una sociedad de consumo, y los que tenemos la posibilidad de consumir tenemos mucho más de lo que necesitamos, hay que pensar en la reutilización. Se tala indiscriminadamente, se pierden los nutrientes de la tierra y muchas de las plantas medicinales que están ahí, hoy es claro que envenenamos lo que comemos, que le damos comida envenenada a nuestros hijos... Tenemos que empezar a ver si eso es conveniente para nosotros”.

Transmitir eso es el principal objetivo de su Festival Salvaje, en la primera edición (que Pérez sueña con llevar por distintos lugares del país en el futuro), motivo por el cual además de lo musical el encuentro propone múltiples actividades y talleres relacionados a los pueblos originarios para conocer sus raíces y saberes, una feria gastronómica con alimentos eco sustentables regionales, artesanías ancestrales y artes plásticas.

Porque, dice Pérez, en definitiva se trata también de una celebración. Porque “A veces nos olvidamos de lo que tenemos, tenemos aire, agua, tierra fértil. Por eso invitamos a la gente a celebrar”.

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