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Espectáculos |EN DIÁLOGO CON EL DIA
Benito Cerati: “La música es un santuario, me sirve de ralentizador del tiempo”

El hijo de Gustavo Cerati y Cecilia Amenábar acaba de lanzar con Zero Kill, su proyecto musical, su cuarto trabajo, “Lapsus”, que presentará con una puesta cinematográfica vía streaming

Benito Cerati: “La música es un santuario, me sirve de ralentizador del tiempo”

BENITO CERATI MARCA UN QUIEBRE EN SU PRODUCCIÓN MUSICAL CON “LAPSUS”

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

5 de Diciembre de 2020 | 03:56
Edición impresa

La música de “Lapsus” confirma lo que sugieren la tapa, las imágenes promocionales, los cortes de difusión: el nuevo disco de Zero Kill, el proyecto musical de Benito Cerati, no es “Unisex”, su anterior trabajo, colorido y combativo, sino un álbum oscuro, gótico, con atmósferas densas hechas de retazos de new wave, de grunge.

Pero para Benito Cerati, la apuesta del último disco de Zero Kill, recién aparecido en las bateas digitales y que presentará el domingo 13 de diciembre en Niceto, vía streaming con una pequeña presencia de público, es la misma de siempre. Porque, dice en diálogo con EL DIA, “la única propuesta que se mantiene de Zero Kill es hacer de cada disco uno distinto”.

De todos modos, Cerati acepta la idea de que se trata de un álbum construido casi en oposición al frenesí de su tercer disco. “Quisimos hacer algo súper opuesto”, confiesa, “buscar los rasgos del disco anterior y darlos vuelta, en términos de sonido, imagen, producción… ‘Unisex’ era una apuesta muy de colores, había mucha fiesta para afuera, había un elemento combativo, era una aplanadora. Este disco es más chiquito y más oscuro, con menos bullicio de palabra. Es un disco más ostracista, introspectivo”, analiza.

El ejercicio introspectivo no es solo lírico, explica: donde en “Unisex” sonaba la banda, en “Lapsus” “volví a tomar las riendas yo”. De los ocho que trabajaron las canciones en el estudio en su anterior trabajo, ahora, cuenta Benito, quedaba solo dos, dispuestos a trabajar “con menos ideas pero que llevamos a su concreción máxima: por eso creo que es un disco más focalizado”.

Escuchar “Lapsus” es escuchar un álbum a contramano de los tiempos de canciones de tres minutos con bases predeterminadas y ritmos urbanos. Cerati bebe de la oscuridad de los 70 y los 80, y construye desde ahí, en la era del single, un album con temas de cinco, seis minutos, con muchas capas y cadencia pausada. Como si quisiera ir contra el single descartable, proponer otra experiencia.

“No es que estoy en contra”, avisa al respecto. “Pero no suscribo, no soy parte de eso, porque es música que suscribe a esta cosa volátil, de no parar nunca. Y para mí la música es justamente un santuario de eso, me sirve de ralentizador del tiempo: me da mucha ansiedad el mundo rápido de hoy, donde tenés 24 mil estímulos por segundo. Eso me deja sin hacer nada, me deja paralizado: a veces necesito, en vez de un cable a tierra, un cable a las nubes, que me permita bajar de ahí”.

“Yo tengo a la música como ese lugar, esa burbuja en la que me puedo meter y que el tiempo se detenga un rato. Por eso soy muy del mantra en la música, muy de la música que dura, que se repite como en trance, como el ambient, el dream pop, incluso el rock progresivo: te demandan sentarte y olvidarte un poco de lo que pasa alrededor. Y a la vez, la música no le escapa a lo que pasa alrededor: ahí hay una dualidad interesante”, agrega.

Ahora, estos sonidos, estas ideas, no resuenan en este momento de Cerati por capricho: la oscuridad de “Lapsus”, respecto a la fiesta de “Unisex”, responde a un cambio en los tiempos. De hecho, afirma, “lapsus, justamente, es la ausencia de palabra. El silencio que dice cosas”.

Cosas de estos tiempos donde “se nota que estamos asustados, que se están rompiendo muchos valores y que no sabemos muy bien de dónde agarrarnos. La música, en general, se ha puesto más oscura, y refleja un poco el estado de cosas, inclusive antes de la pandemia”.

Y la pandemia, afirma el hijo del líder de Soda Stereo y la artista chilena Cecilia Amenábar, “no hizo más que acelerar” ese proceso de valores en crisis e incertidumbre, “esa inestabilidad en las personas, esas contradicciones que tenemos. Y eso es algo que no se aprendió: todos somos contradictorios, es algo que cuesta mucho hacer entender. Quería un disco que hablara de todas estas cosas, que buscara que seamos más compasivos, mostrara todo lo que barremos debajo de la alfombra y entonces invitara a mover la alfombra y fijarnos lo que hay, sin miedo”.

Ese es el viaje metafísico que propone la escucha de “Lapsus”, un viaje que, dice su creador, termina bien: “Del disco, de ese lugar, se sale mejor, se sale bien: el último tema es super positivo, super romántico”.

El viaje de “Lapsus” no solo refleja los cambios en el entorno de Zero Kill, sino también los internos, que, confiesa Cerati, atravesó en los años de “Unisex” a su nuevo trabajo.

“El disco anterior era muy para afuera, inequívocamente social, crítico, con ganas de transformar el mundo, con esta cosa de ‘yo puedo todo’. Este disco, en cambio, se pregunta ‘qué está mal conmigo’, por qué ese envalentonamiento medio ególatra, de pensar que podés con todo, y qué pasa cuando te das cuenta que no podés, y te golpeás con la realidad… ‘Lapsus’ muestra el bajón que viene cuando te das cuenta de que no sos inmortal”, lanza el artista de 27 años.

Y es ahí, cuenta Cerati, donde pide una pequeña ayuda de sus amigos: “Ahí vienen todos los ‘featurings’ a salvarte: porque gracias a la gente que te rodea podés salvarte un poco. La idea de los invitados tiene esa concepción detrás”.

En las nueve canciones de “Lapsus” participan Marilina Bertoldi, La Maurette, Hilda Lizarazu, Richard Coleman, Paula Maffia, Lucy Patané, Sobrenadar, Hein Qui y Marina Fages: algunos nombres históricos, otros parte de una generación que, como el proyecto musical de Cerati, bucea por nuevas fronteras. Benito siente gran afinidad con sus búsquedas y “tengo una gran relación con muchos”, pero a la vez “pienso que soy el único que está haciendo lo que estoy haciendo: no por innovador, sino porque estoy en mi flash. Comparto otras cosas con muchos artistas, pero termino siendo un poco como el Llanero Solitario en mis ideas de hacia dónde quiero ir”.

UN EJÉRCITO DE TROLLS EN CONTRA

Seguir ese deseo implica la toma de riesgo como una constante, ir en contra del algoritmo y buscar romper con la matriz propia, disco tras disco, en lugar de satisfacer al escucha con más de lo mismo. “Nunca me propuse satisfacer demandas que no tuvieran que ver con las mías”, dice Cerati, y esto incluye las demandas de aquellos que querían ver en Benito a Gustavo, y que, al no encontrarlo, suelen criticarlo con virulencia en las redes.

Benito no entiende esta idea: “Si yo hubiese clavado un hitazo por mi cuenta, y la gente me demandara a seguir eso, sería distinto: pero si yo arranco con la mía y ya se me pide otra cosa… es rarísimo, muy poca gente vive eso, quien hace la suya y no lo conocen, no le demandan nada”.

Y encima, agrega, “no me siento tan distinto a lo que están queriendo. No es igual, pero nadie es igual a nadie, es muy ridículo pensar eso. A veces pienso que si muchas personas o medios escucharan realmente, porque, como decía, nadie se pone a escuchar mucho, encontrarían muchas más similitudes que las que suponen. De todos modos, podría hacer salsa gay y estaría en todo mi derecho... pero tampoco es que me fui a otra cosa: si querés escuchar algo similar a lo que esperás, hay cosas para rescatar. Pero hay una persona que falleció y hay que aceptar eso: yo lo tuve que aceptar, es ridículo que la gente no pueda”.

Cerati también suele ser criticado por las opiniones que vierte en las redes sociales, a su mirada del mundo. “Yo tengo mis opiniones, como las tiene todo el mundo: se decide darme importancia, cuando la verdad es que hasta ni yo le doy tanta importancia. Y creo que nunca dije nada muy grave”, se defiende, y explica que “lo que pasa es que a veces cosas que me parecen racionales, son consideradas polémicas: quizás tiene que ver con haber sido criado en un lugar abierto, donde me dejaban hacer lo que quisiera mientras me cuidara. Al salir al mundo me di cuenta de que el mundo no está tan abierto como pensaba…”

“No me considero polémico”, insiste. Pero de todos modos cuenta que hoy “estoy en otro lugar”, donde ha tomado distancia del ejército de trolls que lo critica por su música, su sangre, su sexualidad, su política.

“Con ‘Lapsus’, como decía, me di cuenta que no puedo contra todo el mundo. Antes, a veces, me sobrepasaba la incongruencia, las cosas sin sentido, que pensás dos segundos y se desarman, y que hubiera gente que pudiera convivir tan tranquilamente con esas cosas me ponía muy nervioso. Por ejemplo: no me podía teñir el pelo sin que me dijeran que era porque odiaba a mi padre y quería diferenciarme de él. O porque canto más agudo, significa que no quiero cantar como él. Y por ahí, la persona que lo escribía, lo escribía desde la peluquería tiñéndose de multicolor…”, se ríe.

Hoy está cansado de esa pulsión de responder todo. “No quiero andar vociferando todo el tiempo, quiero dedicarme más a lo que hago”, afirma, y cuenta cómo, durante la promoción de “Unisex”, “sentía que era muy importante decir cosas que no tenían que ver con la música, y eso al disco le hizo daño. Ahora, quiero darle bola al disco”.

“Y tampoco tengo por qué estar diciendo cómo ser una buena persona: esa cosa de faro moral…”, opina. “Creo que desde afuera alguna vez he parecido eso. Pero el secreto es hablar menos y hacer más: es muy fácil ser el vengador de todo lo bueno y el atacante de todo lo malo en las redes, pero después hay que hacer cosas”.

Benito dice que lo único que mantiene en su música “es hacer de cada disco uno distinto”

“Hay una persona que falleció y hay que aceptar eso: yo lo tuve que aceptar, es ridículo que la gente no pueda”

 

 

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