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Espectáculos |UNA HISTORIA PARTICULAR
Pato Larralde: el metalero vegano que cree en extraterrestres

Sobrino del folclorista José Larralde y al frente de Los Antiguos, el artista busca en el pasado para cantarle al presente

Pato Larralde: el metalero vegano que cree en extraterrestres

Pato Larralde, en el centro de Los Antiguos, la banda de rock pesado que mira al cielo y a la Tierra

Pedro Garay

Pedro Garay
pgaray@eldia.com

13 de Abril de 2020 | 05:21
Edición impresa

Los Antiguos nació en 2012 de una inquietud que se le plantó a Pato Larralde, su inconfundible voz, mientras cantaba con su otra banda, Sauron: “En una letra, canto que ‘los Antiguos van a volver cuando en esta tierra no quede nada’”, explica el sobrino del mítico folclorista José Larralde, un hombre con más de dos décadas en el circuito del rock pesado y con su propia mística.

Una mística que nace de lo que su voz brama, de su poesía marcada de las influencias literarias que denota ya el nombre de Sauron (combo que comparte con su hermano JB): la mención a los Antiguos, de hecho, está inspirada en Lovecraft, y lejos de ser una cita a la literatura fantástica, reflejan las profundas creencias de Larralde en la vida extraterrestre y su contacto, en algún momento, con nuestro planeta, ideas arraigadas además en la cosmogonía de varios pueblos originarios.

“Lovecraft decía que antes de la venida del hombre, hace millones del año, existieron unos gigantes que reinaron en esas montañas alucinantes que Lovecraft nombraba, una creencia a la cual adhiero, por una cuestión de información arqueológica”, lanza Larralde, que desde que escribió aquella letra “siempre tuve la idea de que cuando existiese la posibilidad de armar otro proyecto se iba a llamar Los Antiguos, también citando a los antiguos astronautas, los que colonizaron la Tierra, como colonia o como escape, quién sabe: para mi también armar la banda fue un escape, para tener nuevas fuerzas para seguir con Sauron”.

Banda con influencias del heavy metal, stoner y hard rock más rutero, Los Antiguos apunta ya desde el nombre a recuperar ciertas ideas y volver a hacer una música que “es atemporal”, aunque Larralde (que también es parte de cierta vieja escuela, e incluso distribuye discos físicos por el país como forma de vida, una tarea que, admite, “parece una labor del pasado”) afirma que esta especie de superbanda, formada por elementos de otros combos de la escena (Mow en bajo, Sergio Conforti y David Iapalucci en guitarras, Pablo “Huija” Andrés en batería) se alimenta en realidad de la energía “multigeneracional: cada miembro le aporta algo” y “cuando escuchás la banda se escuchan todas esas influencias. Es algo que salió de forma espontánea, no tiene una fórmula, aunque tras tres discos ya tiene una forma más definida, pero no es que no hay licencias para reformular la música”.

La forma definida de la que habla Larralde es clara en su último trabajo: “Oro para las naves” consolida a Los Antiguos, tras “Simple” y “Madera Prohibida”, como una banda de atmósferas potentes, abrumadoras, que se apoyan en el histrionismo y la mística vocal de Larralde y la interacción de las guitarras de Sergio Conforti junto a David Iapalucci, gestando una densidad sonora que la escena metal local le debía a su público.

El título del trabajo “venía por el lado de nuestra temática, de lo alienígena, lo terrestre y lo ancestral, y la idea de que vienen por el oro todo el tiempo, siempre en naves, ya sea en la Antigüedad como a través de los tiempos”, lanza Larralde sobre el disco lanzado el año pasado, donde pasado, presente y futuro se mezclan en una situación de saqueo constante, de colonialismo perpetuo, “una cuestión global y permanente en la civilización: el rico sobre el pobre, el poder sobre el humilde, una grieta que nunca se va a cerrar”.

Canta Larralde en “La Nassa”, primer corte del disco: “Pasan los años y siguen con el cuento de la humanidad (....), gastando, mintiendo, matando, haciendo pobres”. Y luego, en “Con la suerte de saber”: “Qué caro loco está el peaje de la libertad, hagamos un esfuerzo más, sigan bajando de peso que necesitan recaudar”. Al final, la furia que el público ya conoce de la banda regresa mientras Larralde grita: “Muéranse, hijos de pu...”. Un himno para los tiempos que vivimos.

Es que, opina Larralde, parece evidente que hay algo a punto de estallar (“creo que hay una gran revolución que tiene mucho que ver con la forma de comunicarse: la posibilidad de que cualquiera, en cualquier parte del mundo, con la tecnología pueda expresar sus sentimientos hace que se junte la gente, sin necesidad de estar junta”, dice) pero, a la vez, es la historia de siempre.

Opresión circular: en esta idea confluye toda la poética de Larralde, se entretejen las leyendas vernáculas que escuchó en su infancia y que fueron protagonistas de las letras de Sauron, con las creencias de visitas extraterrestres en sus naves con fines poco claros y la potente denuncia de las letras de “Oro para las naves”.

El tío folclorista, dice en este sentido Pato, “es una innegable influencia, es lo que uno trae de cuna. De chicos escuchábamos mucho rock pesado, pero eso flotaba en el aire, en nuestras familias, todo fue absorbiéndose y volcándose de a poco en lo que hacíamos nosotros. Está en el ADN”: de allí tomó las leyendas y mitos de nuestro país, “algo muy rico que tenemos”.

Pero “en Los Antiguos vino un poco más lo que tiene que ver con la creencia extraterrestre”, aunque no por eso se aleja de la cosmogonía de los pueblos originarios, “sino que también entra en congruencia con lo que pensaban los autóctonos: todos miramos al cielo buscando las respuestas que no obtenemos en la Tierra”.

Es por eso que la edición física del último disco es una preciosa nave de aluminio tridimensional, con imanes y luces, un riesgo absoluto en tiempos de consumo musical por Spotify: “Tras sacar ‘Madera’, pensamos qué le íbamos a dar a la gente, para devolverles el apoyo que tuvieron durante todos estos años. Fue un trabajo muy duro, pero estamos muy contentos de cómo quedó. Y el ovni llegó a muchos lados, desde el resto de América a Europa”, cuenta Larralde. La arriesgada decisión tuvo también que ver, admite, con crear un objeto tan lindo que impulsara a su compra, “para seguir gestando cosas, porque la idea es no frenar la maquinaria a pesar del momento que estamos pasando”.

Tiempos difíciles para la música, más con esta cuarentena, y para el metal, siempre en los márgenes de la industria, con su público-nicho como única forma de supervivencia. Pero “las modas van y vienen, pero el rock pesado siempre está”, arenga.

Y las modas no le interesan a Larralde, está claro: de hecho, el hombre que tiene una banda que remite a pasados mitológicos, que rescató leyendas y mitos locales y los llevó a la música pesada, y que grita desde el escenario música de denuncia y mitos extraterrestres, es también vegano, algo que, indicaría cierto prejuicio, sería una rareza en un territorio como la música pesada, dominada por lo masculino, tierra de asados y camperas de cuero.

“Los pibes son casi todos carnívoros”, admite Larralde, aunque cuenta que su cambio ha inspirado a otros del medio a acercarse y contarle sus experiencias. “En las giras la voy piloteando”, cuenta: cuando lo invitan, le preparan unas verduras, “un acto de amor”, dice, y “los pibes comen carne y yo como lo que como. Hay que ir adaptándose e ir llevándola: trato de que estemos todos juntos en la mesa”.

“Todos miramos al cielo buscando las respuestas que no obtenemos en la tierra”

Pato Larralde,
voz de Los Antiguos

 

El cambio llegó un día hace siete años, cuando “me empezó a shockear el hecho de pensar en la carne como un animal muerto. Si tengo un gato al que amo, ¿cómo me puedo comer una vaca?”.

Le empezó a pasar que “al entrar en las carnicerías veía cadáveres en lugar de carne”. En un año, fue del carnívoro al vegetariano, y luego al vegano. “El cambio físico y mental fue alucinante. Que me conmoviera un camión lleno de vacas hizo que cambiara mi alimentación, y que cambiara mi cuerpo, siendo que había hecho estragos con él toda mi vida”, revela. “Es algo que se está imponiendo”, lanza, si “hasta Schwarzenegger es vegano, un tipo que comía 25 chuletas por día para obtener proteína”.

“No soy un soldado del veganismo”, cierra la historia Larralde. “Cada uno que vaya viendo cómo va su viaje. Pero creo que la humanidad, de a poco, va hacia eso”.

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