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El Mundo |Preguntas y respuestas
¿Es posible hacer rápido y bien una vacuna como asegura Rusia?

12 de Agosto de 2020 | 01:59
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Rusia anunció que logró la “primera” vacuna contra el COVID-19, bautizada como Sputnik V. La noticia provocó importantes dudas en la comunidad científica mundial y fue minimizada por países que compiten por tener un antídoto. Frente a ello, se planteó si es posible desarrollar tan rápido y bien esta tarea y surgieron unas cuantas preguntas y respuestas.

¿Cuántas vacunas hay?

En la última actualización del 31 de julio, la OMS recensó 26 “vacunas candidatas” en el mundo que estaban siendo probadas en ensayos clínicos (en el hombre).

La mayoría de estos ensayos se encuentran en “fase 1” (destinada a evaluar la seguridad del producto), o en “fase 2” (donde se prueba la eficacia). Solo cinco están en fase 3, la más avanzada, donde se comprueba su eficacia con miles de voluntarios. Se trata de la vacuna que están desarrollando los laboratorios alemán BioNTech y estadounidense Pfizer; la que desarrolla la biotecnológica estadounidense Moderna; los dos proyectos de los laboratorios chinos Sinopharm y Sinovac; y el que realiza la Universidad de Oxford con la farmacéutica británica AstraZeneca.

La vacuna rusa, desarrollada por el Centro de Investigación Epidemiológica y Microbiología Nikolai Gamaleya, con el ministerio ruso de Defensa, está en fase 1, según la base de datos de la OMS.

Sin embargo, el fondo soberano ruso implicado en su desarrollo asegura que la fase 3 de los ensayos clínicos empezaba ayer. Según las autoridades médicas rusas, profesores y personalidades médicas empezarán a ser vacunados a partir de agosto, antes de empezar a administrarla el 1 de enero de 2021 a la población.

¿Cuáles son las técnicas?

Algunos equipos trabajan en vacunas clásicas que utilizan un virus desactivado. También hay vacunas denominadas “subunitarias” a base de proteínas que provocan una respuesta inmunitaria, sin virus. Otras vacunas, denominadas “de vector viral”, son más innovadoras: utilizan como soporte otro virus al que se transforma y adapta para combatir la COVID-19. Es la técnica elegida por los rusos así como por la Universidad de Oxford que utiliza un adenovirus (familia de virus muy corrientes) de chimpancé.

Otros proyectos se basan en vacunas de “ADN” o de “ARN”, productos experimentales que utilizan material genético modificado.

¿Cuáles son los resultados?

El ministerio de Salud ruso asegura que su vacuna permite “generar una inmunidad prolongada”, de hasta “dos años”. El problema es que los datos sobre los que reposan estas afirmaciones no han sido publicados.

“Esta declaración es prematura ya que no sabemos si esta vacuna (o cualquier otra) va a proteger contra la COVID-19” ni “cuál será la duración de la inmunidad. En realidad, la distancia con las primeras inmunizaciones en el hombre solo es de unos meses/semanas”, advierte la viróloga francesa Marie-Paule Kieny, antigua directora general adjunta de la OMS.

¿Cada vez más rápido?

En todo el mundo, se han acelerado los procedimientos de forma inédita, en particular en China, donde emergió el virus SARS-CoV-2.

Los estados y las grandes fundaciones se han lanzado a captar fondos internacionales. Esto permite a las empresas empezar la fabricación industrial de sus vacunas al mismo tiempo que trabajan en su elaboración, dos etapas que normalmente son distintas.

Esta carrera desenfrenada tiene tintes de novela de espionaje. Reino Unido, Estados Unidos y Canadá han acusado a los servicios de inteligencia rusos de estar detrás de los ataques que han llevado a cabo piratas informáticos para hacerse con las investigaciones sobre la vacuna. Y en Estados Unidos, dos chinos han sido acusados por motivos similares.

¿Problemas de seguridad?

Tras el anuncio ruso, la OMS advirtió de que la homologación de una vacuna exige procedimientos “rigurosos”, entre ellos el examen y la evaluación de todos las datos de seguridad y eficacia requeridos en ensayos clínicos.

“Para autorizar una vacuna contra el COVID-19 es necesario que los ensayos clínicos aporten sólidas pruebas sobre su seguridad, su eficacia y su calidad”, alertó la Agencia Europea del Medicamento (EMA).

Y es que ir demasiado rápido en los ensayos clínicos puede generar problemas en cuanto a la seguridad, advierten especialistas. Uno de los puntos clave es aportar la prueba de que la vacuna no va a causar un empeoramiento de la enfermedad en las personas vacunadas.

¿Cuándo se podría aplicar?

Antes del anuncio ruso, la EMA estimaba que “una vacuna contra el COVID-19 lista para ser aprobada y disponible en cantidades suficientes podría llevar al menos hasta principios de 2021” a nivel mundial. (AFP)

Según la OMS, en este momento sólo cinco vacunas están en fase 3, que es la más avanzada

 

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