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Información General |ESTAFAS EN CUARENTENA
“Hacemos fortunas con los préstamos”, la confesión de un ciberestafador descubierto

Un episodio vivido por un platense puso sobre el tapete un costado clave de los engaños informáticos: la fragilidad de los mecanismos de validación de identidad de los bancos

“Hacemos fortunas con los préstamos”, la confesión de un ciberestafador descubierto

Los mecanismos de validación de identidad son motivo de duros pronunciamientos de jueces y fiscales/ freepik

Hipólito Sanzone

Por: Hipólito Sanzone
hsanzone@eldia.com

29 de Septiembre de 2020 | 04:13
Edición impresa

Lo dejó hablar, le siguió el tren. Dejó que por momentos el estafador lo retara por no saber que tenía “a su disposición” un supuesto reintegro de la ANSES. Y cuando el delincuente saboreaba una nueva “victoria”, lo bajó a la realidad. Derrotado, el estafador terminó por sincerarse y le dejó una serie de datos que, más allá de la anécdota, ponen otra vez sobre el tapete un costado clave de las ciberestafas: la facilidad con que las entidades bancarias otorgan créditos y adelantos de sueldo en cuestión de segundos, sin otros mecanismos de validación de identidades que en la actualidad son motivo de duros pronunciamientos por parte de jueces y fiscales.

Claudio Acuña es platense, tiene 40 años, pero en esta historia asumió ante el sujeto que quiso estafarlo la identidad de “Carlos Alberto Ibáñez”, un falso empleado bancario que se mostró conocedor del tema depósitos.

Después de algunas vueltas y un llamado interrumpido el falso Ibáñez llamó al teléfono que le había quedado en la pantalla y mediante una aplicación que permite grabar las conversaciones llamó al estafador que lo había llamado un rato antes y se disculpó: “hola, recibí un llamado pero atendió mi hermano y cortó. Llamo porque me dijo algo así como que había sido beneficiado con un reintegro. Le pido disculpas pero mi hermano no entendió y cortó”, fue el inicio de la charla.

El timador de acento cordobés se hizo el ofendido y hasta medio que lo retó: “y claro, a usted el gobierno le está devolviendo 120 mil pesos que le han descontado mal y su hermano corta la llamada”. Tras nuevas disculpas, el estafador inició una extensa explicación en la que mezcló conceptos de operatoria bancaria y burocracia administrativa para terminar dándole una serie de instrucciones para poder hacerse con los 120 mil pesos que, le dijo, serían pagaderos en dos cuotas iguales.

En una impecable labor actoral, Ibáñez, o mejor dicho Acuña, recibió entonces datos, números y hasta una fecha de citación para concurrir a una oficina de la ANSES donde resolverían el caso.

“Así como acontecen muchas cosas, el gobierno lo llama para reconocerle una retroactividad acumulada en virtud de severos descuentos mal hechos”, insistía el estafador que convocó a Ibáñez para un turno “el 5 de octubre de 9.30 a 13.30 en la oficina de ANSES de Virrey del Pino donde la licenciada Montenegro lo va a atender”.

Según el ardid, la mencionada licenciada le iba a dar la documentación final para poder cobrar el reintegro. Y en medio de esas explicaciones el timador le advertía: “no dé sus datos de CBU ni claves. Se lo digo yo como persona trabajadora que soy”.

Durante ese segmento de la charla, Ibáñez fingió entender lo que le decía, conocer el sistema, pero guardó una prudente distancia al fingir que titubeaba con algunas indicaciones del ladrón.

Así llegaron a un punto en que, con la supuesta transferencia autorizada por el Banco Central, debían darle “las coordenadas de la AFIP” para poder finalizar el trámite. “La primera cuota la va a cobrar usted en forma automática y la segunda por un cheque al portador que le va a dar la licenciada Montenegro, Karina Montenegro”, le señaló el malviviente.

“¿Usted sabe lo que es el ATM? Es Automática Transferencia Manual”, decía el timador.

“Sí, sí, algo conozco”, dudaba Ibáñez.

Llegaron entonces a un punto en que el ciber ladrón con acento cordobés le indicó que fuese a un cajero automático y en “modo silencio” pusiera su tarjeta y gestionara una clave para operar, una maniobra que en el caso de los estafados del Bapro se ha mencionado como “clave Token”.

La charla del ladrón con Ibáñez dentro del cajero tuvo pasajes desopilantes.

“Hable bajito, haga silencio cuando ponga su clave”, le recomendaba paternalmente el estafador a lo que Ibáñez asentía y éste insistía: “póngala en modo silencio”.

Las intenciones del ciberpunguista eran, a todas luces, lograr una nueva clave de la víctima para acceder a su cuenta y hacerle un desastre financiero.

Pero cuando llegaron a este punto el platense Acuña le dijo al estafador la triste verdad. Lo había dejado hablar para ver hasta donde llegaba y, casi sin quererlo, sacarle datos al delincuente. “Te dejé hablar”, le dijo.

Y entonces el ciberladrón de acento cordobés se abrió con una curiosa justificación de su accionar. ”¿Sabés qué pasa, hay mucha gente actuando de guante blanco. Y estamos en pandemia y nadie dice de dónde sale la plata y es la de Cristina que tenía enterrada. ¿De dónde te crees vos que sale la plata?”.

Siempre en buen tono, sin insultos entre el frustrado estafador y el casi estafado, se inició entre ambos una suerte de debate moral.

El casi estafado le reprochó su conducta, sobre todo que se dedique a estafar a gente de trabajo; y el cordobés se justificó: “nosotros le apuntamos a gente que tiene plata, por ahí enganchamos a algún diputado”.

Mientras el estafador insistía en que su conducta no era tan reprochable como el tema de los bolsos del ex funcionario López y “las monjitas con ametralladoras”, Acuña insistía en aconsejarle que cambiara de vida.

“Yo hago una fortuna por día. No le queremos sacar plata que la gente tiene en las cajas de ahorro. Lo nuestro son los préstamos. Un préstamo de 300, 400, 500 mil pesos. Nosotros le apuntamos ahí”, confesó el ladrón.

Sobre el final de la charla, el ciber ladrón le pasó factura a Acuña por haberle hecho perder tiempo que, dijo, “le podría haber dedicado a otra persona”, es decir, a otra víctima. Pero que aún así había sido “un gusto” hablar con él porque se ve que sos una persona que puede entender que yo hago esto para darle de comer mis hijos”.

“Cuidate, te va a tocar un juez bravo y vas a tener problemas. Y te repito, no jodas a la gente de laburo”, le termina diciendo Acuña-Ibáñez, a lo que el ladrón lo “tranquiliza”: “yo ya tuve problemas y tengo abogado. Si no son estafas reiteradas no pasa nada”, al tiempo que termina asegurando que “un cuarto” de esa fortuna diaria que dice generar “se lo lleva el abogado”.

En diálogo con EL DIA, Acuña contó detalles de la maniobra y entre otros conceptos dejó alguna reflexiones vinculadas al difícil momento que se vive con las ciberestafas.

“Lo que hice fue dejarlo correr, grabarlo para viralizarlo para que no le pase a otros”, señaló.

El platense que logró engañar al estafador quedó impresionado con algunas de las confesiones que logró: “un cuarto de la fortuna que hacen se la dan a los abogados para que no los metan presos”.

 

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