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Jóvenes que apuestan al idioma del futuro

¿Nuestros hijos deberían estudiar chino en vez de inglés? ¿Cada vez más jóvenes estudian el idioma del país más poblado? ¿Será difícil? ¿Cuál es la diferencia con el aprendizaje de otros idiomas a los que estamos acostumbrados? En esta nota, tres experiencias de cómo estudiar chino mandarín y no morir en el intento

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26 de Septiembre de 2015 | 02:11

LUCRECIA GALLO

Hay muchas cosas que conocemos de los chinos: los buenos precios de los vinos en el súper chino, la comida por peso en el chino enfrente de la oficina, los contingentes de turistas chinos, el té de china, los palitos chinos, el furor de los tatuajes con letras chinas, el I Ching, el Feng Shui, Ludovika Squirru y el horóscopo chino. Pero poco conocemos su idioma y vaya a saber uno por qué razones, se dice que es difícil aprenderlo.

En chino las palabras se llaman ideogramas y no necesitan ser declinadas en género y número, cosa que sí ocurre en castellano. En chino sólo hace falta referirnos a “el” “ella” “nosotros” “ustedes” para que la oración tome sentido. Los verbos –otra vez, ideogramas- tampoco requieren ser conjugados y no se modifican cuando hablamos de presente, pasado o futuro. El verbo se transforma o se “re-lee” de acuerdo al “complemento” -otro ideograma- presente en la oración, el cual nos indica el tiempo de la acción. ¿Chino básico? No, Mandarín, Pinyin o dialecto oficial, el que hablan más de 800 millones de personas. ¿Por qué vos no vas a poder estudiar chino, entonces?

UN Dia CHINO

Shulinen Sanz Ressel, 30 años, licenciada en Comunicación Social y diplomática, no recuerda el día en que decidió estudiar chino, pero si se remonta a sus primeros recuerdos, el idioma siempre le despertó curiosidad. Más aún, cuando comenzó sus estudios en la facultad se enamoró de la semiótica, el lenguaje y el estudio de los signos. “Quería entender cómo era”, asegura Shulinen, y cita a Chomsky para decir: “todos los seres humanos, sin importar de qué remota región provengamos, estamos programados para aprender un lenguaje, tenemos una gramática común, por lo que sin importar que tan raro nos parezca otro idioma existe esa base; y quise comprobar qué tan común era esa gramática en el chino. De hecho, antes de aprender chino, curse alemán debido a la intriga que me provocaban esas palabras interminables de doce letras”.

Como trabaja en la Cancillería Argentina, Shulinen se forma ahí mismo obligatoriamente en inglés y portugués y cuando pudo elegir un tercero, no dudó por el chino. “Pensé que sería mucho más fácil estudiar un idioma que no tuviera nada que ver, para que en mi mente no se produjeran ‘interferencias’ idiomáticas”, explica.

Lucila Pinto, 25 años, periodista, redactora de la revista Para Ti, como no podía ser de otro modo, contó su experiencia en una nota. “Un poco de curiosidad nerd y esa idea instalada de que es el idioma del futuro, el diferencial para conseguir un buen trabajo”, fueron los motivos para inscribirse, una tarde de marzo, diez minutos más tarde de sugerir la idea en una charla con su cuñada. “Nos apuramos porque si lo pensábamos, no lo hacíamos”, aclara y afirma que en su caso, estudiar chino no tiene sentido ni razón práctica como si lo puede llegar a tener para otros. “No trabajo en comercio exterior”, ejemplifica esta joven que estudió en el Centro Universitario de Idiomas de la UBA.

David Barresi, 32 años, periodista, empezó a estudiar por recomendación de una amiga que ya llevaba un año aprendiendo en el que sería más tarde su centro de estudios: el Instituto Confucio de la UNLP. Esa recomendación y una nota que leyó donde se hablaba de una tendencia de jóvenes empresarios que empezaban a estudiar chino, debido al importante intercambio comercial de Argentina con China lo hicieron pensar. “Tal vez pueda ser una veta para conseguir un mejor laburo”, dijo. Por entonces trabajaba en un diario local en la sección política, era principios de 2012 y supuso: “no debe haber muchos periodistas que sepan chino”. Y se anotó. Su amiga le había dicho que no era tan difícil y lo comprobó. “No es para tanto”, aclara.

EL PRIMER DÍA: TEMORES Y DIFICULTADES

Si volvemos a los recuerdos de Shulinen, sus primeros meses fueron cuesta arriba. “Se vuelve un poco tedioso”, se acuerda. Y no hay porque no creerle. Estudió portugués, alemán y hasta llegó a tomar clases de teatro en inglés para practicar, pero como nunca, con el chino sintió que: “uno aprende a hablar de nuevo”.

La forma en que Shulinen explica el aprendizaje, traduce un poco su espíritu académico: “Debes empezar con la fonética del Pingying -la parte escrita, la cual luego te permite leer los ideogramas-, la acentuación -existen cinco acentos y una misma palabra, por decirlo así, con 5 acentos distintos equivale a cinco palabras distintas-. Luego uno debe seguir con el sentido y orden de los trazos, con los que después se dibujan los ideogramas. Y una vez que uno junta eso, y logra recordar que es lo que significaba un ideograma determinado, entonces se puede decir que uno sabe algo de chino”. ¿Difícil? Según Shulinen es pura paciencia. Pero claro que una de las grandes dificultades reside en que, a diferencia de nuestro idioma o lenguas latinas, la construcción de las palabras no se hace en base a letras o sílabas sino en base a ideas que se representan con un signo que sirve sólo para esa idea.

PARA IMAGINAR

Para que usted se dé una idea. “Los ideogramas se componen de otros ideogramas o partes de otros ideogramas como por ejemplo “bueno” ( 好 ) se compone de parte de los ideogramas “mujer” ( 女 ) + “hijo” ( 子 ), pero bueno se dice “hao” mientras que mujer se dice “nu” e hijo “er”; es decir, que la pronunciación no siempre se puede deducir de los ideogramas que uno está viendo”, explica Shulinen.

Empezar chino a Lucila no le generó ningún temor. “No me jugaba nada”, reconoce y asegura que la expectativa y curiosidad fueron sus motores. Quería saber cómo era el delirio en que se estaba metiendo y algo de su oficio primaba en esa búsqueda ya que estaba más preocupada por ver quiénes eran sus compañeros y por qué motivos estaban ahí, que por aprender los ideogramas.

Con el tiempo se encontró con que era difícil memorizar los caracteres. Y aprender a hablar antes que escribir y leer. “Gramaticalmente, es un idioma súper simple. No conjugan verbos ni nada. Pero me sacabas el libro y sólo me acordaba cómo se decía hola (ni hao)”, rememora Lucila.

El primer día de cursada David, se dio cuenta que aprender el idioma implicaba aprender también la cultura china. “De dónde viene el idioma, los distintos dialectos que existen, las formas gestuales que tiene en su cultura”, son las cosas que recuerda del arranque. “Me hacía acordar a aprender matemática, porque son muchos símbolos y donde le perdés el hilo, después es muy difícil seguirlo, si bien no es complicado aprenderlo”, asegura David.

¿DESAFÍO A LA INTELIGENCIA?

Hay quienes dicen: “Si aprendo chino puedo aprender cualquier cosa”. Shulinen coincide. “Es desafiante”, dice y remarca “no sólo intelectualmente sino en términos de paciencia”. En su experiencia conoció a varias personas que dejaron de estudiar porque dijeron “nunca voy a lograr a hablar este idioma”. Pero ella no se achica: “A mí me gusta lo imposible”, sentencia.

Para Lucila el desafío es a la fuerza de voluntad. En su caso, como no tenía un fin profesional, lo más rico de su experiencia fue decir: “voy a seguir todo el cuatrimestre y voy a rendir”, dice. Empezar algo y terminarlo. Satisfacer ese ejercicio y su curiosidad por un idioma completamente nuevo. Amaba cuando la profesora se salía del libreto y les contaba sobre la cultura china. “Ahí paraba mucho la oreja”, dice y aclara que es un placer cuando comenzás a entender, pero es mucho el esfuerzo. Le costó terminar el cuatrimestre pasado.

“Te abre la cabeza”, dice David: “estudiar chino es pensar en base a cuestiones que no forman parte ni de nuestras costumbres, ni de nuestra cultura, entonces aprender el idioma es aprender algo que nos queda muy lejos: geográficamente y culturalmente”.

Su idea, desde el principio, fue aprender un año más y luego hacer el viaje a china que ofrece el Instituto Confucio a sus alumnos, pero no pudo ser. Se quedó sin trabajo y tuvo que dejar, aún así, permanece la idea de retomar. “Lo dejé inconcluso, aunque creo que necesitás entre cuatro y cinco años para sentirte seguro y pensarlo como una herramienta laboral, porque lo más difícil es la pronunciación”, asegura David.

¿QUÉ DICEN LOs PROFES?

“Según la UNESCO, el chino es el idioma más difícil pero en mi opinión no. Es un problema de práctica y memorización”, asegura Yang Jie, profesora del Instituto Confucio de la UNLP, y agrega: “Creo que hay tres dificultades mayores. La primera es la pronunciación de algunas letras que no existen en el español. La segunda son los tonos. Porque en el idioma chino, una misma sílaba puede tener cuatro tonos, y cada uno significa distintas cosas. Y a muchos se les dificulta distinguir la diferencia de los cuatro tonos. La tercera parte son los caracteres”. Además, considera que en la vida cotidiana de hoy, hay muchas oportunidades de hablar chino con los nativos. Por ejemplo si trabajan en una empresa china en Argentina, o si se dedican al turismo, cada vez llegan más contingentes desde el gigante asiático.

Silvia Abollo es profesora de chino del Instituto Confucio de la UNLP y asegura que todas estas dificultades no son privativas del chino. “Toda lengua que implique aprender otra escritura es compleja, como por ejemplo: árabe y japonés”. Para ella el desafío no es ni más ni menos que cualquier otro. “El chino no pertenece a nuestra familia lingüística pero no tiene un carácter de excepcionalidad o único”, afirma.

Si usted está pensando en anotarse pero cree que va a necesitar otra vida para entenderlo, esta profesora le levanta el ánimo. “En un año y medio, con dos clases semanales y empeño, se puede viajar a China y desenvolverse, afrontando cómodo las distintas situaciones que se le presentan a un viajero. ¿Y? ¿Ya se decidió? No tiene excusas. Además si usted se está preguntando ¿a qué edad recomiendan comenzar a estudiarlo? La profesora no titubea: “todas sin excepción”, responde. Aunque claro, tiene razón Yang, a los 15 años uno puede entender mejor tanto la gramática como la cultura.

¿ES EL IDIOMA DEL FUTURO?

Según Andrea Pappier, Secretaria General y Coordinadora Cultural del Instituto Confucio UNLP – XISU, en los últimos años se incrementó el número de interesados en el estudio del idioma y también la cantidad de propuestas con las que cuentan. El Confucio tiene seis años de trayectoria y en este último se inscribieron 230 personas en los cursos regulares. Además ofrece cursos gratuitos introductorios específicos en facultades de la UNLP. Se anotaron 35 estudiantes en Ciencias Jurídicas y Sociales, 44 en Periodismo y próximamente comenzará a cursarse en Ciencias Económicas. Andrea entiende por qué crece la demanda: “En los últimos años se sumaron estudiantes de ingeniería, informática y traductorado de inglés, porque ven con perspectivas el conocimiento de esta lengua como herramienta laboral”.

Yang y Silvia coinciden: “Sin duda será uno de los idiomas imprescindibles para los efectivos intercambios globales”, analiza Silvia a la vez que explica que la importancia y el crecimiento del estudio del idioma se da también en las comunicaciones académicas en distintas áreas. “Es cada vez más necesario por la cantidad de inmigrantes chinos que hay; también para quienes quieran dedicarse a la política, es bueno que sepan chino”, dice Yang y sin dudarlo afirma: “¡Es el idioma del futuro!”

“Así como el inglés se impuso como lengua por el poderío económico del Reino Unido, primero, y luego de EE.UU., el chino va a cobrar cada vez más relevancia en las relaciones exteriores, la política y los negocios”, sentencia Shulinen a punto de rendir el nivel intermedio en la cancillería.

¿CÓMO APLICAR EL CHINO?

Usted dirá, todo muy lindo pero ¿cómo están estos alumnos hoy? ¿Pueden aplicar el chino en sus vidas? “En casi nada, dice Shulinen, pero me da risa cuando voy a un supermercado chino y logro captar algo de lo que hablan por teléfono”.

Si tuviera que escribir, David, no puede. Como todos, se acuerda lo básico pero sabe que es cuestión de revisarlo. Él supo ver series y pelis chinas. “¿Sabés dónde podés aplicarlo?”, dice David, pícaro: “en los supermercados chinos. Cerca de su último trabajo hay un súper chino al que iba todo el tiempo, y sus compañeros siempre insistían: “Hablale al cajero, pero cuando lo intentaba dice, por mí pronunciación, los chinos se mataban de risa”.

Otro es el caso de Lucila. “Siempre digo, un poco en chiste, que para lo único que me sirvió estudiar chino es para escribir una nota”, se ríe la periodista. “Siempre estoy a punto de decirle ni hao (hola) o xie xie (gracias) al cajero del supermercado chino pero no me animo”, se lamenta. En contrapartida, Lucila se enorgullece de reconocer en las puertas de los baños de Shangai, un bar de Palermo, los caracteres: “ella” y “él”.

¿Ya se decidió querido lector? Puede que en su intento por hablar el idioma del mayor exportador del mundo usted se convierta en el hazmerreír de los cajeros del súper. No se desanime. Al final del recorrido podrá arreglárselas para comerciar con empresas chinas, guiar a los turistas y, al igual que Lucila, sabrá meterse en el baño adecuado. Eso sí, no olvide que para transitar este camino, también deberá ejercitar algo que en la cultura oriental fomentan muy bien: la paciencia.

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