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EDITORIAL

Preocupa el informe sobre la contaminación sonora de espectáculos en la Ciudad

No puede menos que suscitar preocupación el informe hecho público por el Colegio de Fonoaudiólogos Regional La Plata en el que advirtió sobre la contaminación sonora que se registra en los recitales artísticos y otras concentraciones públicas, en una situación que implica un serio riesgo para la salud ya que alcanza una intensidad de decibeles mucho mayor a la recomendable.

Tal como se informó en este diario, el trabajo profesional se concentró en los efectos acústicos registrados durante la presentación de U2 en el Estadio Unico y, posteriormente, en los recitales que se ofrecieron en el transcurso de la Fiesta del Alcaucil este fin de semana en la plaza Malvinas.

Según el relevamiento realizado por la comisión de audiología del Colegio de Fonoaudiólogos en las inmediaciones del Estadio Unico, se comprobó que los decibeles superaban en más del 60% los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el nivel de ruido que debe existir durante horas de la noche. La medición se concretó a más de 100 metros del acceso al predio en el que se desarrollaba el recital de la banda irlandesa.

Allí detectaron que se registraban picos de hasta 79 decibeles; con un promedio superior a los 67 decibeles constantes. Los especialistas advirtieron que, de acuerdo con las sugerencias y los estudios realizados por la OMS, el ruido en horas de la noche no debería sobrepasar los 45 decibeles, para resguardar el equilibrio psicofísico y el descanso reparador. En este tipo de eventos, eso nunca se cumple, esto genera trastornos para los vecinos y, a su vez, representa un riesgo concreto serio para la salud de personas que no querían ni tenían intenciones de participar del evento.

En el caso de los recitales en plaza Malvinas se constataron niveles superiores a los 96 decibles. En esas condiciones, señalaron, resulta imposible hablar entre personas que se encuentran a menos de un metro de distancia.

Cabe agregar que en los últimos años la Organización Mundial de la Salud ha insistido en que la contaminación acústica no es sólo una molestia medioambiental, sino también una seria amenaza para la salud pública. Uno de los últimos sondeos de la OMS determinó que una de cada tres personas interrogadas en Occidente aseguró haber sufrido durante el día problemas diversos de salud ligados al ruido, mientras que uno de cada cinco sufrió dificultades para conciliar el sueño a causa de los ruidos, algo que eleva el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares e hipertensión.

No se trata de promover prohibiciones de actos que, por su calidad, convocan a multitudes, pero sí de enfocar con rigor técnico un problema que, como el de la contaminación acústica, está siendo analizado y combatido ya en muchos países. Se sabe que en varias ciudades se vienen instalando decibelímetros que realizan eficaces y permanentes controles, destinados a medir el nivel de contaminación acústica para que, cuando los topes máximos se vean superados, se adopten de inmediato medidas en la vía pública destinadas a disminuir el ruido ambiente promedio.

Nuestra ciudad, asimismo, debería definir un plan de acciones concretas para controlar la emisión de ruidos de manera sistemática y, al mismo tiempo, exigir a los responsables de esas emisiones una sensible disminución de los ruidos que producen.

 

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