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Una marca registrada de la escena local

La compañía dirigida por Tati Vallejos celebra los 35 años de vida con una mochila llena de viajes y experiencias, el desafío de seguir renovándose y la misma pasión de sus inicios por el arte al que le han entregado la vida

Una marca registrada de la escena local

Gustavo Tati Vallejos, fundador y director de Devenir, la compañía de teatro independiente local que está celebrando sus 35 años de vida, posa en su casa para el fotógrafo - sebastian casali

20 de Agosto de 2017 | 07:49
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Tati Vallejos, Pampa González y Jorge de Marco son los integrantes actuales de Devenir, la compañía teatral que se ha ganado un lugar propio dentro de la escena independiente local con la experiencia, seguridad y el compromiso que 35 años de pura vocación otorga, sumado a las ganas intactas de seguir saliendo a buscar más.

Bajo la dirección de Vallejos, el grupo, que ha sabido cómo adaptarse a los diferentes contextos, situaciones y formaciones, acaba de regresar de Europa, en donde desarrolló una exitosa gira en premios y anécdotas, y la han hecho con “orgullo y convicción”, sabiendo que “dejamos a la ciudad y al país bien representado en cada lugar” en los que se han presentado.

La gira incluyó funciones de “La Viajera” un trabajo de sala que se presentó entre otros teatros en el Festival de Kropa, Eslovenia; “Sin Palabras”, un trabajo para calle que participó del Festival Internacional “Ana Desetnica” de Ljubriana, Eslovenia; y “Las desventuras del Sr. MoKiTo”, un trabajo de clown presentado en Madrid (España), Eslovenia e Italia. También ofrecieron seminarios de nuestra metodología, el “Actor 0” en Madrid, Milán, Trieste (Italia) y Ljubriana, un recorrido que, según su balance, ha sido “sin dudas enriquecedor”.

En diálogo con EL DIA, Tati Vallejos se refirió a los orígenes, la permanencia y el presente de Devenir, compañía que celebrará su aniversario durante septiembre con funciones en Espacio 44 de sus obras “Las desventuras del Sr. MoKiTo” -los viernes 8 y 15 a las 21.30- y “La Viajera” -el viernes 29 a las 21.30-, antes de iniciar otra gira por el Norte del país.

-¿Cómo nació Devenir?

-Después de tanto tiempo, veo, a la distancia, que nosotros nacimos como nacen todas las cosas en esta vida… cuando debe ocurrir. Podría decir que fue una “causalidad” de la época, un “error” de algunos que temían al arte, sobre todo a ideas nuevas… podría decir un montón de pretextos, tonterías intelectualosas, injustificadas o justificadas, para el caso es lo mismo.

-Cuánta agua bajo el puente, ¿no?

-Desde aquel octubre de 1981 cuando estrenamos “Hablemos a Calzón Quitado”, treinta y seis años de teatro constante… creación ininterrumpida, ideas para compartir, tres salas que se esfumaron por falta de dinero. ¡Siempre el dinero! y el excesivo esfuerzo que no alcanzó para mucho: Perdí un auto, media casa, un terreno y dos mujeres… ¡Siempre el teatro! En el comienzo, en la compañía éramos 5 personas, luego 10, luego 3, en los 90 fuimos 7, más de 15 al comienzo de los 2000… Después nuevamente 3… fijos… y algunos que son como satélites, que están cuando pueden. Hoy por hoy es así.

-Además de la cantidad de integrantes, ¿qué otras cosas han cambiado?

-Existen algunas diferencias entre aquellos primeros años y el presente. Obviamente el tiempo ofrece una madurez, creativa y personal, que en los años iniciales no estaban. Eran años de mucha pasión, de mucha actividad emocional. Hoy es muy difícil que suframos… ya sabemos de qué se trata todo aquello que pueda acontecer como algo “negativo” en un grupo, el abandono, la intolerancia (¡los egos se sirve de esta emoción!) las ilusiones de los que llegan y piensan que la solidez del tiempo y el recorrido inhibe el esfuerzo y el trabajo. Nosotros, al menos los tres fijos que estamos hoy, tenemos muy claro y compartimos absolutamente aquel pensamiento de Picasso: El artista se construye con un 99% de trabajo y un 1% de “talento”.

-¿Trabajaron mucho?

-Renzo Casali, dramaturgo, director teatral italiano reconocido en todo el mundo, un referente teatral muy importante en mi formación y vida personal, me dijo antes de morir: “Tati, ustedes son animales de trabajo… sigan creando, por favor”. ¡Para mí fue el halago más hermoso que recibí en todo este tiempo de profesión!

-¿Y qué pasa con los que prefieren el éxito antes que el hecho artístico en sí y lo que ello conlleva tanto para el emisor como para el receptor?

-Me da la impresión que se está muy atento al “éxito”, como si se trabajara para lograr un puesto en una tabla de categorías… y el arte no es una competencia… es una acción de vida basada en querer compartir con otros, lograr el encuentro, ese que será único e irrepetible. Todavía el teatro puede lograr esos estados. No siempre, claro. Nuestras motivaciones creativas, en todos los lenguajes que abarcamos, calle, sala, espacios no convencionales, están estimuladas para y por eso.

-Sólo hay que saber adaptarse...

-Nosotros somos un grupo de artistas que pasamos los 80, los 90 y los 2000… por lo tanto queda claro cómo nos fuimos adaptando a la transformación del mundo, de las carencias y vacío que deja un final de ciclo, volviendo siempre a cero. Pensá, por ejemplo, que la noche que cayó el muro de Berlín estábamos en “El Espacio del Parque”, una de las salas perdidas, haciendo una obra que sostenía la utopía de un mundo colectivo y los personajes pedían la libertad de Nelson Mandela.

-¿Ese tipo de experiencias han sido sus principales logros?

-En este último tiempo, ya un tipo grande, comencé a comprender que si no contamos nosotros cuáles han sido nuestros logros, va a ser muy difícil que alguien lo haga. Entonces, me cargo con la responsabilidad al hombro de ser justo a la hora de contar y hablo de nuestros viajes, fuera y dentro del país, como este último que acabamos de hacer en Europa con mucha felicidad, donde Pampa (Verónica González) fue reconocida en el Festival de Kropa, Eslovenia, por uno de los trabajos que llevamos, “La viajera”, como el mejor trabajo de dicho Festival, votado por el público. O que recorremos por año más de 10 mil kilómetros andando la Pcia de Bs. As y otras provincias del país. Somos hormiguitas viajeras…

-Si Mahoma no la va a la montaña...

-¡Claro! Llevamos teatro a pueblos y aldeas que si no llegamos, no existiría la posibilidad del encuentro en un hecho teatral. En cada viaje ofrecemos obras para el grupo familiar, otras para teatreros, para todos… Podría decir que tenemos un sólido piso en nuestro trabajo y creo que es eso lo que más destacan de nuestra existencia artística. En todos estos años hemos realizado más de 80 obras, en todos los lenguajes que ofrece el teatro moderno con públicos de todas las clases sociales, etnias, edades y opiniones. Tal vez sea este el mejor logro.

-Después de tanto tiempo, ¿se siguen planteando desafíos?

-Siempre nos ponemos nuevos desafíos. Jamás repetimos una manera de encarar un nuevo trabajo. De hecho, nunca hemos querido repetir una obra que haya sido “conquistada” por el público. Tenemos tanta suerte en nuestra vida teatral que hemos disfrutado, por lo menos, una obra por década que el público eligió como favorita. Nuestros desafíos están ligados siempre a nuestras investigaciones, a nuestras búsquedas nuevas. Es lo que nos da el aire renovado para no repetirnos y tener la tranquilidad de que no está en juego nuestra estética. Tengo muy claro que tenemos una manera particular de hacer este arte. Es nuestra forma de ser en la efímera vida del teatro.

 

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