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ANÁLISIS

¿Matices políticos acordados o estrategias de diferenciación?

Por MARIANO SPEZZAPRIA
mspezzapria@gmail.com

A esta altura de las circunstancias, ya no quedan dudas. La gobernadora María Eugenia Vidal adquirió un volumen político propio que le permite plantear matices políticos ante las decisiones de la Casa Rosada. Ayer mismo ensayó un giro discursivo sobre la difícil situación económica, al admitir que “la inflación es más que la esperada y está pegando mucho en los alimentos”.

La mandataria bonaerense incursionó de ese modo en un terreno que no es atribución de una Gobernación provincial. De hecho, las variables económicas están bajo la responsabilidad de la administración del presidente Mauricio Macri y del Banco Central. Pero Vidal está preocupada por la vulnerabilidad social que provoca en el Conurbano el encarecimiento de la canasta básica.

En ese entramado urbano que rodea a la capital se concentra el 40% de la pobreza a nivel nacional. Y pese al intenso trabajo que despliegan en forma conjunta los ministerios de Desarrollo Social nacional y bonaerense, en algunas franjas territoriales la situación está catalogada con un alerta rojo. La contención se vuelve una prioridad política para la Gobernadora.

Ya dio muestras de ello cuando aumentó las asignaciones familiares y también de las jubilaciones bonaerenses, en un paquete de medidas que incluyó el adelanto del aguinaldo para los empleados del Estado provincial. Y ayer avanzó otro paso en la misma dirección, al anunciar el plan de descuentos para compras de alimentos y productos de limpieza con tarjetas del Banco Provincia.

“Todas estas medidas las fuimos tomando para acompañar estos momentos difíciles”, sostuvo Vidal, en un mensaje que contrastó con el optimismo económico que suele escucharse en la Casa Rosada, especialmente cuando la comunicación queda a cargo del jefe de Gabinete, Marcos Peña. Pero esa línea discursiva fue puesta bajo la lupa en medio de la crisis cambiaria.

Entonces Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, reclamaron modificar ese discurso y la presión interna –que también ejercieron los radicales e importantes dirigentes del PRO como Rogelio Frigerio y Emilio Monzó– provocó un cambio en el Gabinete nacional, del que fue desplazado Juan José Aranguren y al que llegó Dante Sica, con un perfil productivista.

Ese fue justamente el bautismo de fuego del ala política de Cambiemos, que se activó al constatar que la turbulencia económica estaba desmoronando la imagen del presidente Macri y también la de los principales dirigentes de Cambiemos. En el caso de Vidal, el problema es doble, porque se trata de una figura de recambio dentro del oficialismo. Allí no son pocos los que especulan con la posibilidad de que sea la candidata presidencial de Cambiemos el año próximo en caso de que Macri no se presente a la reelección.

Si bien la Gobernadora está lejos de esa especulación política, exhibe en las últimas semanas alguna dosis de diferenciación con la Casa Rosada. Un ejemplo es su relación con el Papa Francisco. Vidal estuvo reunida en el Vaticano con el Papa argentino durante una hora y veinte minutos, en un encuentro reservado mucho más extenso que los que el pontífice le dedicó al presidente Macri. La Gobernadora se acaba de pronunciar abiertamente en contra del aborto –lo hizo al posar “casualmente” con un pañuelo celeste- mientras que la Rosada promueve del debate por la legalización.

En la misma línea, Macri se ausentó del Tedeum del 9 de Julio en Tucumán, mientras que Vidal asistió a la misa oficiada por el flamante arzobispo platense, Víctor “Tucho” Fernández, a quien volvió a ver en la Gobernación. En el plano económico, en tanto, las medidas proactivas de la mandataria buscan amortiguar el impacto del ajuste. En la misma sintonía está Larreta. Por eso, tanto dentro de Cambiemos como en sectores de la oposición se preguntan si esa diferenciación es producto de una estrategia diseñada de cara al futuro político del país o a la necesidad coyuntural de apoyar al presidente Macri.

 

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