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A la tristeza por el caso de la joven que murió en la plata, se le suma la preocupación por la posible aparición de nuevos contagios

Castelli, un pueblo sumido en el miedo y la angustia por el drama del hantavirus

Por cuarta vez en los últimos años la localidad bonaerense se ve sacudida por el trágico ataque de la enfermedad. Después del susto, afloran la conciencia y la mutua colaboración entre los vecinos. Múltiples pedidos de limpiezas

A 15 kilómetros del casco céntrico de Castelli se encuentra el establecimiento agrícola donde las autoridades sanitarias provinciales sostienen que se contagió la joven que falleció por hantavirus. El campo se sitúa a un costado de la ruta 2, en la localidad de Guerrero

Gustavo Alastuei y Hugo Palomino, vecinos de Castelli “ Todo el pueblo está consternado primero por la muerte de Thais Pérez y luego por la angustiante espera que significa seguir la evolución del estado de salud del marido y del pequeño hijo de la joven, internados ambos con alguna sintomatología que podría corresponder al hantavirus. “Esto ha sido una desgracia y encima ahora el nene con riesgo de tener la enfermadad”, dijo, compungido Gustavo Alastuei, mientras que Hugo Palomino resaltó la alta estima que se le tiene en castelli a la familia Pérez.

“Al principio se desató en el pueblo como una paranoia por el hantavirus y es que todo se desencadenó muy rápido y eso alarmó” Germán Arrieta Director del Hospital Municipal “Ramón Carrillo”

“Desde que se supo del caso fatal tuvimos 120 pedidos de vecinos para que realicemos desmalezamientos y control de plagas” Carlos Aranciaga Director de Defensa Civil de Castelli

CASTELLI

Por: Laura Garat
 

lauragarat@eldia.com

Castelli. Para muchos, un punto más de la hilera de poblaciones que se recuestan a la vera de la ruta 2 y que se deja atrás camino a las vacaciones en la Costa Atlántica. Para los casi 10 mil vecinos que la habitan, su lugar en el mundo. Esa ciudad pequeña, donde la gente se saluda por la calle, tan característica del interior bonaerense, y a casi 150 kilómetros de esta capital provincial, acusa el recibo del golpe que le asestó el hantavirus, con Thais Pérez, de tan sólo 34 años, fallecida por la enfermedad; la angustiante espera por la recuperación del esposo y el pequeño hijo de la joven -ver aparte-; y en alerta frente a la posibilidad de que aparezcan nuevos contagios.

Cuadro bien típico de esos pueblos, en los alrededores de la plaza principal de Castelli se sintetizan las instituciones más importantes: la municipalidad, el hospital, la comisaría, la Escuela 1, los Bomberos Voluntarios, las sucursales de los bancos Provincia y Nación, las sedes de los clubes Independiente y Deportivo que dividen las aguas en el fútbol local.

En ese centro asistencial situado frente a la plaza, de baja complejidad pero desarrollado en distintas especialidades médicas, trabajaba Thais; era técnica en Hemoterapia y cumplía tareas en el Laboratorio. Ahí mismo la internaron el miércoles 17 a las 9 de la mañana; le dolía el cuerpo, la cabeza en particular, y tenía náuseas y fiebre. La primera placa radiográfica mostraba una base de neumonía; la segunda, practicada al mediodía, presentó ya los pulmones totalmente tomados por los efectos del virus. La derivación a una clínica privada platense fue inmediata. Y el sábado 19, a las 4 de la madrugada, murió. Por la tarde de ese día aciago para Castelli y toda su gente se confirmó el diagnóstico desde el hospital Malbrán: la joven, mamá de una nena de 6 años y mellizos de 3, no pudo contra el síndrome pulmonar que transmiten, a través de las partículas que flotan en el ambiente de las heces y la orina, los ratones coligarlos infectados.

El estupor de un pueblo

Esa muerte pegó como un latigazo en la cara de los habitantes de Castelli. Por varias razones. Quizás lo más irónico del caso es que Thais pertenecía a una familia dedicada a atender la salud. Ella trabajaba en un servicio de hemoterapia; su hermana menor, Tania, es radióloga; y su padre, Norberto Pérez, el médico más reconocido del pueblo, volcado en sus primeros años de carrera a la sanidad rural, con trayectoria en el mismo hospital “Ramón Carrillo” donde estaba empleada su hija, y el primer secretario de Salud de la actual gestión comunal de ese distrito. De larga militancia en el peronismo, ahora, con casi 80 años, preside el Concejo Deliberante de su ciudad.

Otro motivo hace todavía más trágica la pérdida. Thais era una madre joven, con tres hijos muy chicos y “toda una vida por delante”, como subraya cualquier vecino de Castelli. Entusiasta de su trabajo, de carácter alegre, y colaboradora irremplazable en la cooperadora del jardín de infantes al que van sus hijos, había iniciado no hace mucho su proyecto familiar junto a Pablo Colella -35-, contratista que presta servicios relacionados con la actividad agropecuaria en distintos campos de la zona. Vivían los cinco en una casa dentro del casco urbano del pueblo pero alejada del sector más céntrico.

En el pueblo, los mecanismos de alerta saltan con el impulso de un resorte

La muerte de la joven pegó como un latigazo en la cara de los habitantes de Castelli

 

“Es un shock para todo el pueblo”, abrevia el director de Prensa del municipio, Gustavo Góngora, compañero de colegio de Pablo, amigo de Thais y con una profunda admiración hacia el doctor Pérez, a quien conoce de toda la vida. Y es que en Castelli quien no estudió con un vecino, fue su alumno, su paciente o su maestro. “Este es un pueblo tranquilo, sin sobresaltos; y esta muerte fue muy repentina; le empezaron los síntomas y el desenlace no tardó más de tres días. El hecho impactó, además, porque lo que quedó en claro es que el hantavirus puede atacar a cualquiera. La gente se asustó”, añade el joven funcionario comunal.

En Castelli, zona agrícola-ganadera por excelencia, con una rica trayectoria en producción láctea y con grandes fracciones de campos dominadas por los sembradíos de granos (un foco de atracción irresistible para los roedores) el hantavirus ya había dejado su marca. Entre 2013 y 2014 se registraron tres casos fatales, mientras que en 2015 se contagió una vecina que logró superar la enfermedad.

Desde entonces, en el pueblo, los mecanismos de alerta saltan con el impulso de un resorte. “Siempre se promociona entre los vecinos programas de desmalezamiento y controles con métodos de desratización, porque donde hay cultivos es muy probable que haya roedores -explica el director del Hospital Ramón Carrillo, Germán Arrieta-. Este verano tan particular, los bruscos cambios climáticos y algunos campos inundados han influido en la proliferación del ratón. Pero como la comunidad está muy alarmada colabora mucho con la limpieza de sus terrenos”.

Un contagio, todo un misterio

Contrariamente a la hipótesis que se maneja en el ministerio de Salud, donde se asegura que Thais Pérez contrajo la enfermedad en un galpón rural de Castelli donde trabaja su marido, entre los allegados al matrimonio descartan que haya sido ese el sitio del contagio. “Ella no estuvo en el establecimiento en el último mes y medio, pero en realidad nunca vamos a saber si en el lugar está el virus porque vino ayer -por anteayer- un equipo de esa cartera a inspeccionar y no tomó ninguna muestra del lugar para analizarla”, dice José María Quillehauquy, compañero de trabajo de Pablo.

 

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