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El nuevo estadio ya enamoró a los hinchas, pero al equipo le falta bastante para lograrlo

Milito sigue “tirando de la soga”. Tardó en hacer los cambios y, además, no se entiende por qué no puso a Pellegrini. Hubo quejas

El nuevo estadio ya enamoró a los hinchas, pero al equipo le falta bastante para lograrlo

Los hinchas de Estudiantes armaron una fiesta inolvidable / D. Ripoll

Martín Mendinueta

Por: Martín Mendinueta

2 de Diciembre de 2019 | 02:16
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Hubo dos historias bien diferenciadas en el tan esperado regreso a “Uno”. Desde los cuatro costados del estadio Jorge Luis Hirschi brotó una catarata de emoción y algarabía que superó la expectativa general. La pirotecnia, lanzada incluso desde la terraza de un importante edificio de departamentos ubicado sobre la calle uno entre 57 y 58, y las columnas de humo rojo, fueron apenas el complemento sonoro y visual para una multitud embriagada por felicidad y nostalgia, fanatismo bien entendido y sentido de pertenencia, orgullo en su máxima expresión y goce esperado durante más de catorce años.

La fiesta no tuvo manchas. Los telones especialmente pintados para la ocasión de gala le pusieron la piel de gallina a la mole de hormigón. Se vieron por todas partes más de treinta modelos de camisetas albirrojas de distintas épocas. ¡Cuanto más viejas, más cotizadas! La jornada se desarrolló íntegramente sin un solo vaso de gaseosa lanzado al campo de juego. Impecable. Ideal. El fútbol argentino observó por televisión que la ausencia del alambrado olímpico fue una decisión institucional acertada en lo fáctico. Además, genera en el público un compromiso en su comportamiento tendiente a modificar la matriz tan criticada en el espectáculo que no soporta más episodios de violencia.

La gente de Estudiantes no fue a la cancha. Fue a su casa. Disfrutó la caminata por los alrededores, el encuentro “casi obligado” con amigos en el Paseo de los Profesores y la salida de su ubicación como quien abandona un teatro. Dentro de veinte almanaques brotará el recuerdo de aquel sábado 30 de noviembre soleado, con temperatura ideal, en que Estudiantes de La Plata inauguró competitivamente su nuevo estadio en el domicilio de siempre. El cruce de las calles 55 y 1 ya es un rasgo indeleble propio de su idiosincrasia.

EN EL CAMPO LA COSA FUE DISTINTA

El equipo dirigido por Gabriel Milito no convenció. Jugó flojo en el primer tiempo y recibió un impulso clave cuando ingresó Ángel González, autor del gol y, junto a “La Gata”, figura albirroja. El lateral izquierdo de su defensa (Iván Erquiaga), varios retrocesos donde lo tomaron descompensado, el nivel general de Kalinski y la escasa productividad por las bandas de ataque (Castro debió salir un rato antes y Edward López “no estuvo en la cancha” durante el último cuarto de hora) fueron temas recurrentes de conversación mientras la gente volvía a su casa.

Reaparecieron los reproches hacia el DT. Verón lo respalda pero no genera empatía

 

Reaparecieron los reproches hacia un entrenador que, más allá de haber recibido un respaldo pétreo de Sebastián Verón, no consigue generar empatía con la hinchada. ¿Por qué tardó tanto en hacer el cambio esperado de Ángel por el uruguayo? ¿Cuál fue el motivo que lo impulsó a terminar el partido sin victoria con Matías Pellegrini sentado a su lado? ¿Acaso está mejor el “Demonio” Diego García que el jugador vendido al fútbol de Estados Unidos?

Milito sigue “tirando de la soga”. El sábado se topó con un rival duro y bien trabajado. Atlético Tucumán replica el gesto poco simpático de su muy buen entrenador. El equipo muestra cara de malo igual que Ricardo Zielinski, pero siempre se hace respetar. De local y de visitante.

Estudiantes, en cambio, todavía debe resolver unas cuantas cosas. Eso de dejar solo arriba a Mateo Retegui para que luche contra todos no habla bien de su funcionamiento. La racha de cuatro victorias consecutivas no engañó a nadie. Por eso, el punto que ganó de local le sirvió para que la hermosa fiesta haya terminado en paz.

 

 

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