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LA DESPEDIDA DE UNA ESTRELLA POPULAR

Te pretendíamos eterna, Coca: adiós al gran ícono sexual argentino

Isabel Sarli, que con su cine erótico realizado en pareja con Armando Bó sacudió al país de los 60 y los 70, abriendo la imaginación de generaciones enteras, murió a los 89 años tras un mes de internación

Te pretendíamos eterna, Coca: adiós al gran ícono sexual argentino

Isabel “La Coca” Sarli, ícono erótico del cine nacional, falleció ayer a los 89 años

Es mentira. La “Coca” no murió: generaciones enteras seguirán recordando por siempre, en horas de la penumbra, a ese ícono sexual que agitó una pacata sociedad argentina de los 60 y los 70, y fue para muchos su primer encuentro, secreto y prohibido, con el deseo.

Las crónicas dicen que Isabel “Coca” Sarli murió ayer por la mañana, en el Hospital de San Isidro donde se encontraba internada desde el 26 de mayo pasado a raíz de la fractura de su cadera, que desarrolló un cuadro de shock séptico, según precisó su hija Isabelita.

Pero la pantalla desmiente esas informaciones. Porque Hilda Isabel “La Coca” Gorrindo Sarli, nacida en la ciudad entrerriana de Concordia el 9 de julio de 1929 (argentinísima: nació en nuestro Día de la Independencia), a partir de protagonizar filmes como “Carne”, “La leona” y “La diosa impura”, bajo las órdenes del cineasta Armando Bó, se eternizaría como símbolo sexual, gracias a unas marcadas curvas que encendieron la imaginación de un país entero y enardecieron a los censores: fueron varios los filmes mutilados o directamente retenidos por el Comité de Censura, que perseguía al binomio Bó-Sarli considerando que atentaba contra la moral pública con su cine, y llegó incluso a abrir procesos criminales contra algunos de los filmes de la dupla.

Con Bó, “La” Coca Sarli se eternizaría como símbolo sexual, encendiendo la imaginación del país y enardeciendo a los censores

 

Uno de esos filmes fue el que marcó el inició de Sarli en el cine: hasta 1958 era secretaria, modelo y había sido elegida Miss Argentina en 1955, llegando a ser semifinalista del concurso Miss Universo. Allí conoció a Bó (también al General Perón que, según relató ella, le “tiró los galgos”), y en 1958 iniciaron su sociedad cinematográfica con “El trueno entre las hojas”, basado en un relato del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos y que se convirtió en la primera argentina en incluir un desnudo femenino total e iniciando una carrera que saltaría las convenciones en la Argentina de esas décadas al protagonizar películas de alto voltaje erótico. “Me llamaban ‘La Higiénica’, porque siempre me estaba bañando en la pantalla”, se reía La Coca, apodada así por su pasión por esa bebida gaseosa y poseer una figura que comparaban a la forma de la botella de ese popular refresco.

La dupla, que rodaría 30 largometrajes juntos (Bó fue el gran amor de Sarli, aunque nunca se casaron porque el realizador no dejó a su esposa), siguió con temática emparentada (ese género que el director y productor de cine Rodolfo Kuhn definiría como de “pornografía ingenua”) en “Sabaleros” (1959) y luego “India” (1960), la iniciadora de las versiones “cortadas” para la Argentina y con mayor “temperatura sexual” en el exterior: mientras acá se censuraban, La Coca y su cine se hacía famosísimo en Paraguay, Panamá, México, Rusia, Japón, y hasta Estados Unidos (donde la vería un magnetizado John Waters), plazas que nunca antes habían sido alcanzadas por el cine rioplatense.

Las observaciones sobre la filmografía de la dupla creció tanto como la cantidad de espectadores enamorados de Sarli, hasta que una década más tarde desembocaron en la prohibición de una decena de sus filmes. “¿Qué se ha cambiado o mejorado desde la aplicación de la censura al por mayor en Argentina? Los adulterios continúan produciéndose, lo mismo ocurre con los asesinatos pasionales, las violaciones”, lanzaba Bó en respuesta, en una entrevista con EL DIA en 1971.

En una de sus últimas entrevistas, en el BAFICI de 2018, Coca se alegró de que en Argentina la censura fuera un triste recuerdo y que hoy en día se pudiera ver “de todo” en la televisión.

Sarli participaría en un puñado de filmes fuera de la dupla, filmando bajos las órdenes de Torre Nilsson, Jorge Polaco y Juan José Jusid, trabajando en “Tetanic” en el teatro y siendo parte del elenco de “Floricienta” a principios de siglo, pero el cine que la hizo eterna fue aquel que rodó con Bó.

La actriz no era querida por los críticos cinematográficos en aquellos días, y el tiempo la habría de convertir en figura de análisis sociológico a consecuencia de las situaciones que vivía en cada ficción de acuerdo a los guiones del mismo Bó, resultaban naif o kitsch. Pero al gran público poco le interesan las opiniones de críticos y sociólogos. Por algo, “La Coca” fue elegida embajadora de la cultura popular en 2012. Porque esas películas ninguneadas o analizadas de forma snob hicieron que Isabel Sarli viva para siempre.

 

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