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Negociación salarial en etapas, con la mira puesta en lo que pase con la deuda y la inflación

José Picón

Por: José Picón
jpicon@eldia.com

16 de Febrero de 2020 | 02:18
Edición impresa

Los lineamientos que tendrá el Presupuesto 2020 suponen una enorme incógnita. Lo es también el resultado de la renegociación de la deuda. Ese menú abrazado por la incertidumbre se esparce sobre la gestión de Axel Kicillof. También, sobre la coyuntura en la que sobresale la paritaria con los gremios.

El primer resultado de ese cuadro es la finitud que pudiera tener el acuerdo con los sindicatos. Existe una primera definición aún no escrita: cualquier cierre que se pacte no será mayor a los seis meses. Ese es el deseo oficial. Los gremios pretenderían acortarlo a 90 días con la idea de revisar el proceso inflacionario. Se trata de una estrategia que apunta a compensar una ausencia descontada: esta vez, por pedido de la propia Casa Rosada, no habrá cláusula de ajuste de sueldos por costo de vida como consiguieron los docentes en 2019.

Sin ese reajuste automático, los gremios al menos pretenden sentarse con los funcionarios para reactualizar los sueldos en lapsos breves.

La negociación segmentada es un hecho. Existe allí un pacto tácito entre ambas partes. En sintonía con la Nación, Kicillof no quiere subirse a un acuerdo que pudiera empujar las expectativas inflacionarias. Sabe, además, que muy difícilmente los sindicatos vayan a aceptar un porcentaje de aumento por todo 2020 sin tener el reaseguro de la revisión. Los gremios, por su parte, prefieren atarse a cierres cortos para forzar la reapertura de las paritarias.

Esa primera aproximación no despeja del todo el escenario, pero abre una puerta para amortiguar un eventual conflicto. El Gobierno aceptó rediscutir los salarios de los estatales que el año pasado no tuvieron cláusula gatillo y quedaron entre 25 y 30 puntos por debajo de la inflación.

Esa novedad ayuda a descomprimir la negociación aún cuando la oferta del pago de una suma fija de 1.500 pesos como compensación asome lejos de las expectativas sindicales. No sólo porque se trata de una suma baja que no impactará sobre los sueldos básicos: también porque tal como está planteada sólo será percibida por quienes cobren de bolsillo alrededor de 49 mil pesos. Así, quedarán afuera de ese beneficio amplios sectores de la administración.

Esa lógica acompaña una decisión política: en épocas de vacas flacas, la Provincia decidió robustecer los sueldos de los que menos ganan a costa de achatar la pirámide salarial.

“Sin cláusula gatillo, los gremios pretenden sentarse con los funcionarios para reactualizar salarios en lapsos breves”

 

Mañana se abrirá la segunda ventana de discusión. Se espera que el gobierno bonaerense estire su oferta, que además de la suma de 1.500 pesos correspondiente a 2019 añadió otra similar para el primer tramo de 2020. Quizás se acerque al monto global de 4 mil pesos que dispuso la Nación y que Kicillof prometió pagar.

Por cuerda separada aparece la negociación con los docentes. “El paraguas será la paritaria nacional”, dicen en la Gobernación. Es un eslabón más de la estrategia de sintonizar con la Casa Rosada en materia económica y financiera.

El círculo vuelve sobre la deuda y el Presupuesto. En junio vencen unos 63 mil millones de pesos de obligaciones externas que en la Provincia aseguran que “es imposible pagar”. Para entonces estiman que podría estar cerrada una negociación con los bonistas, en paralelo con la que ya ensaya el ministro de Economía nacional, Martín Guzmán.

Sin esa certeza, el diseño del Presupuesto se vuelve una quimera. Las negociaciones salariales cortas encastran en ese rompecabezas.

Ese juego en tándem descarriló en sintonía con la polémica que volvió a estallar en materia de Seguridad. Una vez más Sergio Berni pateó el tablero con sus cuestionamientos al accionar de las fuerzas federales en territorio bonaerense. La virulencia del reclamo por la falta de coordinación entre la Bonaerense y Gendarmería, Prefectura y Policía Federal en especial en el Conurbano disparó cruces con la Nación y reavivó especulaciones.

La figura de Berni volvió a quedar en el centro de la escena. ¿Se trató de un reclamo genuino o de forzar una situación con la velada intención de preparar una salida del gabinete provincial? En Gobernación aseguran que el ministro de Seguridad no se irá y que su reacción con el envío de la carta a su par nacional Sabrina Frederic fue producto de cierto cansancio “por contestaciones ambiguas de las funcionaria” a reclamos anteriores por el mismo tema.

Si bien se busca dar por superado el contrapunto, las sospechas quedaron instaladas. Al menos cerca de Kicillof creen que “alguien” pretendió hacer “daño” al difundir la misiva de Berni.

 

 

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