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Platenses en Italia, entre la sorpresa, el temor y la desolación por el coronavirus

El canal Naviglio Grande, en Milan, casi desierto / ap
El canal Naviglio Grande, en Milan, casi desierto / ap
“Todo fue bien hasta que llegamos a Venecia. En el hotel nos dijeron que tenían que cerrar y que no podíamos quedarnos allí. Ahora estamos en Roma, una ciudad desierta” Guillermo Kablan Turista actualmente en Roma
“Todo fue bien hasta que llegamos a Venecia. En el hotel nos dijeron que tenían que cerrar y que no podíamos quedarnos allí. Ahora estamos en Roma, una ciudad desierta” Guillermo Kablan Turista actualmente en Roma
“Solo podemos hacer delivery y hasta la comida para llevar fue prohibida. No podemos salir del pueblo, en toda Italia nadie puede salir de su lugar” Facundo Martín Hondagneu Chef radicado en Parma
“Solo podemos hacer delivery y hasta la comida para llevar fue prohibida. No podemos salir del pueblo, en toda Italia nadie puede salir de su lugar” Facundo Martín Hondagneu Chef radicado en Parma

Por Redacción

Una familia de vacaciones y otra radicada cuentan cómo el Covid-19 les alteró la vida. Los Kablan están en Roma y los Hondagneu, en Parma

Guillermo Kablan había programado hace bastante tiempo unas vacaciones en Europa junto a sus hijas Valentina (17) y Martina (15). Visitarían Madrid, Barcelona, París, Venecia y Roma. Y nada sabían del coronavirus. Hacia allá salieron el 28 de febrero, y tras una tranquila estancia durante los primeros días por España y Francia, la parálisis de Italia por el coronavirus los sorprendió en Venecia. Ahora están en Roma, en una ciudad desierta, esperando instrucciones para poder volver a nuestra ciudad el sábado próximo.

“Todo fue bien hasta que llegamos a Venecia -cuenta Guillermo a la distancia- donde teníamos reservado hotel para dos días. Pero al hacer el check in, nos dijeron que tenían que cerrar, que no nos podíamos quedar allí, y que la ciudad iba a entrar en cuarentena. Ante el desconcierto, de milagro conseguimos un hotel más chico donde nos quedamos una noche, y al día siguiente pudimos salir en tren para Florencia, donde todo estaba cerrado, museos, iglesias y todo lo que pensábamos visitar y para lo que teníamos entradas compradas. En el mismo tren el Ejército nos tomó la fiebre y nos ametrallaron a preguntas, de donde veníamos, cuánto nos quedaríamos, si teníamos síntomas y mil cosas más. En Florencia poco podíamos hacer y seguimos a Roma, donde nos quedaremos ahora hasta el sábado, que es para cuando tenemos los pasajes de vuelta”.

“Acá en Roma -cuenta Guillermo- en las calles no hay nadie, aunque los comercios están abiertos. En los restaurantes, la obligación es que la gente se siente a dos mesas de por medio, y todos están lejos de todos, cada uno con su alcohol en gel. Los residentes no pueden viajar de una ciudad a otra salvo excepciones que tienen que estar muy justificadas, aunque nosotros como turistas todavía no tenemos ningún impedimento, pero estoy en contacto con la embajada porque tenemos pasajes para el sábado y vamos a ver como se manejan. Sí es seguro que cuando volvamos tendremos que hacer una cuarentena en La Plata, pero por suerte todos estamos bien, sin síntoma alguno, aunque con lógicos cuidados”.

“En definitiva -concluye Guillermo- el coronavirus nos complicó las vacaciones, aunque igualmente llegamos a recorrer lugares maravillosos. Lo único positivo de todo esto, es que Roma está en liquidación total, y las chicas pudieron comprar algo de ropa con el 70 % de descuento”.

UN CHEF EN PARMA

Facundo Martín Hondagneu es un chef platense que, hace siete meses, se fue a probar suerte a Italia. Allí, se radicó junto a su padre en un pueblo de cinco mil habitantes llamado San Secondo, a unos 15 kilómetros de Parma, para trabajar en un restaurante que, ahora, debió ser cerrado por el coronavirus.

“Solo podemos hacer delivery, y hasta el take away (comida para llevar) está prohibido, por lo que el trabajo disminuyó muchísimo. La economía se está haciendo sentir, porque todo está cerrado”, cuenta.

Las prohibiciones vigentes en toda Italia también se hacen sentir entre la población.

“No podemos salir ni del pueblo -cuenta Facundo- por ejemplo mi papá es podólogo, y para atender a un cliente tiene que pedir un permiso especial en la comisaría. Tenemos a la ciudad de Parma cerca, que es como si uno fuera de Berisso a La Plata, pero no podemos ir si no es por una razón muy justificada. En toda Italia nadie puede moverse de su lugar, quieren que todos se queden en casa como una medida preventiva, para que el coronavirus no circule tanto”.

“Este es un pueblo relativamente chico -dice el chef platense- pero igual se cumplen las medidas de prevención, como guardar un metro mínimo de distancia con cualquier otra persona. Nosotros por suerte estamos bien, aunque con muchos cuidados, intensificando la higiene, usando alcohol en gel, etc., y el resto de la gente está igual, con mayor o menor temor”.

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