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Opinión |PANORAMA BONAERENSE
Una decisión que empieza a ser empujada por el creciente malestar ciudadano

José Picón

Por: José Picón
jpicon@eldia.com

12 de Julio de 2020 | 06:16
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La historia del discurrir de la cuarentena parece haber encontrado un punto de retorno en el tiempo. Con cada evaluación de su marcha que tiene en consideración entre otras variables la cantidad de contagios y la ocupación de camas en las terapias intensivas, vuelven las tensiones entre los dos gobiernos que “administran” nada menos que el 90 por ciento de los contagios por coronavirus que se producen en el país.

El 17 vence el plazo de la cuarentena endurecida y una vez más la Provincia y Capital Federal están paradas frente a la disyuntiva de cómo encarar la etapa que viene. Con la Nación como árbitro, existe un tironeo en relación a cuánto más flexible debería ser la etapa de confinamiento que inexorablemente seguirá. Aflora, sin embargo, un punto básico en común: el convencimiento de que el malhumor social, en parte expresado en el banderazo del jueves, empuja el arribo de algún estado de sosiego.

El temor que se comparte tanto en territorio bonaerense como porteño es que la herramienta de la cuarentena comience a volverse abstracta. Que mantener restricciones fuertes termine convirtiéndola en una invitación al desafío ciudadano. “Si no logramos conducir la cuarentena, se acaban las medidas”, razonan en algunos despachos oficiales.

Ese pulso que se toma en la calle talla fuerte sobre la balanza de las decisiones. Obviamente se esperarán otras variables antes de adoptar la decisión final, pero si no existe un aumento dramático de los contagios entre el lunes y el miércoles -cuando se estima que deberían percibirse los efectos de la menor circulación en la calle con una caída en la cantidad de gente infectada con el virus-, ambas jurisdicciones van camino a recrear el escenario imperante antes del 1° de julio, fecha en que se decidió apretar el torniquete de controles que también afectó a diversos sectores del comercio.

“El temor que comparten Provincia y Capital es que la herramienta de la cuarentena comience a tornarse abstracta”

 

La virtual vuelta a la fase 3 implica además, más allá de escuchar el reclamo social, una marcha atrás táctica. Se trata de un resguardo oficial frente a eventuales alteraciones del escenario pandémico y la posibilidad no deseada de tener que ensayar un retroceso si la situación empeora en lo que resta de julio. El famoso stop and go, del que se habla en la Gobernación.

El tironeo entre Capital y Provincia parece estar centrado en la amplitud de las flexibilizaciones. Cerca de Kicillof piensan en ser un poco más restrictivos. Horacio Rodríguez Larreta piensa soltar los permisos un poco más.

Habría una novedad que sobrevuela en ese tironeo: esta vez en la Provincia no existiría la condena que sobrevino cuando en capital federal se habilitaron a los runners. En cambio, no habría acuerdo para un eventual permiso adicional que pudiera otorgar el gobierno porteño para que abran sus puertas los shopping, con el argumento de que esos megacentros comerciales dispararían el traslado de gente desde el Conurbano a Capital y, en consecuencia, la circulación del virus.

Otro asunto empieza a ganar volumen en medio de los rigores de la pandemia. Es el que involucra el accionar de la Policía bonaerense en la presunta desaparición de un joven cerca de Bahía Blanca. La figura del ministro Sergio Berni aparece otra vez en el centro de las miradas. También las ostensibles divisiones que su polémica figura genera en los propios sectores afines al kirchnerismo.

El titular de Seguridad salió a defender la actuación policial y enseguida fue cruzado por la familia del chico y también por organismos de Derechos Humanos como la Comisión Provincial por la Memoria que no sólo habló de “desaparición forzada”, sino que además salió a denunciar que la Bonaerense “fusiló” en las últimas horas a un joven en el Conurbano. “El ministerio de Seguridad bonaerense debe asumir la responsabilidad de esta política que, exaltando la centralización del mando policial y la gestión violenta de los territorios, provoca graves violaciones de derechos humanos. Es imperioso revertirla con urgencia”, disparó la Comisión sobre la gestión de Berni.

¿Habrá que leer esa referencia en el marco de la disputa que Berni fogonea con su par nacional Sabina Frederic? Esa embestida de sectores K sobre el ministro más mediático del gabinete bonaerense por ahora no encuentra permeabilidad en el esquema oficial. Pero acaso podría transformarse en el arranque de un proceso de erosión sobre una figura que recoge paradojas: llegó al cargo empujado por Cristina Kirchner y a poco de andar encontró, y buscó, enemigos del peso en el universo ultra K.

 

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