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Espectáculos |EN DIÁLOGO CON EL DIA
Agustín Sierra: “Ya no soy ese chico que fui”

Cachete, como le dicen desde niño, se enorgullece de su pasado con Cris Morena pero necesitaba ir por más. Su presente en “Sex” lo desafió a romper tabúes y juega a ser un objeto sexual. También intenta cantar

Agustín Sierra: “Ya no soy ese chico que fui”

Agustín muestra su costado más erótico en “Sex”, ahora convertida en experiencia virtual

María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

15 de Agosto de 2020 | 04:41
Edición impresa

A los 29, Agustín Sierra, a quien desde chico se lo conoce por su apodo de Cachete, pero al que las generaciones más grandes seguramente conocieron en las últimas semanas por su voz “afónica” intentando cantar en “Cantando por un sueño”, tiene un largo camino recorrido dentro del universo de la actuación. A los nueve años se sumó a la troupe de Cris Morena, habiendo sido parte de exitosas producciones como “Chiquititas”, “Rebelde Way”, “Rincón de Luz”, “Floricienta” y “Casi Ángeles”, un pasado que lo llena de orgullo pero del que ahora busca despegarse con proyectos más osados que lo desafían a salir de su zona de confort.

En “Sex, vive tu experiencia”, por ejemplo, el rompedor espectáculo performático de José María Muscari, está desde sus inicios, en enero de 2019, fecha desde la cual, hasta que llegó la pandemia, se mantuvo en cartel en Gorriti Art Center con entradas agotadas. En ese proyecto, que en plena cuarentena se reinventó en una también novedosa propuesta virtual y multiplataforma, Cachete se encontró abordando por primera vez el tema sexual de manera profesional, lo que lo llevó a reencontrarse con su cuerpo de una manera especial y a prepararse para verse y sentirse mejor.

“Estaba en un momento de mi carrera donde quería hacer cosas más arriesgadas y me involucré de cabeza”, cuenta Agustín, en diálogo con EL DIA, sobre los motivos que lo llevaron a ser parte de esta experiencia de la que le sedujo enormemente “la forma en la que se desarrollaba, con cuartos donde la gente podía elegir qué ver y que todo sucedía en simultáneo”. Y aunque al principio no podía entender bien cuál era la idea que Muscari tenía en su cabeza, fue esa misma incertidumbre, sumado a los nombres de peso que ya habían confirmado su participación (Diego Ramos, Gloria Carrá, Magui Bravi, Tucu López, entre otros) sin siquiera haber leído un guión, pues no lo hay, lo que lo llevó a dar el salto al vacío. No se arrepintió.

Fue la elasticidad de esta propuesta, y su marca no convencional, lo que también le dijo en su interior que sí, que la experiencia podía trasladarse al terreno virtual, por lo que agradeció la reinvención que todo el equipo hizo de esta propuesta con la que tuvo trabajo en un momento donde “los actores quedamos totalmente relegados” y, casi desde el inicio de la cuarentena, calienta ahora las pantallas de celulares y tablets con bailes eróticos, charlas hot y audios de alto contenido sexual con los que le hace más entretenido el aislamiento a las personas que se atreven a jugar a este juego virtual que propone la compañía de Muscari, y que se ha convertido en uno de los grandes sucesos de los días de encierro.

“Verlo ahora funcionando, ya con siete experiencias agotadas (el viernes 28 y hasta el siguiente domingo se llevará a cabo una nueva aventura: los tickets se compran en Alternativa Teatral), la verdad es que es muy gratificante. Fue muy arriesgado también porque es muy difícil controlar lo que pasa en Internet y todos tenemos el miedo de que filtren contenidos pero, bueno, ese miedo se va rompiendo a medida que lo vas haciendo y te vas dando cuenta de que la gente sabe entender el concepto de la obra, los códigos”. Y si alguna de sus calientes performances se viralizan, como le ha pasado a alguno de sus compañeros, no pasa nada. “Estamos actuando, no me molestaría tanto”, dice, consciente de que está interpretando un rol, uno diferente a todos los que le han tocado, algo que valora porque le está sirviendo para crecer en lo profesional.

“Ya no soy ese chico que fui. Lo hice para demostrarme que puedo tener otras variantes de actor. Así como me gustaría interpretar a un asesino, una persona que estuvo en la cárcel o un abogado. Para mí hacer esto fue eso: actuar de un stripper o de un hombre que es un objeto sexual. Ese era el desafío y por eso lo acepté”, confiesa.

A diferencia de otros artistas marcados por papeles de la infancia, a Agustín no le molesta para nada el recuerdo permanente de su pasado con Cris Morena. “Es algo que agradezco que haya sucedido en mi vida, que me marcó muchísimo y que me dio mucha enseñanza. Cuando te alejás un poco, y ves lo que hicimos, las cosas toman otro tipo de valor”, dice y remarca que, próximamente, la gente podrá ver a varios Cachete en simultáneo dado que Telefé está por reponer “Floricienta”, una oportunidad para que los que no lo conocieron en su momento, lo hagan.

Y como si estas dos facetas, tan bien delimitadas, no fueran suficientes, también hay una tercera marcada por el Cachete que debutó en la pista de “Cantando por un Sueño” y que, anoche, se jugó y ganó (superó en el voto telefónica a Karina Jelinek) la continuidad en una nueva sentencia del certamen por culpa de su última performance, que no le gustó para nada al jurado, pero al que nunca se animaría a reprochar porque es consciente de sus limitaciones: “Yo sé que canto muy mal”.

El hecho de haber aceptado ser parte de este show fue también un desafío personal. “Lo tomo como una oportunidad de salir de la zona de confort, de arriesgarme a más, de ir cambiando, de buscar siempre otras posibilidades para mejorar como artista. Si llego a sacar un disco después de esto, sería un sueño”, bromea.

Agustín es simpático. Por la charla se lo nota transparente, cero divo, sin rollos. Tiene buen sentido del humor, se ríe con las respuestas, no tiene el cassette puesto y su voz, tan particular y reconocible ahora por su paso por la tele, se entrecorta cuando la conversación se encamina hacia el terreno personal. En esta cuarentena, de grandes pérdidas, Cachete tuvo dos: su papá y su abuelo.

“Uno a veces no sabe bien dónde está parado todavía, fue una pérdida enorme. Mi viejo fue una persona que me acompañó toda la vida. Era un hombre muy valorado por todos, una persona maravillosa, un marido increíble, enamorado hasta el último día, muy familiero. Era el único que manejaba, me llevaba y me traía, del colegio al estudio. Una relación muy cercana, muy única. Siempre digo que gracias a Dios pasó en cuarentena porque pudimos acompañar a mamá, no dejarla sola”, se sincera Agustín, visiblemente emocionado, pero orgulloso de haber tomado la decisión de volver al nido para hacer el duelo juntos y bancar lo que se iba a venir después.

“Cuando murió papá me vine a la casa familiar de Pilar, donde estaba viviendo mi abuelo, el padre de mi mamá, que estaba muy enfermo, y casi un mes después, murió. Hasta entonces, yo estaba en mi casa, y mi hermano estaba bancando con esa situación, y yo me sentí en deuda con la familia y quise estar ahí, para ayudar con el abuelo, y también para que ellos me cuiden a mí. Me refugié mucho en mi familia. El abuelo empeoró, sabíamos que era el final, pero con esto de la pandemia decidimos no internarlo. Él quería irse tranquilo, en casa. Con mamá lo acompañamos hasta el final. Fueron momentos complicados, muy duros, pero es lo que nos tocó vivir. Lo bueno es que lo pudimos hacer acompañados. Fue un aprendizaje”.

Y con la partida del abuelo, el círculo de la vida se completó con el nacimiento de su ahijado, el hijo de Pato Espósito, hermano de Lali, con quien Cachete comparte una amistad de muchos años, y lo que lo ayudó a sentirse en paz.

En medio de este remolino emocional, llegó la propuesta del “Sex” virtual y, tiempo después, la del “Cantando”, con lo que sintió que la vida le estaba guiñando un ojo.

“Lo tomé como señales de crecimiento, y eso me mantiene ocupado, entretenido. Es importantísimo para salir adelante, estar bien y entero”, reflexiona Cachete, que, hacia el cierre de esta charla, admite que lo que más extraña de la vida normal es “jugar al fútbol con mis amigos, hacer deportes, poder comer asados y tener sexo”, claro, dejando lo virtual de lado.

 

“Para mí hacer ‘Sex’ fue eso: actuar de un stripper o de un hombre que es un objeto sexual. Ese era el desafío y por eso lo acepté”

 

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Agustín muestra su costado más erótico en “Sex”, ahora convertida en experiencia virtual

En “chiquititas” (1995)

En “Cantando” con Inbai

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