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“A todos los chicos: para siempre”, de peli linda a saga insoportable

“A todos los chicos: para siempre”: decepcionante cierre de la saga

Por GERMÁN JAIME

La tercera entrega de la saga romántica juvenil subestima al público y entrega una película sin conflictos. Un bodrio

La primera entrega de la saga de Netflix “A todos los chicos de los que me enamoré” es una película simpática, un pequeño giro al género epistolar apuntalado por un par de protagonistas adorables. Pero, como suele ocurrir, ya hacia la segunda parecía el planteo estaba agotado: el carácter epistolar del asunto se había disuelto, y también la tensión real, el famoso “¿se juntarán o no se juntarán?”, porque la parejita parecía haber resuelto todos los conflictos en la primera entrega. ¿La tercera? Un bodrio.

Está bien: la vida no es un “felices para siempre”, y es lógico que surjan nuevos conflictos para la pareja. Pero, por Tutatis, que sean orgánicos y relevantes. Los de la segunda entrega no lo son (es básicamente una repetición de la primera). La tercera tiene un conflicto central más interesante: llega la época de irse a la universidad y aunque al principio el plan de los tórtolos era ir juntos a California, Lara Jean se enamora de Nueva York. En la otra punta. Ahora: sin las cartas, sin la intrusión de amenazas amorosas que tercien, las peripecias que atraviesan los personajes aburren. Profundamente. Media hora del filme se va en que Lara Jean no le dice a su novio que no entró a la universidad a la que él irá. No hay motivos reales para que no lo haga, y de hecho, cuando le dice, no pasa demasiado. Después ella se enamora de Nueva York (¿el tercero en discordia? A alguien esto le pareció una gran idea) y se replantea el futuro. Y así se va la película, sin las desventuras que hacen atractiva a la ficción de género: el guión, perezoso, transita todos los lugares comunes y espera que sigamos interesados porque ya nos encariñamos con los personajes. Vamos, que tampoco esto es Harry Potter.

Así “A todos los chicos…” pasó de ser una película simpática a una franquicia engorrosa, producto de la necesidad, citando al amigo Scorsese, de sacar “contenido”, de llenar la grilla. Por eso este texto: hay ahí un síntoma de los tiempos que vivimos, de la chatarra que consumimos, del tiempo que nunca recuperaremos.

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