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Opinión |PANORAMA BONAERENSE
La crisis que estalló en el PRO que quizás Kicillof no deba apresurarse a celebrar

José Picón

Por: José Picón
jpicon@eldia.com

15 de Mayo de 2022 | 01:23
Edición impresa

El PRO atraviesa en la Provincia una crisis de dimensiones impensadas. Tanto, que el socio fundador de Juntos por el Cambio y pieza angular de esa coalición acaba de blanquear bajo el estruendo de un portazo, que carece de una conducción capaz de orientar la brújula hacia un norte definido.

El partido fundado por Mauricio Macri afronta una suerte de acefalía política en el principal distrito del país. En los papeles, la conducción está a cargo de Jorge Macri, pero el primo del ex presidente viene consumiendo buena parte de sus energías en cimentar su sueño político de convertirse en 2023 en jefe de Gobierno porteño. La intervención del propio Mauricio Macri terminó por hacer el resto: fue quien pasó el lápiz rojo sobre un polémico proyecto que modificaba el régimen jubilatorio de los empleados del Banco Provincia que se está discutiendo en la Legislatura. Y esa decisión terminó con el enojo y la salida de escena de Néstor Grindetti, el vicepresidente del partido y transformado desde hace ya un tiempo en el interlocutor con el gobierno de Axel Kicillof.

El alcalde de Lanús aún dispara diatribas contra aquella decisión. No sólo se retiró de la mesa de Juntos en la Provincia, sino que además se borró de todos los grupos de Whats App de los que participaba en el PRO. Siente que lo desautorizaron en la trabajosa negociación con tenía como principal oído en el Gobierno bonaerense a Martín Insaurralde, el jefe de Gabinete de Kicillof.

Macri, se comenta, se enteró de lo que se estaba cocinando a partir de un providencial llamado de alguien que había comenzado a leer el expediente que básicamente cambia de cuajo la reforma que en su momento impulsó María Eugenia Vidal para intentar reducir el histórico déficit de la Caja Jubilatoria del Bapro. Terminó convenciéndose cuando leyó un informe que le acercó presuroso el ex ministro de Economía, Hernán Lacunza.

No se trata de una situación nueva. La Caja paga beneficios a unos 15.400 jubilados, pero los empleados en actividad que aportan apenas llegan a 10.400. Para lograr cierto equilibrio, la planta de aportantes, esto es, empleados del Bapro, debería pasar a 45.000. Ese escenario, lejos de revertirse, podría ser aún más complejo por las próximas jubilaciones.

“La UCR, por ahora, busca evitar votaciones divididas con el PRO”

 

El ex presidente bramó cuando le comentaron que la Provincia iba a asumir el compromiso de hacerse cargo de un déficit anual de 19 mil millones de pesos que hoy debe atender el propio banco con sus utilidades. También, que se bajaba la edad jubilatoria para las mujeres a 60 años y que se pasaba de un haber del 70 por ciento al 82 por ciento móvil. La cereza del postre fue la parte del informe en el que se mencionaba que los pasivos del Bapro perciben un haber promedio de 220 mil pesos. Macri se convenció de que la reforma iba en contra de los que Juntos por el Cambio, o al menos el PRO, viene sosteniendo. “Era consagrar privilegios y sumarle más gastos al Estado”, confió alguien que lo escuchó.

El proyecto finalmente quedó frenado en la Cámara de Diputados, del mismo modo que el diálogo con el Ejecutivo. La pregunta que se hacen por estas horas legisladores del PRO es quién se calzará el traje que, ofuscado, Grindetti se arrancó. Es el mismo interrogante que ahora sobrevuela en ámbitos oficiales.

Insaurralde había logrado avanzar en entendimientos con el PRO y el radicalismo. Allí habría de todo: desde sanción de proyectos como el Presupuesto y la ley Impositiva, hasta cierres para evitar que otros vieran la luz. Hay quienes dicen que entre los últimos aparece el acuerdo para que Federico Thea desembarque en la presidencia del Tribunal de Cuentas por pedido de Kicillof que viene dando vueltas desde fines de diciembre y nunca se terminó de aprobar en el Senado.

Ahora, en esta lógica de endurecimiento que parece mostrar el macrismo con la reaparición pública del ex presidente, las negociaciones en la Legislatura se han vuelto un verdadero intríngulis. Quizás la crisis por la que atraviesa el PRO y la salida de Grindetti no sean motivo de festejo para el Gobierno.

Aquellos desaguisados políticos ahondaron las diferencias con el radicalismo. La UCR también afronta su propio debate interno ante la “derechización”, describen, que viene empujando Macri aupada por el crecimiento de Javier Milei. El ex presidente ya no oculta ese deseo y en una cumbre de hace unos días pidió no ir detrás de los radicales en el Congreso en algunas votaciones.

Por ahora, en la Provincia se buscó no echar más leña al fuego. Los legisladores de la UCR estaban de acuerdo en aprobar la reforma a la ley jubilatoria del Banco Provincia, pero prefirieron no introducir un elemento más de conflicto en una coalición donde la convivencia se empieza a respirar enrarecida. Por eso, a regañadientes, clavaron el freno.

Esa decisión, con todo, no termina de calmar a aquellos radicales que empiezan a dibujar en su imaginación un destino electoral propio en 2023. Con otros socios y lejos del macrismo.

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