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Las condiciones que pueden destrabar el mercado inmobiliario en 2026

Las condiciones que pueden destrabar el mercado inmobiliario en 2026

Mariela López Dulce

8 de Enero de 2026 | 04:14
Edición impresa

eleconomista.com.ar

La estabilidad que no se logró en los últimos años podría comenzar a afianzarse en 2026 si se sostienen las líneas de crédito, se ordena el frente cambiario y se generan condiciones regulatorias previsibles para inversores y desarrolladores.

El 2026 será un año decisivo para entender si el Real Estate argentino logra finalmente salir del estancamiento estructural en el que quedó atrapado. Los compradores, los desarrolladores y los inversores miran lo mismo: crédito, dólar, burocracia y reglas. La forma en que estas variables se acomoden definirá si el sector vuelve a crecer o si mantiene la parálisis que afectó tanto a CABA y AMBA como a numerosas ciudades del interior.

El primer punto crítico es el crédito hipotecario. La continuidad de las líneas bancarias con tasas razonables y una mayor flexibilización documental es indispensable para reactivar la demanda de inmuebles usados. Hoy cada trámite adicional es una barrera para miles de familias que podrían comprar si las condiciones fueran más simples. En el interior esto se siente aún más: la incidencia del crédito en la decisión de compra es mayor que en los mercados de mayor poder adquisitivo. Si 2026 sostiene y mejora estas líneas, la reactivación será concreta.

La segunda condición es agilizar los tiempos de los municipios. La construcción solo puede despegar si las aprobaciones para demoler, iniciar obra o habilitar etapas avanzan sin demoras que agregan meses y costos. Esto afecta tanto a CABA como a ciudades con fuerte movimiento de obra privada, desde Rosario y Córdoba hasta ciudades intermedias donde los plazos administrativos pueden ser determinantes para la viabilidad de un proyecto. Acelerar las gestiones no es un reclamo sectorial: es un requisito básico para que los desarrolladores lancen nuevos edificios y, con ello, generen empleo y oferta.

El tercer factor es el tipo de cambio. En un mercado dolarizado de hecho, la volatilidad paraliza. Lo vemos todos los años: cuando el dólar fluctúa, las consultas se frenan; cuando se estabiliza durante algunos días, la actividad vuelve casi de inmediato. No se trata de un valor específico, sino de previsibilidad. Si 2026 muestra un sendero cambiario más estable, las decisiones de compra, canje y negociación se volverán más firmes en todas las plazas.

También será clave habilitar instrumentos pro-crecimiento. Los créditos para pozo destinados a desarrolladores podrían convertirse en un verdadero impulsor anticíclico. Sin financiamiento, muchos proyectos no logran superar la etapa de carpeta, sobre todo fuera de AMBA. Con financiamiento accesible, el lanzamiento de nuevas obras se multiplica y la oferta se diversifica, lo que ayuda a contener precios y dinamizar empleo.

El blanqueo de capitales es otro elemento sensible. Para que funcione, debe transmitir confiabilidad. Muchos inversores tienen liquidez, pero no participan porque no ven un marco estable para salir del colchón y entrar al circuito formal. Un marco previsible y sin cambios abruptos podría canalizar capitales hacia desarrollos, obras en marcha y oportunidades de renta, especialmente en ciudades del interior donde proyectos medianos dependen de inversión temprana.

Finalmente, cualquier reactivación deberá contemplar a las industrias que abastecen a la construcción. Si los materiales locales no pueden competir contra los importados, los costos se desalinean y los márgenes se achican. Medidas que fortalezcan la producción nacional y equilibren la competencia ayudarían a que más obras logren llegar a precio y ritmo razonables.

En 2026 convendrá seguir de cerca algunos indicadores cualitativos: la continuidad de líneas hipotecarias, la velocidad de los trámites municipales, la estabilidad cambiaria, la disponibilidad de financiamiento para desarrollos y el interés de inversores que esperan señales regulatorias antes de mover capital.

Ninguno por sí solo garantiza la reactivación, pero la combinación adecuada puede generar el punto de inflexión que el sector necesita.

Si el crédito se sostiene, si el dólar se estabiliza, si los municipios aceleran y las reglas son claras para todos, el 2026 tiene chances reales de convertirse en el año del reequilibrio inmobiliario. No se trata de optimismo ingenuo, sino de entender que cuando las condiciones mínimas se ordenan, el mercado responde rápidamente en todo el país.

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