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Información General |HISTORIAS PLATENSES
Esos raros trabajos nuevos

Aunque no lo crea, hoy en día, pueden pagarle por probar videojuegos, acompañar a alguien a comprar ropa, o instalar una marca a través de las redes sociales: tres historias de cómo ganar dinero lejos del pico, la pala o la plancha

16 de Agosto de 2014 | 00:00

Por EZEQUIEL FRANZINO

Federico Koch (28) no había cumplido diez años cuando, todavía en la ciudad de Rojas, soñaba con trabajar probando videojuegos. Compraba revistas donde aparecían los trucos de Mortal Kombat y las reseñas de las últimas novedades: “No podía creer que existiera ese trabajo”, recuerda Federico, “a los flacos le pagaban por jugar”.

En la computadora familiar -de última generación por la afición de su padre por la tecnología- solían jugar junto a su viejo al Prince of Persia. En vano eran los pedidos de la madre para que el nene saliera a jugar a la calle. A él que lo dejaran con los jueguitos.

Este joven que estudió música en Buenos Aires y que vivió en Estados Unidos dando clases de español, está en La Plata desde 2009. Había llegado para hacer las veces de enfermero de su mamá que tenía que operarse, y justo el día en que a ella le dieron el alta, a Federico lo convocaban de una empresa local dedicada al testeo de juegos electrónicos, aplicaciones y páginas de internet. El día esperado había llegado. “Era un súper trabajo” recuerda Koch. “Me estaba pasando lo mismo que a los flacos de la revista Top Kids” dice escondiéndose detrás de la pantalla de su notebook.

Su excelente nivel de inglés -ahora se dedica a dar clases particulares- y su experiencia como “gamer” (persona que juega mucho y bien a los jueguitos) hicieron que calificara para el puesto, previo contrato de confidencialidad que protegía el negocio millonario para el que trabajaría.

Para que uno pueda jugarse un partidito al FIFA13- el fútbol de Electronicts Arts que supo vender 7.4 millones de copias en 4 semanas- centenares de jóvenes, entre ellos Federico, expusieron al máximo la aplicación, desde su fase alfa hasta la versión acabada: movimientos de jugadores, diferentes modos de abordaje, los festejos de los goles, las barras de menús, todo.

Durante cinco años, la tarea de Federico como tester consistió en encontrar los “agujeros” o errores que las aplicaciones traían de fábrica. Luego, reportarlos a Estados Unidos o Canadá para que los programadores reparen los códigos. Una vez que se corregían, continuaba la búsqueda de alguna otra falla que a futuro pudiera entorpecer la jugabilidad del usuario. Así constantemente… ¿Pero jugar? Poco y nada.

A pesar de conocer la cocina del juego y de aparecer en los créditos del FIFA, todavía nunca pudo ganarle un desafío a su hermano de 12 años: “Me caga a goles” dice Federico entre risas.

Ser tester de video juegos puede representar un empleo del futuro si se tiene en cuenta que la industria ha superado a la del cine en los últimos años, pero para Federico ya es cosa del pasado. Harto del bajo salario y de las condiciones de precariedad en las que trabajaba, en septiembre de último año decidió alejarse. Sin embargo, su pasión por los video games sigue intacta: en la actualidad pasa noches enteras con el Crusader King II, un juego de estrategia y rol que transcurre en la edad media y al que ya le dedicó más de 1100 horas. Algo así como, uf, 45 días completos.

EXPERTOS EN COMPRAS

¿Cómo se imagina a una señora de 60 años un sábado a las 5 de la tarde? ¿De jogging arreglando sus plantas? Nada de eso… Gloria Blanco (62) le hace honor a su apellido y a su trabajo: recibe a este cronista elegante y perfumada: “Una Personal Shopper no puede relajarse en ningún momento”, dice Gloria, “si tengo que salir a hacer compras al súper, también me arreglo”.

Esta abogada y mediadora pronta a jubilarse del Poder Judicial, desde hace tres años se desempeña como Personal Shopper. Es decir, ayuda a elegir a sus clientes en la compra de objetos, regalos y principalmente prendas de vestir. Parece sencillo, y parece una asistencia innecesaria. Pero no todo es lo que parece.

El corte de pelo adecuado según el rostro que se tenga, la elección de un accesorio y todo lo vinculado a mejorar la imagen, es aquello a lo que se aboca esta mujer: “al contrario de lo que se cree”, dice Gloria -con tono de princesa de Mónaco-, “la tarea principal del Personal Shopper es hacerle ahorrar tiempo y dinero al cliente”.

Salir de compras con “Glori” será la última de las etapas: antes, ella medirá a través de un estudio de pigmentación su tono de piel, estudiará cuales son los colores de prendas que mejor le irán, descubrirá el tipo de cuerpo que tiene, e intentará reconocer sus potencialidades: “Es muy importante reconocer si el cuerpo es rectangular, triangular o circular”, dice Blanco formulando un teorema.

Una vez que ella tenga realizado el análisis preliminar de quien la contrató, y que conozca su presupuesto, saldrá sola a recorrer casas de ropa en busca de esos artículos que considere adecuados. “Anoto los códigos de las prendas para el día en que salgamos de compras”, afirma la Personal Shopper. Una jornada, advierte, no debe extenderse más de tres horas. Blanco cobra, por hora, $ 250 pesos.

Si bien es cierto que atiende tanto hombres como mujeres, reconoce que son las damas entre 35 y 55 años las personas con las que más disfruta hacer este trabajo: “los hijos, el trabajo y los maridos deterioran a las mujeres”, afirma esta señora de piel tersa, “el trabajo sólo servirá si ellas pueden levantar la mirada, alzar sus hombros y gustarse nuevamente”.

La rutina de su trabajo en judiciales, y los más de 20 años como docente de Derecho Administrativo la habían cansado. “Me quise renovar y de grande hice el curso de asesora de imagen”, recuerda Blanco, abuela de una niña de 15 con la que nunca falla a la hora de hacerle regalos. “Mi marido dice que ella me dora la píldora para que le siga regalando cosas”.

A pesar de que esta actividad tiene su mercado fuerte en Capital Federal, ella prefiere abocarse al medio local. Es por esto que trabaja con platenses, las compras se hacen en los locales de la ciudad y apunta a un amplio target: “esto no es para gente del Jet- set”, avisa Gloria, “yo trabajo con amas de casa. Es decir, personas comunes”.

ARMa TU PROPIA RED

Para cuando se le presentó la posibilidad de entrar en la Subsecretaría de Entidades y Colectividades, recién había salido Facebook, Twitter no existía y Tania Araujo (28) ni siquiera era diseñadora. Todavía estudiaba en Bellas Artes la carrera de Diseño en Comunicación Visual y en su haber, tenía apenas unas tarjetitas de presentación. “Una amiga me avisó que había una vacante y entré como diseñadora”.

En principio, se dedicó a la imagen y diseño de los eventos que promovía la Subsecretaría. Los años pasaron, la tecnología avanzó, las redes sociales crecieron y surgieron nuevos puestos de trabajo. “Hice un curso de Community Manager y así arranqué”, dice Tania quien logró hasta el momento que la Subsecretaría tenga 814 seguidores en Twitter y 229 en Facebook. Todo mérito propio.

Pero, un momento: ¿de qué hablamos cuando hablamos de Community Manager? Bien, es un profesional en redes sociales encargado de construir, gestionar y administrar la comunidad online de una marca en internet.

¿Cómo captar adeptos? Esa es su misión. Y para ello, hay que ser innovadores, audaces, estar actualizados y conocer las luces y sombras de la web. En fin: hay que entender el paño. “En Facebook, por ejemplo, de nada sirve colgar 1000 fotos”, dice Tania. “Y en Twitter lo que pasó hace una hora ya es viejo. Para que los mensajes puedan tener real alcance es fundamental arrobar o etiquetar a personas con un alto klout”, dice Tania y todo parece chino básico. “Es la influencia social que tiene esa persona”, agrega en criollo.

Antes de irse de la oficina, la community manager deja programados algunos tweets y mensajes de face para que salgan en horarios claves. “Entre las 20 y las 21 algún mensaje hay que mandar”, afirma y recalca: “programarlos con anticipación te permite adelantar trabajo”.

Detallista y obse, pocas fueron las veces donde cometió un error. “Una vez puse mal la fecha de una fiesta en un flyer, nada grave”, dice esta administradora de redes, a quien le gusta chequear y controlar especialmente la ortografía. A pesar de cumplir jornadas de 10 horas y de trabajar fines de semana, no reniega. “Para hacer bien tu trabajo lo tenés que amar”, dice, orgullosa.

Ella no sólo se encarga de difundir las actividades, eventos y fiestas que promueve la Subsecretaría. Junto al staff se encarga del armado y de reunirse con las autoridades de las colectividades para ver qué quieren comunicar. “Hay veces”, se entusiasma Tania, “que hasta nos ponemos a animar las fiestas”. No todo en la vida pasa por un teclado. En la vida real, las community managers también saben cómo divertirse.

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