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El asfalto vuelve a sufrir en numerosos sectores

Se suman reclamos por calles en las que es casi imposible circular sin romper el auto

Diagonal 74 y 21; 74 entre 1 y 2; 141 y 32 y diagonal 75 entre 17 y 18 son apenas algunos de los tramos que piden auxilio urgente

Se suman reclamos por calles en las que es casi imposible circular sin romper el auto

en 74 entre 1 y 2 el asfalto no da más. Es apenas un ejemplo del deterioro de las trazas / alex meckert

La paulatina desintegración de las calzadas del ejido fundacional platense y su periferia no se detiene. A despecho de los programas municipales de bacheo que se iniciaron hace dos años -y en ocasiones como secuela de éstos, ya que existen pozos que resurgen con mayor profundidad bajo arreglos efímeros-, muchas calles muestran un grado de deterioro tal que preocupa a los automovilistas y potencia riesgos viales.

Los ejemplos abundan; en los últimos días, recrudecieron las quejas de quienes transitaron por tramos de diagonal 75 entre 17 y 18 -dos baches por rajaduras y hundimiento del hormigón-, 19 y 54 -sentido descendente-, 60 entre 17 y 18 -sentido descendente-, 2 y 55, y 61 entre diagonal 74 y 21 -donde el tercer arreglo consecutivo del municipio acaba de desaparecer dejando varios cráteres de considerables dimensiones-.

Desde 74 entre 1 y 2 se dijo que “no queda otra que elegir en qué pozo meterse, porque no se pueden esquivar todos”. En San Carlos, vecinos de 141 y 32 expresaron que “ya casi ni se puede salir del barrio”, y se quejaron de que “desde 138 a 140, la 32 tiene dos lomos de burro desgastados que dejaron de ser preventivos para generar peligro”.

En pleno costado sudoeste de la avenida de Circunvalación, donde las velocidades son elevadas y los desvíos y reducciones de calzada por las obras hidráulicas son moneda corriente, acotando la maniobras posibles, un filoso bache a la altura de 57 -mano ascendente- es como una mina antipersonal para las cubiertas y suspensiones.

A pesar de los anuncios de recuperación de superficies de rodamiento formulados por las autoridades locales en el otoño pasado, la red vial de buena parte de Villa Castells permanece en pésimo estado. Hundimientos, crestas y baches de diferentes tamaños son la constante en el asfalto de la zona comprendida entre 10, el parque Atilio Boveri (13), 495 y 501.

La lista podría ser interminable En este contexto, también los adoquinados y sus usuarios frecuentes padecen la decadencia. Mientras la Comuna “evalúa que hacer” con las calzadas patrimoniales protegidas por ordenanza, sin encarar arreglos temporarios, expone a los platenses a que rompan sus coches, o salga volando y dañe personas o propiedades alguna de las piezas de granito sueltas en 12 y 64, 12 y 66, 60 entre plaza Tacuarí y plaza Matheu -1 y 66-, entre otros lugares.

La vida útil de las capas asfálticas tendidas hace diez o quince años está llegando a su fin de manera traumática y masiva. Y hay cuadras en las que no se realiza mantenimiento desde hace veinte años. Así, llevarse por delante un cráter de diez centímetros de profundidad, con bordes perpendiculares, no es inusual, y puede redundar en un golpe letal para las finanzas familiares.

Los talleristas de la ciudad señalan que “el estado de las calles se nota en la creciente demanda de la gente para reparar partes de los trenes delanteros, que son los que más sufren porque reciben el primer impacto de los pozos”.

Tareas como rectificar llantas metálicas abolladas -o darles puntos de soldadura a las de magnesio-, cambiar crucetas, bujes, parrillas y pre-caps, o reponer amortiguadores, se multiplican al ritmo de los baches.

De acuerdo con los expertos en pavimentos, la antigüedad del grueso de las calzadas platenses, tanto hormigonadas como asfaltadas, sobrepasa largamente todos los índices recomendables.

Además de la edad, entre los factores que provocan el deterioro de los pavimentos, el clima tiene un papel clave. Y el calor es un enemigo feroz de las calles: cuando hay grietas, el agua de lluvia penetra, deteriorando las capas inferiores de las calzadas, se pierde sustentación y se generan hundimientos. A mayor temperatura de ese líquido infiltrado, lo que ocurre en temporada estival -y olas de calor como la reciente-, el efecto es peor.

 

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