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Editorial

Justificadas protestas por el deficiente servicio de agua

Justificadas protestas por el deficiente servicio de agua

Los padecimientos sufridos en lo que va de este enero por vecinos de casi todos los barrios platenses a raíz de la falta de agua o de suficiente presión en el suministro durante lapsos prolongados obligan, una vez más, a reclamar de la empresa responsable y de las autoridades provinciales que se garantice, cuanto antes, una mejora integral de la prestación, acorde a las justificadas demandas de la población. Cabría agregar que esta situación no es de ahora, sino que se registra a lo largo de los doce meses del año, aún cuando se ve acentuada en la actualidad y se convierte en más penosa por efectos del calor propio del verano.

Si bien pudieran ser atendibles argumentaciones esgrimidas por ABSA en el sentido de que durante varias décadas no se volcaron inversiones imprescindibles para el mantenimiento de las redes de captación y distribución de agua en la Región, el hecho de que las deficiencias hayan arreciado últimamente y las crecientes demoras en que incurre la empresa para resolver las fallas abren un serio interrogante sobre la calidad del servicio que se brinda en la actualidad a centenares de miles de usuarios.

Tampoco puede ignorarse el hecho de que tales expresiones se formulan cuando crecen las quejas en estos días contra la –si se quiere, paradójica- suba tarifaria en el servicio de agua potable y cloacas.

Cortes reiterados en el servicio; barrios densamente poblados que carecen de redes domiciliarias; agua que suele salir marrón de las canillas del hogar; miles de usuarios obligados a juntar agua de noche, mediante una suerte de provisión por goteo que apenas llega a los tanques; creación de cisternas domiciliarias para contar con alguna reserva, confrontado todo ello con las también paradójicas y prolongadas pérdidas de agua en las redes; demoras indefinidas de la empresa para resolver estos y otros problemas de la prestación, exhiben parte de una realidad que la concesionaria no atiende en forma debida.

No debiera ser preciso señalar que la empresa abastecedora, en forma prioritaria, se encuentra obligada a ofrecer un servicio de agua constante y confiable.

Sin embargo, tal como se ha dicho en forma insistente en esta columna , lo que en realidad ocurre es que miles de usuarios no cuentan con la garantía de poder acceder de manera confiable al consumo, de modo que -si el valor que paga cada uno de ellos está subordinado al servicio que se brinda, tal como debiera ocurrir con las tarifas- es esencial que la empresa ABSA cumpla cabalmente con su prestación y la mejore en forma sustancial. Algo que, bien se sabe, no ocurre o, en todo caso, sucede con demasiadas imperfecciones.

Es de esperar, entonces, que la empresa y las autoridades provinciales analicen a fondo estos y otros argumentos, sin perjuicio de que impulsen perentorias medidas para garantizarle a la población un suministro del servicio que se encuentre, al menos, a la altura de las exigencias mínimas.

Cabe reconocer que en gran parte, como en toda la infraestructura, se debe a la falta de atención gubernamental durante décadas, especialmente en los últimos veinte años, en relación a este servicio. Pero algunas dificultades podrían superarse con empeño y más eficiencia.

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