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Se perdió una oportunidad
Se perdió una oportunidad

Diego Maradona

Por: EDUARDO TUCCI
deportes@eldia.com

20 de Noviembre de 2019 | 02:55
Edición impresa

Estamos frente a un caso sin muchos antecedentes. Es raro, casi imposible que en un medio tan plagado de controversias, como el del fútbol, alguien que contaba con el apoyo de todos quienes forman parte de la vida de un club decida irse. Cuando decimos todos están incluidos los hinchas –fue palpable ese respaldo en las tribunas durante cada presentación tripera-, las distintas facciones que componen la vida política gimnasista y los jugadores, actores decisivos en cualquier empresa futbolística.

No pudo ser. La relación Gimnasia-Maradona tuvo un abrupto final en medio de infinidad de interrogantes que quedaron sobrevolando la siempre controvertida escenografía mens sana. También la sensación de que se dejó pasar una oportunidad. ¿Se hizo todo lo posible para abortar la brusca finalización de un ciclo que sólo llevaba poco más de dos meses? ¿Se excedió Diego en su decisión? Dudas pendientes. La primera, estará a cargo de los hombres que dirigen o se aprestan a hacerlo los destinos del club develarla.

Sobre la decisión del diez se repite la historia. En Racing, apoyó la candidatura de Juan De Stéfano en 1995 y decidió dar un paso al costado tras el triunfo en las urnas de Osvaldo Otero: “Cualquiera se moriría por dirigir a Racing. Yo estoy orgulloso de hacerlo, pero soy un hombre de palabra”, dijo Maradona en aquel entonces.

Más allá de lo que representa Diego para el fútbol mundial, su presencia –tras 23 años y cuatro meses sin trabajar como DT en Argentina- le dio vida y despertó las esperanzas en la tribuna del Lobo. Es que futbolísticamente, más allá que los números no fueron redondos, empezó a tomar cuerpo una interesante apertura, aires de renovación en el equipo –Paradela, Miranda, por citar sólo algunos nombres-, además de un paulatino reordenamiento en el juego que abrigaron expectativas.

De un plantel flaco en individualidades, que no había recibido a comienzos de temporada los retoques que hubieran hecho falta, empezaron a surgir aportes interesantes que reflotaron las esperanzas. Pese al raro derrotero de un equipo que no puede cantar victoria de local hace mucho tiempo, los triunfos y las goleadas como visitante dejaban abierta las puertas a la añorada victoria en 60 y 118.

Pero en 9 días todo cambió. La euforia que generó el cómodo 3-0 sobre Aldosivi en Mar del Plata terminaría desembocando en horas plagadas de idas y vueltas, controversias y portazos. Del cambio de ánimo que empezaba a insinuarse, de los planes del entrenador para 2020, el salto al vacío, las posiciones que no lograron conciliarse y el abrupto final.

Decíamos el 8 de septiembre: “Gimnasia no se salvó del descenso pero paró el descenso. Después de meses (¿o años?) de vivir tropezando, con los sobresaltos como compañero de ruta y penando, los triperos hace una semana que piensan para arriba. La llegada al Lobo de la figura más convocante del deporte argentino en toda la historia lo hizo. La pasión por Maradona pudo mucho más que cualquier tabla de promedios, aunque esto no quiere decir que la situación haya dejado de ser apremiante y que Gimnasia jugará una final en cada fecha”.

Hoy se abre un nuevo capítulo. Otro desafío. Con la premura que marcan los promedios, con la necesidad imperiosa de no volver a tropezar...

 

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