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Bolivia, entre muertes, protestas y pujas de poder
8 de Noviembre de 2019 | 01:22
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LA PAZ

El líder opositor boliviano Luis Fernando Camacho buscaba poner en jaque al presidente Evo Morales, al insistir en entregarle personalmente una carta de renuncia que espera que firme, mientras arreciaban las protestas en el país, que ya dejaron tres muertos y unos 200 heridos.

Camacho había anunciado que entregaría la carta a Morales, quien seguramente no la firmará, pero ahora dijo que próximamente avisaría qué “día y hora” la llevará, descartando dejarla en “una ventanilla” de la casa de gobierno.

“No nos vamos a mover hasta que podamos hacer entrega efectiva de la carta” a Morales, declaró Camacho en La Paz, un día después de llegar desde su ciudad natal de Santa Cruz, la más rica de Bolivia y bastión opositor.

Paralelamente, los llamados al diálogo se multiplicaban tras violentos choques entre leales y opositores a Morales, en el poder desde 2006 y reelegido para un cuarto mandato en las cuestionadas elecciones el 20 de octubre.

Los obispos bolivianos iniciaron gestiones preliminares con las autoridades para establecer un diálogo. “Ya se ha tomado contacto con el gobierno, estamos esperando la respuesta”, dijo el arzobispo de Sucre, Jesús Juárez.

En coincidencia con la llegada de Camacho a La Paz arreciaron las protestas en Bolivia: una persona murió y decenas resultaron heridas en la ciudad central de Cochabamba.

En total tres fallecidos -todos opositores- y unos 200 heridos dejan las protestas contra la reelección de Morales, que estallaron hace más de dos semanas.

El ex presidente Carlos Mesa (2003-2005), segundo en las elecciones, culpó a los cocaleros de Cochabamba, partidarios de Morales, por los hechos de violencia en esa ciudad.

Además, la alcaldesa del poblado de Vinto, vecino a Cochabamba, la oficialista Patricia Arce, fue agredida por una turba de vecinos el miércoles, una acción que un día después causó rechazo dentro y fuera del país, por parte de sectores del oficialismo y la ONU.

Arce fue golpeada y humillada públicamente por airados vecinos que le arrojaron pintura roja en la cabeza, le cortaron el cabello y la obligaron a caminar descalza por las calles del pueblo.

Con un cuchillo en el cuello, sus agresores intentaron forzarla a que renegara de sus ideas políticas, pero ella dijo que prefería morir. Finalmente fue rescatada por la policía. Sus atacantes además quemaron la sede municipal.

“Naciones Unidas deplora la violencia y trato inhumano ejercido sobre la alcaldesa del municipio de Vinto, al igual que las agresiones realizadas a otras mujeres, hombres, jóvenes, niñas y niños”, dijo la oficina local de la organización en un comunicado.

LLAMADOS AL DIÁLOGO

Bolivia está entrampada en dos posiciones radicales tras el polémico escrutinio que le dio la reelección en primera vuelta a Morales.

El mandatario izquierdista indígena hace oídos sordos a los reclamos opositores que lo acusan de buscar ganar tiempo para perpetuarse en el poder tras aceptar una cuestionada auditoría electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA).

La oposición exige su dimisión, la anulación de los comicios y la convocatoria a nuevas elecciones sin que él sea candidato.

Morales, por su lado, afirma que los comicios fueron limpios y exige respetar sus resultados.

Al llamado al diálogo se sumó el ex presidente boliviano Eduardo Rodríguez-Veltzé (2005-2006): “Sólo la paz, la tolerancia, el respeto por la vida y la dignidad permitirán abrir un diálogo constructivo para asegurar la convivencia democrática”, escribió en Twitter.

Aliada del gobierno, la Central Obrera Boliviana (COB) también hizo un “llamado de paz a todo el pueblo boliviano”, a través de su dirigente principal, Juan Carlos Huarachi.

“Hay una vía de diálogo, de salida institucional, es el informe que realiza la OEA”, declaró el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera.

El proceso de verificación “lo ha aceptado Estados Unidos, la Unión Europea, los Países No Alineados, la comunidad internacional”, agregó. (AFP)

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