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Un clásico gratis en La Plata: Vicentico maneja un remise y quiere salvarse importando "Los Guantes Mágicos"

Esta noche, desde las 19.30 en el Select, se proyecta el galardonado filme de 2003 de Martín Rejtman en el marco del ciclo "7 películas que debes ver antes de morir"

Un clásico gratis en La Plata: Vicentico maneja un remise y quiere salvarse importando "Los Guantes Mágicos"

Alejandro, un tipo de unos 35 años atravesando un periodo de separación y crisis, maneja un remise, pero “es” su remise, un Renault 12 destartalado al que los años se le han venido encima de golpe, y que debe vender si quiere ingresar en el típico “negoción” criollo: la importación de guantes mágicos del exterior para vender en el invierno vernáculo.

Alejandro es un personaje típicamente “rejtmaniano”, un hombre de pocas palabras lanzadas a oídos no necesariamente interesados, que muchas veces no dicen nada (a veces, parecen decirlo todo), y que se verá envuelto en una serie de situaciones que lo exceden y que atraviesa, aparentemente, sin verse demasiado afectado, en “Los Guantes Mágicos”, que se verá esta noche, desde las 19.30, en el Cine Select, en el marco del ciclo gratuito "7 películas que debes ver antes de morir” que presenta Santiago Motorizado.

Y Alejandro no es otro que Gabriel Fernández-Capello, más conocido como Vicentico, el cantante que ya había sido actor con Rejtman en “Silvia Prieto”. “Me quedé con ganas de seguir trabajando con él”, cuenta el realizador en diálogo con EL DIA, “y en un momento me vino una imagen de él en camisa, peinado de manera formal manejando un remise que fuera un Renault 12: a partir de ahí empecé a escribir el guion”.

Esa fue la semilla de “Los Guantes Mágicos”, estrenada en 2003, y que se verá en La Plata otra vez, esta vez en un versión restaurada en 4K que solo se vio el año pasado en el Festival de Mar del Plata y en la Cinemateca de Lisboa; más de quince años después, muchos elementos siguen resonando, como, claro, la importación de unos guantes que pueden ser una mágica salvación para todos los problemas.

Rejtman, sin embargo, desestima que puedan trazarse paralelismos demasiado obvios. “Escribí la película cuando estábamos en el 1 a 1. Y después vino la crisis del 2001: en un momento las condiciones cambiaron tanto que la idea de la importación parecía irreal… y después se acomodó todo como para que la película fuera actual nuevamente. Es lo que pasa todo el tiempo, se actualiza y se desactualiza, las crisis van y vienen”, afirma risueño, y recuerda que mostrando la película en el exterior, le decían que la película habla de la crisis en Argentina. “Y yo les decía ¿qué crisis, cuál de todas?”

Es que, dice el cineasta, “no pienso mis películas en términos de temas, es decir, qué temas voy a tratar en mis películas. Pienso en función de personajes y de situaciones, los temas van saliendo de las escenas que se van armando. La coproductora francesa decía que era una crítica al capitalismo, algo que jamás me voy a poner como premisa; si después se lee de esa manera no tengo problema, pero no es la manera en que trabajo”.

Y relata que, de hecho, lo de los guantes mágicos no fue necesariamente una aguda crítica a los sueños inevitablemente fútiles de enriquecimiento veloz que acontecen en esta patria en perpetua crisis, sino que “surgió a partir de un amigo que importaba guantes mágicos y estaba contento porque venía una ola de frío e iba a poder vender todos. Lo que pasa en la película es bastante parecido a lo que le pasó a él: de hecho, los guantes que aparecen en la película me los prestó él. Y muchas de las cosas que pasan en mis películas pasaron en la vida real y yo las meto en la ficción”.

Eso recuerda hoy Rejtman, tras quince años en los que no volvió a verla, ni siquiera durante el proceso de restauración. ¿La razón? “No sé… ya hay que pasar a la siguiente”, dice sin pretensiones. Hace 15 años, Rejtman ya era el cineasta críticamente aclamado que es hoy. A la vez, ya era también un cineasta que escapaba clasificaciones y tendencias, y por tanto, una especie de paria famoso en la industria: un cineasta que no hacía un cine “artístico”, pero tampoco comercial, escapaba al dinero de las grandes productoras pero también al interés festivalero. Un cineasta que no declamaba consignas políticas, y cuyos personajes antiteatrales decían textos que han sido sobreanalizados y malinterpretados, que ayudaban a que el tono general de sus películas no abonara al realismo.

“Cuando los diálogos son vacilados o se empiezan a repetir las palabras me hacen ruido, me suena inverosímil. Detesto la pretensión de naturalismo: es lo menos realista que hay, es lo más falso. Porque el cine es el cine, la realidad es la realidad. No entiendo aquello de hacer coincidir la realidad con el cine. Es un gran malentendido”, afirmó alguna vez Rejtman, Pero, claro, en aquel contexto en que emergió, ese cine realista de denuncia que tapaba la acción con bajada de línea era norma: su irrupción rebelde en ese panorama lo convertiría, a regañadientes, en el padre de la renovación formal llamada Nuevo Cine Argentino.

Pero a pesar de los lauros, los motes, los aplausos, hoy, dice, la misma falta de interés de quienes financian el cine sigue ocurriendo. Es más, dice, “yo pienso que es cada vez peor: es cada vez más difícil, aunque debería ser más fácil”: Rejtman, un nombre consagrado, lucha mientras charla por teléfono para conseguir fondos para su próxima película, “porque mis películas no son directamente políticas o sociales, en el sentido más burdo, porque todo cine es político”, y, claro, afuera interesa un cine latinoamericano explorador de la pobreza, el hambre, las crisis, que reafirme lo que Europa piensa de nosotros.

Pero lo peor de todo, dice él mismo, no es que su cine no sea realista: lo peor es que hace comedias. Y para colmo, comedias “que no lo son en el sentido tradicional del género. Ya decir que vas a filmar una comedia te cierras muchas puertas”.

“Realmente es muy difícil: de hecho, hasta me planteo si voy a seguir filmando después de esta película, porque estoy un poco cansado”, sorprende Rejtman. Está agotado del fragor, pero no puede dejar de luchar por “La Práctica”, su próxima película, que ya tiene aportes de Portugal, Chile, Holanda y Alemania, y busca más ayuda “porque necesitamos la plata”.

“Pero cada país tiene exigencias sobre cómo y dónde se tiene que gastar ese dinero”, dice resignado. “Por eso quizás estoy medio escéptico y pesimista: no soy siempre así”.

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