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Opinión |PANORAMA BONAERENSE
Sin cambios en el cronograma electoral, la política apura las primeras definiciones

José Picón

Por: José Picón
jpicon@eldia.com

14 de Marzo de 2021 | 02:36
Edición impresa

Si no se registra un viraje de último momento con tono de drama, Axel Kicillof se encamina a ratificar en el lapso de las próximas tres semanas la realización de las elecciones Primarias. El decreto del mandatario otorgará certeza al 8 de agosto como el día en el que los bonaerenses deberán concurrir a las urnas en la cita previa de las generales de octubre.

Será en un contexto muy particular dibujado por la pandemia y, acaso, por la llegada de una segunda ola de contagios de coronavirus que los encargados de las políticas sanitarias se empeñan en resaltar.

La decisión de Kicillof no se trata de una concesión. Por el contrario, surge impuesta por la ley de Primarias que rige en la Provincia y que lo obliga a formalizar el llamado a elecciones en un plazo no menor de ciento veinte 120 días ni mayor de ciento cincuenta 150 días anteriores a la fecha de realización de las mismas.

“El calendario electoral no ha sufrido alteraciones”, aseguran en el Ejecutivo bonaerense. La definición va en sintonía con la abrupta pérdida de volumen que sufrió aquella embestida nacional liderada por gobernadores peronistas del norte del país para suspender estos comicios con la excusa de la pandemia. Hoy esa alternativa pareciera no tener registro en el radar del oficialismo.

Con ese escenario aparentemente despejado de incertidumbre, la política bonaerense dará en los próximos días pasos determinantes con impacto asegurado sobre los armados electorales del Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

El martes por la noche el PJ bonaerense tiene que tener definida la lista de unidad que tomará la conducción del partido y que estará liderada por Máximo Kirchner. El dato político de un recambio que trajo tironeos y presentaciones judiciales pasa por el encumbramiento del jefe de La Cámpora y el amplio margen de maniobra que, se prevé, tendrá para la definición de candidaturas.

“De la interna de la UCR emergerá un radicalismo acaso más combativo frente a los designios del PRO”

Los intendentes peronistas, que terminaron aceptando -algunos incluso promoviendo- al diputado nacional, libran por estas horas un fuerte puja para conseguir espacios de representación importantes en la mesa de conducción. En ese delicado equilibrio aparecerían con lugares asegurados Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), quien anudó un sólido acuerdo con Máximo al punto que se dice que habría un compromiso para hacerlo jugar en las ligas mayores de la Provincia en 2023, la camporista Mayra Mendoza (Quilmes), Marisa Fassi (Cañuelas) y Mariano Cascallares (Almirante Brown). También el matancero Fernando Espinoza.

La zona norte del Conurbano aportaría a los albertistas Gabriel Katapodis (ministro y ex alcalde de San Martín) y Juan Zabaleta (Hurlingham). Se menciona además a Maricel Fernández, la intendenta de Moreno ligada al Movimiento Evita pero de buena sintonía con el camporismo.

Esos movimientos acaso tengan que ver con una batalla por venir y que algunos de estos alcaldes comienzan a imaginar como parte de su futuro político. Si no se los libra del cepo de la ley que limita las reelecciones, tendrán que definir sucesores en sus distritos que quizás deban lidiar con oponentes internos auspiciados por el propio presidente del partido. La encerrona desvela a más de uno.

La oposición puede que también esté comenzando a transitar tiempos distintos, al menos en lo que refiere a cierta hegemonía que el PRO supo desplegar sobre el resto de Juntos por el Cambio. La interna radical del domingo próximo es un elemento insoslayable para ese análisis.

Maximiliano Abad y Gustavo Posse librarán una batalla de alto impacto por la conducción partidaria. De ese enfrentamiento, más allá del resultado, emergerá un radicalismo acaso más combativo frente a los designios del PRO.

El sector de Abad exhibe afinidad con María Eugenia Vidal, que de hecho le expresó su apoyo. Pero existe una lógica que puede estar cambiando: la ex gobernadora ahora trabaja desde el llano y ni siquiera ha dicho si será candidata. Enderezar la proa de la UCR hacia ese destino enigmático aparece, por lo menos, teñido de riesgo.

Un eventual triunfo de Posse, en tanto, tendría ya no sólo impacto en la Provincia, sino también más allá de sus fronteras. Hay quienes estiman que el principal auspiciante del alcalde de San Isidro, Martín Lousteau, quedaría a medio paso de ejercer la virtual conducción nacional de la UCR. En territorio bonaerense podría tomar fuerza la idea de que Juntos por el Cambio dirima sus diferencias en las Paso, una alternativa que la coalición siempre procuró esquivar y que Posse levantó como bandera durante la campaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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