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Opinión |PANORAMA BONAERENSE
La mirada propia de Kicillof sobre la pandemia: palos a Larreta y malestar con Alberto

José Picón

Por: José Picón
jpicon@eldia.com

2 de Mayo de 2021 | 02:40
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Se lo vio un tanto incómodo. También, quizás un poco más acorde a su estilo, enfático. Esa dos pinturas sobre el ánimo que exhibió sin tapujos Axel Kicillof sobre el final de la semana en la conferencia de prensa en la que anunció el nuevo plan oficial bonaerense para enfrentar la pandemia, también pueden leerse en clave política. Quizás ayuden a describir esa mezcla de sensaciones que conviven hoy en el Gobernador.

En el Ejecutivo provincial aguardaban que Alberto Fernández fuera un poco más allá con las restricciones que finalmente dispuso para enfrentar la segunda ola de contagios. Algunos de sus funcionarios fueron enfáticos durante los días previos en la necesidad de un cierre fuerte por entre dos y tres semanas para frenar la circulación del virus y evitar, afirman, el colapso del sistema sanitario. Por eso, para la Provincia, la decisión del Presidente se quedó corta.

Quizás no haya mejor muestra para graficar ese malestar de Kicillof que aquella frase que disparó el viernes: “No hay que decidir mirando las encuestas”, sostuvo al reconocer que las restricciones generan un amplio rechazo ciudadano. Tuvo mucho de dirigida a Horacio Rodríguez Larreta, transformado ya desde hace un tiempo en el blanco preferido del oficialismo, producto de su rechazo a dar marcha atrás con las clases presenciales. Pero también impactó en parte sobre la Casa Rosada.

Algunos funcionarios de Kicillof no terminan de digerir cierta actitud del Presidente que juzgan condescendiente con el alcalde porteño. Molestó, por caso, aquella reunión entre los jefes de gabinete de las tres jurisdicciones en la que prácticamente no se resolvió ninguna medida. La lectura en la Gobernación era que esa instantánea sólo le sirvió a Larreta.

Esa incomodidad quedó plasmada además en el renglón de las diferenciaciones. La Provincia terminó adhiriendo al DNU de Alberto Fernández, pero le añadió la puesta en marcha de una serie de medidas de índole social que, por otro parte, refleja la mirada de fuerte preocupación por la situación que viven los sectores más postergados del Conurbano, donde el incesante aumento de los precios de los alimentos empuja cada vez más gente a la pobreza.

“El Gobernador se terminó abrazando a la idea de que al menos había que garantizar el funcionamiento de comercios y de la construcción”

 

Esa decisión tiene, además, una mirada política. Es justamente ese sector social, el principal punto de apoyo electoral del oficialismo.

En la Gobernación se habían terminado de convencer de que el cierre total no tenía viabilidad. “Sin IFE (la ayuda de emergencia nacional que rigió durante buena parte del confinamiento del año pasado), no hay chances de volver a fase 1”, admitían en las última horas en la Gobernación. Ese plan no aparece en los radares oficiales ni en la hoja del ruta del ministro de Economía, Martín Guzmán. Tampoco en el Presupuesto de 2021.

Esa es una de las razones por las que Kicillof se terminó abrazando a la idea de que al menos había que garantizar de algún modo que siguieran en pie con algunas limitaciones las actividades comerciales y de la construcción.

La oposición afronta también un escenario de roces. La más palpable, con impacto en la Provincia, la que libran el ala moderada y la más dura del PRO corporizada en las figuras de Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich.

Esa disputa excede la diferencia de visiones sobre el manejo de la pandemia y las clases presenciales, motivo de la crítica de la ex ministra de Seguridad al alcalde porteño. Se trata de una pulseada aún más potente, íntimamente ligada a las aspiraciones presidenciales de Larreta y su armado bonaerense al que resiste el macrismo más ortodoxo.

Como principal escudera del legado político de Mauricio Macri y del antikirchnerismo, Bullrich resiste el desembarco de Diego Santilli, el preferido de Larreta para encabezar el armado bonaerense de Juntos por el Cambio. Cuenta con un aliado central: el intendente de Vicente López, Jorge Macri. Como al pasar, el primo del ex presidente lanzó que en medio de la pandemia, ningún funcionario debería distraerse en otra cosa que no sea ocuparse de la crisis sanitaria. Un palo sin escalas para el plan Santilli.

Esas resistencias vuelven sobre la figura de María Eugenia Vidal. La ex gobernadora levantó el perfil y sigue sin definir futuro político y rol electoral: si jugará en Provincia o en Capital, apadrinada por el alcalde porteño. El principal espacio opositor aguarda la decisión de la ex gobernadora, que acaso pudiera ordenar el tablero bonaerense y evitar una interna desgastante. Pero Vidal se aferra al misterio y aguardará algún tiempo más para resolver. Larreta sueña con concretar el enroque de jurisdicciones de sus dos alfiles. El macrismo duro es la pesadilla de su plan.

 

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