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"El castillo": el sueño de la mansión propia (y sus bemoles)

El cineasta Martín Benchimol muestra en La Plata su última película, retrato de la historia de Justina, una empleada doméstica que hereda el castillo en el que trabaja, con una condición: no puede venderlo

"El castillo": el sueño de la mansión propia (y sus bemoles)
Pedro Garay

Pedro Garay
pgaray@eldia.com

2 de Diciembre de 2023 | 01:27

Hace 7 años, Martín Benchimol filmaba “El Espanto” en una mansión, cuando encontró a Justina Olivo trabajando en las inmediaciones. “Imaginé que era la empleada de la casa: le pedí conocer el lugar y me dijo que era la dueña, lo cual sacudió mis prejuicios”, relata el director. 

Benchimol ingresó al castillo, y allí conoció a Justina, también a su hija Alexia: Justina había trabajado como empleada doméstica toda su vida, pero al morir su antigua empleadora le heredó la enorme mansión. Con una condición: no podía venderla.

“Me enteré de sus historias y hasta tuve el impulso de abandonar el rodaje y comenzar a filmarlas”, se ríe hoy Benchimol, en diálogo con EL DIA. Pero se alegra de no haberlo hecho: comenzó entonces una amistad de varios años, que terminaría siendo clave para construir la confianza necesaria para filmar “El castillo”, retrato que cuenta la historia de Justina, Alexia y esa mansión, un regalo fabuloso y un lastre a la vez. La película se puede ver, hasta el miércoles, en el Cine Select del Pasaje, a las 18.30 todos los días.

“El castillo” se mueve sin ambages entre documental y ficción: a partir de esos años de amistad, Benchimol fue escribiendo un guion, una especie de fábula sobre la vida de Justina, alrededor del cual se estructuró un año y medio de filmación que incluía escenas de observación, naturalistas, y otras donde “yo planteaba una consigna, un juego, y ellas interpretaban a partir de eso una versión libre de esa situación, que muchas veces eran situaciones que habíamos vivido juntos, otras veces eran situaciones que imaginábamos para un posible futuro”.

En esas escenificaciones de la realidad, que aportan momentos de bellísimo lirismo a la premiada película estrenada en el Festival de Berlín, aparece la familia de la antigua dueña, aunque encarnada por la familia de Benchimol: “Después de conocer a la familia real, quise ponerlo en la película. Ahí llamé a mi familia: quería una familia que tuviera dinámica de familia real, y que haga uso de la casa, que se vincule naturalmente con Justina”.

- ¿Es un documental, es una ficción, no te interesa definirla?

- La dinámica del rodaje a veces era documental, y a veces era la de una ficción, con un plan de rodaje. Pero en el rodaje, me ayudaba poco pensar en el género para estar haciendo la película. Así que dejé de lado esa pregunta, y seguí haciendo la que para mí era la película más bella, más empática, más interesante. Al momento de estrenarla, empezar los debates sobre qué cartel tenía que tener: la película estuvo en festivales de documental, y en secciones de ficción… Es una película de género fluido. Pero la película existe porque me encontré con las chicas, la base es claramente documental: es la vida de ellas, que interpretan su vida, junto a otras escenas de observación. La película se permite jugar con la forma que suele adjudicarse al documental, hacer algo distinto: se apoya en recursos narrativos y estéticos de la ficción, desde la música a cierta estructura de fábula, de relato clásico, que para mi pueden caberle perfectamente a un relato documental, la misma línea de tiempo de las personas tiene muchas veces esa cadencia narrativa, la historia de Justina es una especie de fábula. Fallida. ‘Te regalo un castillo, pero no lo vendás’, es una especie de mandato mágico, y trágico a la vez, ¿por qué entonces no contarlo con esa estructura?

- Justina intenta apropiarse de ese espacio, que ya es suyo, pero el eje de la película se entremezcla entre ese desafío y la relación entre madre e hija: Alexia es la que más parece envalentonarla, a la vez hay tensión entre las dos. ¿Cómo fuiste armando ese tejido entre las cuestiones de clase y la relación madre-hija?

- En un momento, tuve que decidir si hacía una película que se dedicara a contar el pasado de Justina, o más bien me concentraba en el presente. Y a mí me interesaba ese vínculo, entre madre e hija, no solo porque son magnéticas, sino porque entre ellas existen tensiones: Alexia se crió bajo el ala de la antigua dueña del castillo, fue a un colegio privado, habla inglés. Y las dos están emancipándose: Justina tiene esta promesa que le hizo a la dueña de la antigua casa, Alexia tiene la posibilidad de comenzar una nueva vida. Me interesaba concentrarme en ese presente, como el corazón de la película. 

- Algunos críticos definieron “El castillo” como “Nuestra Grey Gardens” (documental sobre dos familiares de Jackie Kennedy que viven en un castillo venido a menos y repleto de basura), pero aquella parecía una película más decadente que la tuya. ¿Qué te parece esa comparación?

- Entiendo la comparación, son una madre y una hija en una casa en decadencia, pero no me interesaba tanto dialogar con el pasado, con esa decadencia: la decadencia es de la clase media alta, pero me interesaba el presente de la protagonista, Justina, que tiene el desafío de apropiarse del lugar del que es dueña. Ella, una trabajadora del Chaco paraguayo, ¿puede apropiarse simbólicamente de esa mansión? ¿Es posible el ascenso social, en términos no solo materiales sino también simbólicos? Y esa pregunta no es decadente, en absoluto.

- ¿Y esa pregunta, qué respuesta te genera ahora, al momento del estreno, en esta Argentina?

- En la película, aparece la familia de la antigua dueña, y hay tensión, desde ya. Y en este contexto, la película se me resignifica, para mi toma bastante relieve el rol de la clase media en la clase media, en la película y en el país: creo que allí hay un desprecio muy grande a lo popular, y desde ese lugar me parece difícil que se arme un tejido social. En este país donde gana las elecciones un candidato abiertamente fascista, pero que también llega al poder con apoyo popular, me arroja esa pregunta: ¿hasta dónde puede llegar ese desprecio a lo popular?

- ¿Y del contexto del cine, en esta Argentina, qué podés decir? Para el cine nacional siempre ha sido difícil tener pantalla, y más para el documental. ¿Cómo ves el momento del estreno, y cómo ves el futuro?

- La sensación que tengo es muy contradictoria, esperamos el estreno en salas hace muchísimo, se estrenó en Berlín en febrero, recorrió el mundo, estábamos esperando hace mucho el estreno acá. Y se da en ese contexto, por otro lado: no solo continúa el conflicto en la distribución de las películas, la perspectiva a futuro es incluso más desoladora. Pero me da esperanza ver cómo una película argentina puede resonar en muchas partes, me hace reafirmar la idea de que hay que generar espacios de exhibición, políticas activas que acerquen películas a la audiencia. Hay que derribar el mito: el mismo desprecio que hay por lo popular, lo hay por el cine argentino en muchos sectores de la sociedad, y está basado en un desconocimiento, en un prejuicio antes que en un juicio. Eso genera impotencia: la gente, muchas veces, ni sabe que existen las películas, ¿cómo vas a juzgar que un producto no se vende si ni siquiera está en la góndola?

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