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Cristina Kirchner y Ricardo Quintela / web
Mariano Pérez de Eulate
mpeulate@eldia.com
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Ya lanzada para quedarse con la presidencia del PJ nacional, Cristina Kirchner teje con caciques provinciales del partido una red de relaciones políticas para lograr lo que realmente persigue: evitar una elección interna en serio y que su jefatura sea proclamada por aclamación, la tradicional lista única de consenso.
No le viene resultado tan fácil, confiesan en el kirchnerismo, porque muchos de esos referentes se enteraron de sus intenciones cuando leyeron la carta pública en la que decidió aceptar “el clamor” que en las horas previas habían instalado sus seguidores más cercanos. Por cierto, todos referenciados geográficamente en el AMBA (Capital Federal más Conurbano).
Los peronistas del interior, de hecho, venían siendo invitados a la aventura de avanzar sobre un PJ casi acéfalo por el gobernador riojano Ricardo Quintela, lanzado a la pelea en soledad hasta la irrupción de la ex mandataria y a pesar de que su gestión provincial tiene muchos flancos débiles, en especial desde lo económico.
El aparente principal aliado de Quintela resultó ser el bonaerense Axel Kicillof, que avaló con su presencia la jugada de su colega en un acto de ocasión. Kicillof, en una indisimulada pelea política con Máximo Kirchner y La Cámpora, tampoco fue avisado de que Cristina saldría a declarar sus intenciones de conducir el partido.
Días atrás, y según información ampliamente extendida en ámbitos partidarios, Cristina intentó comunicarse con Quintela con la supuesta idea de explorar algún tipo de entendimiento. Pero éste no sólo no le contestó sino que oficializó su postulación ante la Junta Electoral partidaria, para dar la pelea interna el próximo 17 de noviembre. “Federalismo y Justicia”, se llama su lista. Cristina debería hacer lo propio en breve.
Es muy probable que al final no haya interna entre ellos porque no parece haber una ola imparable en la vida del peronismo de una masa crítica con esa idea. Entre otros motivos porque, en términos históricos, el PJ ha perdido muchas gobernaciones y posiciones legislativas nacionales y provinciales y aún no logra reponerse del todo de la derrota electoral que le propino Javier Milei hace menos de un año. Así, un acuerdo entre Cristina y Quintela es posible, pero el riojano parece estar ahora en una etapa de construcción de armado propio -viaja por el país, viene a la provincia- para negociar con la ex presidenta desde una posición de mayor fortaleza.
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Por eso es clave la actitud que tome Kicillof: si continuará coqueteando con la idea de apoyar a Quintela o sucumbirá a la presión del cristinismo, que está bastante metido en su propio gabinete. ¿Qué hará Axel si Cristina lo llama y le pide apoyo? ¿O es al revés y es ella la que pretende que el gobernador se subordine?
Por supuesto que en el fondo Cristina y Quintela buscan lo mismo: una recuperación del PJ. Pero la ex Vice del gobierno anterior parece más centrada en transmitir su idea de que el peronismo, y no otras expresiones opositoras, sea el espacio donde confluya el descontento social con Milei que, intuye, irá creciendo por la profundidad del ajuste económico y la eventual demora de la recuperación.
Al contrario de lo que piensan otros dirigentes, como los que entornan a Kicillof para convencerlo de que se distancie de ella, Cristina creería -y así lo escribió- que debe darse un debate en el mundo peronista desde la unidad interna, lo que supone una amplitud para escuchar todas las voces.
Esa postura, en verdad, refuta su propia historia porque mientras ella condujo al movimiento de hecho, esto es sin el cargo formal de titular del PJ, nunca hubo espacio para disidencias u opiniones contrarias. Tal vez sea un cambio en la dama. Los que no la quieren bien aseguran que se trata de un “acting” para maquillar lo de siempre: su intención de ser la gran electora interna, la dueña de las decisiones a la hora de armar las listas de candidatos del año que viene.
En el fondo, lo de Quintela y lo de Cristina -quien es la figura central del partido desde hace una década y media- estaría evidenciando cierta incapacidad del justicialismo de generar liderazgos alternativos, algo más frescos. Sobre todo porque del otro lado, y gracias al obvio juego de la grieta que juegan ella y Milei, se sitúa una figura absolutamente nueva y disruptiva como es el Presidente.
Así, con la salida a la cancha de la ex jefa de Estado Milei encuentra una narrativa sólida, compacta, para edificar su relato del presente desde la contraposición con “lo que hubo antes”. Eso, a pesar de que difícilmente sea tan agresivo con ella como lo es con los radicales o los de izquierda. ¿O alguien escuchó a Milei decirle “zurda” o “delincuente” a CFK desde que llegó al poder?
Cristina sabe que su voz todavía tiene peso hacia adentro del PJ, aún con reparos de ciertos sectores de esa fuerza, pero sobre todo hacia afuera. Contra eso debe trabajar Quintela, si pretende ir en serio hasta el final de la contienda con ella. Escucha voces que lo ceban porque conocen mucho a la ex mandataria, como su coterráneo y apoderado partidario, Jorge Yoma.
Conviene volver a la cuestión de las narrativas políticas, que tienen mucho de habilidad y destreza. Es un punto al que, ante la consulta de este cronista, se refirió el analista y politólogo Maximiliano Aguiar, presidente de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP).
“El peronismo ya no tiene sólo un problema de figuras sino cierta incapacidad de generar una narrativa de futuro. Y la política se trata de ofrecer futuro. ¿Qué sucede cuando lo que se ofrece como un supuesto mejor está referenciado en el pasado reciente? Aquello que podría ser en términos ideológicos progresista, se puede transformar en reaccionario. Porque está mirando hacia atrás”, explicó. Para el justicialismo, ese “pasado reciente” al que alude Aguiar es el fracaso fulminante del gobierno de Alberto Fernández y la propia Cristina.
En este sentido, agregó: “Hasta ahora, el PJ no genera un discurso hacia adelante que permita remozar todo aquello que sostuvo durante los últimos 20 años, que funcionó eficazmente en términos electorales pero que hoy parece estar crujiendo. Pero cuidado, eso mismo pasa con el PRO y el radicalismo. Partidos que en la última elección también perdieron una parte de su base de sustentación, que se fue con Milei”.
En el texto reciente de su convocatoria al debate interno Cristina transmite la idea de esa necesidad de armar un discurso, una propuesta, una narrativa hacia adelante. La clave es que, si se da la discusión, ella también se incluya en la autocrítica de lo hecho. Algo que no ha sucedido hasta el momento.
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