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El bombardeo de contenido y la comparación con otros fueron los aspectos que llevaron a una vecina de la Ciudad a limitar su participación en Instagram
La hostilidad de las redes provocan malestar en cientos de jóvenes
De un tiempo acá, los especialistas de la salud se han preocupado por estudiar el impacto de las redes sociales en el desarrollo de las personas. En paralelo a esta curiosidad de los expertos, muchos usuarios comienzan a notar por sus propios medios el impacto de las pantallas y la hiperconectividad especialmente en su salud mental.
Es que “las redes afectan muchísimo a la salud mental, más que nada al equilibrio mental. La persona que consume muchísimas horas o minutos en pantallas al final no puede establecer un patrón de equilibrio, eso es lo que se ve hoy en día”, aseguró al respecto el psicólogo Mel Gregorini.
Este desequilibrio tiene que ver tanto con la “cantidad de horas que se utiliza y también con el contenido que se consume. Hoy las redes están muy violentas o se dicen que realmente ‘atontan’ porque paralizan la inquietud. Es decir, está todo servido en bandeja y no se genera un espacio de reflexión, de una búsqueda de contenido saludable y terminan siendo como tóxicos”, añadió el especialista.
Como se mencionó, los propios usuarios comenzaron a notar esto y preocupados poco a poco fueron tomando distintos caminos. Una de ellas fue Agustina que desde los 12 que se hizo su primera cuenta de Facebook, entró en el mundo de las redes. Hoy a sus 29 años, habiendo pasado por Twitter (ahora X), Instagram y Linkedin, se replanteó su vínculo con las plataformas y el uso que le da.
“X en su momento era la red social que más me gustaba de todas. Me podía informar, me enteraba de cosas y además había mucho chiste, mucha jerga de Twitter que era divertida. Te enterabas de cosas con humor no sé había algo lindo y era todo muy ingenioso y creativo”, relató la joven y sentenció: “Pero el año pasado me harté completamente”.
“Lo que me cansó fue que veía la reacción de la reacción de la noticia original. Costaba llegar al crudo y todavía más costaba saber cuando las cosas eran ciertas o no. En paralelo empezaron a aparecer tuits super violentos que aunque no fueran dirigidos a mi no era lindo estar ahí viendo gente peleándose. En noviembre me hartó, lo cerré y me encantó. No tuve necesidad de volver a abrirlo como que cuando lo cerré pensé ‘bueno si en algún momento quiero volver lo abro’, pero no nunca más”, detalló Agustina.
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En Instagram, la lógica es diferente a la de X por lo que afecta de otra manera. “En un primer momento pensaba que estaba bueno, porque podía ver lo que hacían algunas amigas o familiares que no viven en mi misma ciudad. Pero hoy en día eso me parece una porquería, porque si no vivimos cerca pero que puedo ver lo que desayunan o lo que están haciendo a través de una foto. Prefiero tomarme un momento para llamar o hablar en privado, es mucho más rico”, apuntó Agustina.
Este es un punto que destacan los especialistas, es que a pesar de la hiperconexión y un acercamiento virtual, las redes terminan alejando a las personas.

“La gente a pesar de estar en contacto 24/7 tiene más sensación y sentimientos de soledad”
Mel Gregorini,
psicólogo
“La gente a pesar de estar en contacto 24/7 tiene más sensación y sentimientos de soledad que al estar en contacto con otras personas. Es que a pesar de estar inter y ultracomunicados se siente una soledad que muchas veces refiere un vacío existencial”, opinó al respecto Gregorini y aseveró: “De ninguna manera, el contacto con las redes sociales jamás puede suplir o sustituir el contacto con otra persona. En lo que genera tanto en nuestro cerebro, en nuestro psiquismo, como en el contacto social y hasta la inteligencia emocional”.
Vacaciones, logros laborales, logros de los hijos, adquisiciones económicas todo se expone en las redes y las comparaciones se vuelven inevitables.
“Instagram es un bombardeo constante de todo, un constante mostrar lo que haces pero bajo cierto formato que está ‘aprobado’ por todos nosotros. Si vas a un recital sí o sí tenes que subir una foto, o si estas de vacaciones o si compraste una casa o un auto. Empecé a notar cierto individualismo que me asqueó”, argumentó Agustina.
“También me pasó que yo estaba en un mal momento, estaba desempleada y veía como todos mostraban su progreso y yo no podía evitar comprarme entonces ahí me di cuenta que me estaba haciendo mal”, reconoció la joven que implementó un uso más consciente de Instagram limitando las horas de pantalla.
La misma aplicación tiene una herramienta que te avisa cuando pasaste cierta cantidad de horas allí. Ella estableció su límite en dos. “El primer día que me apareció el cartelito de que había llegado a las dos horas fue impactante porque todavía era temprano no había pasado gran parte del día y yo ya había estado todo ese tiempo scrolleando mirando pavadas. Así que me puse como desafío no llegar a las dos horas, que la aplicación no me avise. Estoy esforzándome para usarlo menos”, expresó Agustina.
Las comparaciones con otros, la ansiedad por no avanzar al mismo ritmo o no cumplir con los estándares sociales son alimentadas por las redes sociales. “Lo que se ve es que en las redes se genera muchísimo contenido de ansiedad y una ansiedad muy paralizante. La persona queda realmente enganchada con las redes y no puede salir al final porque cae —valga la redundancia— en una red”, analizó Gregorini y sostuvo que: “La persona ve y como si fuera una cuestión en espejo se vive comparando con la vida de otros y esa vida de otros generalmente no es la propia, por eso se dice que son vidas como prestadas, vidas que son fantaseadas y están muy lejos de ser una realidad”.
En ese sentido aconsejó: “Se tiene que psicoeducar el tema del uso de redes sociales. De igual manera debe suceder con el contenido. Debe ser en ambas direcciones, limitar la cantidad de horas que se utilizan y también al contenido habría que pensarlo desde la psicoeducación”.
“Es decir, que se puede hacer un uso consciente siempre y cuando la persona, como se está hablando cada vez más, se psicoeduque y tenga una psicoeducación hoy en día en las redes sociales. Y también como un uso saludable en las redes sociales”, concluyó.
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