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Psicología: de la vanguardia universitaria a la jerarquía de una facultad

Casi 50 años le demandó a la carrera conformarse como una unidad académica. Una historia marcada por el compromiso y las luchas

Psicología: de la vanguardia universitaria a la jerarquía de una facultad

Con dos carreras en su oferta académica, Psicología es una de las facultades más requeridas de la UNLP. No resulta llamativo, entonces, que La Plata sea una de las ciudades con mayor presencia de psicólogos del país

Ya conformarse como carrera dentro de otro ámbito facultativo fue un paso difícil y enorme. Ni hablar del tiempo y las luchas que consumió Psicología hasta convertirse en una unidad académica. Pasaron casi 50 años, prejuicios, resistencias y una larga clausura para que se respondiera por fin a las voces estudiantiles, docentes, no docentes y de la intelectualidad de la materia y que el Consejo Superior de la Universidad Nacional de La Plata le concediera, en 2006, el rango de facultad.

En el repaso de la historia de la facultad de Psicología de la UNLP se hace insoslayable la mención de quien fuera la mentora de los estudios superiores de la disciplina en La Plata. Fernanda Monasterio era una española que nacida en 1920 representó a la vanguardia femenina del siglo pasado. Su pasión por la ciencia y el conocimiento no se agotó en los títulos de grado que obtuvo cuando todavía, y aún en un continente progresista como el de Europa, eran muy pocas las mujeres que se lanzaban a la formación universitaria. Médica, cirujana y psicóloga, tenía que sembrar en otros países el entusiasmo académico por los temas que abordaba la psicología, muy en boga en la Argentina pero a la vez combatidos hacia finales de la década de 50. Luego de un periplo que la llevó a la Universidad de Cochabamba (Bolivia), Cuyo (Mendoza) y Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires), desembarcó en la casa de altos estudios platense, donde se integró a la cátedra de Psicología de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En 1958 creó la carrera dentro de ese espacio.

La empresa no fue fácil ni para la prestigiosa extranjera ni para quienes la siguieron en la aventura. La medicina ejercía todavía por aquella época la hegemonía dentro de la salud mental y la psicología era un campo disciplinario discutido en las competencias profesionales. Hasta entonces, e incluso varios años más tarde de establecida la carrera, el tratamiento de los problemas emocionales era injerencia casi exclusiva de los médicos. Fernanda Monasterio fue la primera jefa del departamento de Psicología en la facultad de Humanidades y el estudio de esa ciencia fue abriendo su camino en La Plata año tras año, a medida que un puñado de no más de 50 alumnos iba progresando en su formación.

Con el correr de los años la organización se fue asentando, los preconceptos que dejaban afuera de las ciencias a la psicología empezaron a ser volteados por el rigor de las investigaciones y la apertura de la sociedad a las prácticas que ya desde hacía décadas proponían las diversas terapias en general y el psicoanálisis en particular. La demanda estudiantil creció de tal manera que la carrera llegó a convertirse en poco tiempo en una de las más convocantes dentro del amplio abanico de posibilidades que brindaba Humanidades.

Pero los obstáculos parecieron dominar los comienzos de una carrera que cosechaba cada vez más jóvenes interesados en dedicarse a estudiar y tratar los problemas psíquicos; todos, casi sin excepción, motivados por la gran influencia de las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud. Un decreto-ley de 1967 dictaminado por el entonces presidente de facto Juan Carlos Onganía redujo el ejercicio del psicólogo a la función de auxiliar de la medicina. La medida fue objeto de movilizaciones del alumnado y arduas gestiones de todos los sectores relacionados con la actividad para impedir lo que se consideró un atropello a la profesión, pero nada se consiguió entonces, pues eran años duros en la vida universitaria. Igual, todavía no había ocurrido lo peor.

Psicología no escapó a las convulsiones sociales de principios y mediados de los ´70 y por su fuerte vinculación con la investigación de la condición humana en las aulas de Humanidades destinadas a la enseñanza de esa carrera se vivía la política con intensidad. En 1976, la dictadura militar intervino en todos los espacios que creyó peligrosos para su proyecto, y Psicología de la UNLP cayó entre las cursadas del país a las que les correspondió el “cupo 0”: ningún alumno más ingresaría desde entonces; esos estudios se cerraban y en el edificio de 48 entre 6 y 7 sólo seguirían los estudiantes avanzados en la carrera.

La vuelta de la democracia al país y la normalización de las instituciones generaron expectativas en todos los rincones y muchos marcharon tras el sueño de la reapertura de la carrera. Con tantos años perdidos por el cierre ya era más de una generación la que cargaba con el deseo de estudiar Psicología. Egresados, aspirantes, investigadores, profesores y alumnos de la misma facultad de Humanidades y de otras unidades académicas, agrupaciones políticas con participación universitaria y la Asociación de Psicólogos de La Plata se pusieron al frente de la movida y a mediados de 1984 abrió el primer año. Desde entonces la licenciatura y el profesorado no pararon de crecer en número de estudiantes.

Otro peldaño en el postergado ascenso del estudio de la especialidad se dio 22 años después, cuando tras interminables marchas y contramarchas y de intensas tratativas se logró que el gobierno de la Universidad aprobara el pase de la carrera de Psicología a facultad. Esa transformación, plasmada el 4 de julio de 2006, significó un hito para la comunidad platense de psicólogos.

Un adelanto más, que le dará carácter definitivo a la independencia académica, lo constituirá la inauguración del edificio propio. En marzo del año que viene, según está en los planes, la facultad de Psicología abandonará los pisos superiores de la calle 48 y se instalará en 52 y 122, en lo que fueron terrenos del BIM 3 y donde la Universidad construye un complejo destinado a albergar distintas comunidades de su oferta en altos estudios. El proyecto incluye la nueva sede y la mudanza simbolizará, sin dudas, el alcance del status por el que tanto se ha bregado.

La historia de la facultad de Psicología bien puede sintetizarse en un pensamiento del creador del psicoanálisis. Dijo Freud en su obra El porvenir de una ilusión: “La voz del intelecto es callada, pero no ceja hasta conquistar una audiencia y, en última instancia, después de interminables repudios consigue su objetivo. Es éste uno de los pocos aspectos en los que cabe cierto optimismo sobre el futuro de la humanidad”.

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