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Por MARIANO SPEZZAPRIA
Scioli y Zannini, en uno de los balcones de la Rosada junto a la Presidenta después del acto del jueves
Twitter: @mnspezzapria
Se los notó incómodos a ambos. A ella, porque no podía decir todo lo que realmente piensa. Y a él, porque debió adaptarse a un papel secundario pese a que hace rato que se calzó el traje de protagonista. Cristina Kirchner y Daniel Scioli iniciaron el último jueves, con la Casa Rosada como escenario de privilegio, lo que se proyecta como una larga saga de sucesión peronista.
El prólogo de esta historia ya se había escrito cuando la Presidenta decidió que el Gobernador fuera el candidato único del Frente para la Victoria. Pero ahora, tras las PASO del 9 de agosto, empieza a corporizarse la verdadera transición, una suerte de empalme entre el liderazgo de Cristina Kirchner y el que comienza a gestarse de Scioli. Y las diferencias se tornan evidentes.
No se trata, por cierto, de una guerra política abierta como la que desplegaron Carlos Menem y Eduardo Duhalde a fines de los años ´90, ni de una pelea más subterránea pero igualmente intensa como la que libraron el propio Duhalde y Néstor Kirchner entre 2003 y 2005. Pero las fricciones entre Cristina y Scioli pueden entenderse con una mirada más amplia del asunto.
No tienen que ver estrictamente con la coyuntura, como las graves inundaciones en territorio bonaerense o la actitud de la mandataria al no felicitar públicamente al candidato del FpV por su victoria en las elecciones primarias, sino con cuestiones de fondo como el traspaso del mando en el peronismo, un acto que suele estar cargado de drama y angustia política y social.
La Presidenta se enfrenta por estos días a un hecho inexorable: la cuenta regresiva cada vez más acelerada para su salida del poder. Eso provoca una sensación de vacío entre sus seguidores, que no ponderan en Scioli las mismas cualidades que elogian de la mandataria. Sobre todo la firmeza de carácter que, para otros sectores, es parte de un sesgo autoritario.
En el peronismo y también en otras fuerzas políticas, forma parte del folclore la referencia a los dirigentes calificados como “viudas” de un líder que ya no es tal. Y se podría hacer una larguísima lista de aquellos que quedaron anclados en los tiempos de Menem, Duhalde y hasta de Kirchner, a quienes se los conoce como “nestoristas” frente a los “cristinistas” actuales.
Ese no es, precisamente, el problema de Scioli. El Gobernador fue siempre una estrella en ascenso dentro del Justicialismo, donde primero fue apadrinado por Menem, luego protegido de Duhalde y finalmente elegido por Kirchner como vicepresidente y luego para encabezar la Provincia en 2007. Pero ahora se enfrenta al desafío de pasar a ser el nuevo conductor de PJ.
Por supuesto que es una tarea dificultosa de llevar adelante en medio de una campaña electoral, aunque la fotografía que lo retrató junto a una decena de gobernadores la semana que pasó en Tucumán, mostró con elocuencia hacia dónde se encamina el Justicialismo. Y podría decirse que molestó a la Casa Rosada, el día anterior a la reaparición de la Presidenta.
La jefa de Estado reaccionó a su estilo, marcándole la cancha al Gobernador, cuando le recordó su amistad con Mauricio Macri, el principal candidato de la oposición. También lo hizo la militancia kirchnerista que colgó carteles con la leyenda “Zannini para la victoria” en los patios internos de la sede gubernamental. Aunque Scioli volvió a sentir el apoyo de los gobernadores.
El mandatario sanjuanino José Luis Gioja, respetado por todos los sectores internos del PJ, abrazó a Scioli en el momento en que se entonó la marcha peronista, que no suele escucharse con mucha frecuencia en la Rosada. Más amable fue el trato que dispensó ayer la Presidenta al Gobernador en el Museo de Bellas Artes, durante un acto con otra cadena nacional incluida.
Al parecer, Cristina Kirchner no tomó como un incordio las declaraciones de la ministra de Economía bonaerense, Silvina Batakis, quien admitió que las reservas del Banco Central son “escasas” y luego relativizó esa apreciación. Pero los inconvenientes económicos volvieron a ponerse de manifiesto con la escalada del dólar “blue” y el fuerte aumento del déficit fiscal.
Sin embargo, el ministro Kicillof atribuyó las turbulencias a la “época electoral”, sin detenerse a analizar los problemas de fondo que atraviesa la economía argentina. Otro ministro con un perfil más bajo, el canciller Héctor Timerman, provocó un cimbronazo en el frente opositor UNA al comentar en una charla privada que le dejará su despacho a José Manuel de la Sota.
Timerman, que también festejó la foto del Papa Francisco con un cartel en el que se reclama diálogo al Reino Unido por las islas Malvinas, deslizó de esa manera que Scioli piensa en el gobernador de Córdoba como próximo jefe de la diplomacia argentina, pese a que el “Gallego” es un aliado clave de Sergio Massa. En el fondo, la idea conlleva la reunificación del peronismo.
Por eso De la Sota se vio forzado a desmentir el rumor: “Para ocupar un cargo en un Gabinete, tengo que pensar que quien lo preside le va a dar un buen rumbo a la Argentina. Y como hasta ahora ninguno dice lo que va a hacer, no me inspiran mucha confianza”, razonó. Para algunos dirigentes massistas la declaración no despejó las dudas, pero sí lo hizo para el propio Massa.
En su afán por evitar que el tránsito hacia las elecciones de octubre cristalice la polarización que pudo evitar en las PASO, Massa se obliga a lanzar una serie de propuestas con las que busca hacer ruido político. Aunque parece haber derrapado al pregonar la militarización de las villas. Otra cosa sería hacerlo en la frontera norte, un verdadero colador para el narcotráfico.
Menos activo estuvo estos días Mauricio Macri, quien tomó un descanso al igual que María Eugenia Vidal. Pero mañana habrá una reunión del comando de campaña del PRO para retomar la actividad proselitista, centrada en la provincia de Buenos Aires. Allí, entienden que la candidatura de Aníbal Fernández terminará arrastrando hacia la baja al propio Scioli.
Pero este fin de semana las miradas estarán posadas sobre Tucumán, donde todo hace pensar que el oficialismo retendrá la Gobernación de la mano de Juan Manzur y relegará al candidato radical José Cano, que cuenta con apoyo macrista y massista. Pese a ello, el PRO le está pidiendo un mayor compromiso a la UCR en el norte del país, donde Macri quedó tercero.
Mientras tanto, el oficialismo parece imbuido en los avatares de su propia sucesión. Aunque tanto Scioli como Cristina Kirchner deberían notar que no serán ellos los que comandarán al peronismo en caso de que el FpV pierda la elección presidencial. Ambos saben que el PJ se caracteriza por correr en auxilio de los triunfadores y olvidarse rápidamente de los perdedores.
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