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Información General |EN EL MES DE SU NACIMIENTO
La historia de la piloto argentina que voló en la Segunda Guerra Mundial

Maureen Dunlop nació en Quilmes en 1920 pero es considerada una celebridad de la aviación inglesa y ejemplo de feminismo

La historia de la piloto argentina que voló en la Segunda Guerra Mundial

Maureen fue ejemplo de independencia y valentía / web

Ricardo Jaén

21 de Octubre de 2018 | 03:24
Edición impresa

Se llamaba Maureen Dunlop y había nacido en Quilmes el 26 de Octubre de 1920. El ferrocarril, la cervecería y otros emprendimientos hicieron de la entonces joven y pequeña ciudad un reducto de inmigración anglosajona y alemana que se plasmó en barrios y asociaciones vecinales de distinto tipo. De madre británica y padre australiano completaban la familia dos hermanos que la colocaban a ella en el medio, Joan y Eric. En su infancia pronto se mudó a la Patagonia, donde su padre se hizo cargo de la administración y cría de ovinos, dándole la oportunidad de vivir en contacto con la naturaleza y quedando su educación así en mano de ocasionales institutrices.

Ése fue el tiempo donde se forjaron dos de sus grandes pasiones: los aviones y los caballos, pero también un espíritu de libertad y un pensamiento totalmente independiente de las “restricciones de época” para las mujeres. A los 16 años era una jinete experta y, aprovechando unas vacaciones en Inglaterra, tomó allí las primeras lecciones de vuelo. A su vuelta falsificó su certificado de nacimiento y en el Aeroclub Argentino, ante la mirada crítica de sus integrantes, realizó el curso de piloto civil.

En 1939, al estallar la segunda guerra mundial y con 19 años, supo que no iba a ser ajena al conflicto por varios motivos: por su espíritu libertario anti fascista, por el Reino Unido, tierra de sus padres y su segunda patria (siempre mantuvo su ciudadanía argentina) y por su concepto de igualdad frente al hombre. Comenzó entonces una desenfrenada carrera para acumular horas de vuelo ya que presuponía, y no se equivocaba, que las condiciones que le iban a solicitar para volar en la guerra iban a ser infinitamente superiores a las de los hombres.

En 1942, con más de 500 horas de vuelo certificadas, marchó a Londres. Al llegar advirtió que sus servicios estarían limitados por la orden del Jefe del Aire, Sir Trafford Leigh Mallory, quien no permitía a las mujeres cruzar el Canal de la Mancha y, si de él dependiera, tampoco volar aviones de combate. Maureen dejó escrito su comentario a esta decisión “…porque sólo se pueden matar los hombres.”

Pero la escasez de pilotos llevó a la Gran Bretaña a crear el Air Transport Auxiliary, fundación dependiente de la RAF con la misión de transportar los aviones desde las fábricas o lugares de alistamiento a sus respectivas bases asignadas. Allí, nuestra heroína se entrenó para volar 38 tipos distintos de aviones: Spitfire, Wellington, Halifax, Hawker Hurricane,…pero su favorito era el de Havilland D.H.98. Mosquito. La tarea implicaba volar en todo tiempo y con la aviación nazi disputando el dominio del cielo de la isla. Así, formó parte de “la elite de casi más de 160 mujeres que volaron en la guerra para Inglaterra” y que al principio tuvieron que enfrentar las calificaciones en tono despectivo de “grupo de las lesbianas” por parte de los más conservadores e ignorantes pilotos varones.

Pasado el tiempo y con la “moral relajada de la guerra” este tipo de comentarios menguaron pero la desigualdad de salarios continuaba y Maureen siempre estuvo al frente de este reclamo hasta que finalmente, después de sobradas pruebas de heroísmo de las mujeres pilotos, se les reconoció igual salario.

El 16 de septiembre de 1944 su foto en la portada de la revista Post se convirtió en el ícono de la mujer combatiente de Inglaterra. Terminada la guerra, la RAF la nombró piloto instructor y le ofreció trabajo permanente que aceptó por un corto tiempo pero, como ella decía “… extraño demasiado mi tierra y mis caballos”. Ya en Buenos Aires, prestó servicios en la Fuerza Aérea, en Aerolíneas Argentinas y fue piloto comercial hasta 1969 en una compañía de taxi aéreo. En 1973, ya habiendo formado una familia, con mucho pesar decidió trasladarse a Norfolk para desarrollar su otra pasión: los caballos. En el 2003 recibió el Premio Air Pilot otorgada por el Gremio de Pilotos y Aero navegantes que le valieron el título en varios periódicos en Gran Bretaña de “la última piloto de spitfire”.

Falleció el 29 de Mayo del 2012 en Inglaterra, totalmente ignorada en su país, la Argentina, al que se mantuvo fiel siempre, aún durante el conflicto Malvinas. Pero el Time, el Telegraph y el Independent sí la recordaron.

En el conflicto más importante que tuvo la humanidad en el siglo XX, en donde al margen de las ideologías e intereses económicos, el BIEN y el MAL se enfrentaron para decidir si el mundo se sumía en las sombras o, con sus grandes injusticias e imperfecciones, seguía una concepción humanista, esta mujer nos representó magníficamente.

Tapa de Post
En 1944 su foto en la portada de la revista Post se convirtió en el ícono de la mujer combatiente de Inglaterra. Terminada la guerra, la RAF la nombró piloto instructor y le ofreció trabajo permanente que aceptó por un corto tiempo

Estuvo al frente del reclamo para que las mujeres ganaran el mismo salario que los hombres

 

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