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Un estallido que se veía venir

Por: Giovanna Fleitas

21 de Octubre de 2019 | 02:01
Edición impresa

AFP

SANTIAGO

El admirado modelo chileno escondía profundas grietas. Detrás de la estabilidad política y sus envidiadas cifras macroeconómicas, amplios sectores quedaron excluidos, incubando por años un descontento social que estalló con fuerza pero que muchos lo venían venir.

La rabia copó las calles. Ni la salida de militares, decretada el sábado por el presidente derechista Sebastián Piñera en medio del caos, sirvió para ahogar el grito de miles de personas cansadas de las iniquidades de un sistema político que en sus pilares se mantiene casi intacto al heredado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

“Desde afuera solo se veían los logros de Chile, pero dentro hay altos niveles de fragmentación, segregación y una juventud que no vivió la dictadura, pero se hartó y salió a las calles a mostrar su rabia y decepción”, explicó Lucía Dammert, analista de la Universidad de Santiago.

Con una inflación de 2 por ciento anual, una pobreza por ingreso de 8,6 por ciento y un crecimiento esperado para este año de 2,5 por ciento, uno de los más altos en una región en crisis, el llamado modelo chileno era la envidia de muchos en América latina, aunque sus indicadores sociales -como salud, educación y pensiones- escondían demasiadas iniquidades.

Tensiones acumuladas

“Muchas demandas estaban latentes y no habían sido respondidas. Se acumuló la tensión, la frustración que se refuerza cada día con lo cotidiano”, señaló de su lado Octavio Avendaño, sociólogo y analista de la Universidad de Chile.

Para este experto no es casual que la génesis del estallido social haya sido la suba de 3 por ciento en las tarifas del subte, que el presidente Sebastián Piñera suspendió el sábado cuando las manifestaciones se descontrolaron, sumando reclamos históricos de la clase trabajadora.

Desigualdad crónica, en un país con el ingreso per cápita más alto de América latina (más de 20.000 dólares), un criticado sistema de pensiones que jubila a la mayoría con rentas inferiores al salario mínimo -de unos 400 dólares-, altos costos en salud y educación y la constante presión del mercado inmobiliario que impide a muchos acceder a una vivienda, formaron un cóctel explosivo.

El sociólogo Alberto Mayol, de la Universidad de Santiago, explica que “en una sociedad donde todas las prestaciones públicas son de mercado y donde la integración social se produce a través del consumo, las personas necesitan comprar para estar dentro de la sociedad y para ello necesitan endeudarse”.

Así, uno de cada tres mayores de 18 años tiene una deuda que no puede enfrentar con sus recursos, según un estudio de la Universidad San Sebastián y Equifax. Esa deuda afecta en especial a miles que en los últimos años salieron de la pobreza, pero que son de una clase media sin muchos beneficios sociales. Son los hijos y nietos de esas familias los que prendieron la llama de esta revuelta sin precedentes.

Con Piñera -un acaudalado magnate- liderando un gobierno lleno de figuras del mundo empresarial, las manifestaciones están cargadas de alusiones al poder económico de sus dirigentes y a la injusticia de un sistema que privilegia el capital y provoca una fractura entre la población y sus dirigentes. “Evade” es uno e los términos más usados por los manifestantes en carteles, para aludir a los casos de corrupción de los últimos años vinculados a poderosos grupos económicos cercanos al presidente.

 

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