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“Hacía 33 años que no me ponía los guantes; ahora mi nieto me vio atajar”

Contó que quedó maravillado por el evento, destacó el enorme sentido de pertenencia del Club y contó anécdotas de Carlos Bilardo

“Hacía 33 años que no me ponía los guantes; ahora mi nieto me vio atajar”

Juan Carlos Delménico junto a sus nietos. El domingo volvió a sentirse futbolista en Estudiantes / EL DÍA

Martín Cabrera

Por: Martín Cabrera
mcabrera@eldia.com

14 de Noviembre de 2019 | 04:49
Edición impresa

Cuando terminó el partido del domingo miró para uno de los costados del nuevo estadio. Buscó y se ayudó con su mano derecha para tapar la luz. Quería encontrarse con su nieto, que le había dicho hacía unos días que su sueño era verlo atajar. Juan Carlos Delménico, el ex arquero campeón 1983 con Estudiantes, pudo darse ese lujo -y varios más- en un fin de semana que quedará en el recuerdo para el resto de su vida.

“Estuve en varios clubes y participé de unos cuantos eventos especiales, pero lo que hizo Estudiantes sábado y domingo fue sublime”, arrancó con el diálogo este rosarino de 65 años, padre de tres hijos, dueño de una cadena de gomerías y responsable de varias atajadas memorables en ese torneo ganado con Carlos Bilardo en el banco.

“Ese equipo fue maravilloso. Nos marcó para toda la vida y no sólo por el título conseguido, sino por el grupo humano que se formó. Todo fue mérito del Profe Echevarría y el Narigón Bilardo, que supo unir a los chicos que venían de inferiores como el Tití Herrera y el Bocha Ponce con otros como yo, que llegué de Colombia, Marcelo Trobbiani que estaba en Chile y Alejandro Sabella que venía de Inglaterra”, siguió su relato desde su negocio, en el centro de Rosario, en una oficina que tiene un póster de Estudiantes y muy pronto tendrá otro del nuevo estadio de 57 y 1.

Contó que a pesar de vivir lejos siempre estuvo en contacto con amigos y ex compañeros suyos en La Plata. En 2009 fue al Country para llevar a dos chicos a una prueba y lo recibió Alejandro Sabella y hace unos años lo invitaron a una cena de la Peña de Mar del Plata. “El respeto y la solidaridad que tiene este Club con los ex jugadores no los tiene nadie”.

-El domingo volviste a atajar, ¿cuánto hacías que no te ponías los guantes?

-Mirá... 33 años. Desde que me retiré, en 1986, nunca más. Había estado en la fiesta del Junior por los 30 años del título de 1977, pero sólo me los puse para la foto. Por eso me emocioné tanto. En un momento me estaba sacando fotos con familiares y amigos de otros jugadores y los míos haciendo lo mismo con el resto de los muchachos. Eso es Estudiantes, una familia hermosa.

-¿Qué fue el equipo del 82/83?

-Un equipo con una mística muy relacionada con el Club. Un grupo con técnica y compromiso.

-¿Cómo llegaste a Estudiantes?

-Me trajo Carlos (Bilardo). Me conoció en Colombia, donde incluso me hizo nacionalizar para llevarme a la Selección, cosa que hizo en 1979. Tres años después me llamó a mi casa en Barranquilla: “¿Querés venir a La Plata para atajar en Estudiantes? Me falta un arquero”. A pesar de estar muy cómodo y ser uno de los jugadores mejores pagos, no lo dudé.

-¿Cómo era Bilardo con los arqueros?

-Conmigo fue especial, porque me conocía y porque tuve un gesto que creo -porque nunca me lo dijo- lo movilizó. Llegué un martes, entrené, el jueves hicimos fútbol y el viernes me dijo “jugamos mañana pero a los arqueros no los concentro, eso sí venite temprano”. Lo miré y le dije que si mis compañeros concentraban yo también. Su respuesta fue: “Eso es lo que quería escuchar”. Lo recuerdo y me emociona. Concentré para todos los partidos.

-Tuviste un torneo bárbaro, ¿tu mejor atajada fue el penal a Sarmiento sobre el final del torneo?

-La clave de ese torneo fue el triunfo a Vélez.

-¿Qué te dijo Bilardo del error con Independiente en Avellaneda?

-En la charla técnica de ese partido nos dijo que si no nos equivocábamos podíamos ganar... Venía Morete y el Tata (Brown) lo corría desde atrás. Era un contragolpe. Salí lejos del área y se me vinieron esas palabras. Le quise pegar fuerte para sacar la pelota de la cancha, pero cuando llegué me hizo sapito, le pifié y Morete hizo el gol. Cuando llegamos a los vestuarios me dijo “sos un pelotudo”. Y ante mi sorpresa agregó: “No hiciste lo que vos sabías hacer, pararla y salir jugando...”. El Narigón me hizo saber que no cometer errores era hacer lo que uno sabía hacer.

-Ese Estudiantes era adelantado...

-No tengas dudas. Era un equipo con muy buenos jugadores que además de buena técnica tenían inteligencia. El Narigón nos obligaba a estar atentos en todos los entrenamientos. Los 24 jugadores tenían que saber qué hacer. De repente, en la práctica, nos decía “¿qué tiene que hacer fulano en esta situación?” Y si estabas distraído o no sabías responder a la fecha siguiente seguramente no concentrabas. Por ejemplo, yo tenía que saber qué tenía que hacer Camino y así con todos. Nos repetía todo el tiempo que debíamos estar en cada detalle porque cobrábamos mucho dinero para jugar al fútbol.

-¿Qué fue de tu vida luego de Estudiantes?

-Me marcó tanto que en La Plata conocí el mercado de la gomería y hoy tengo tres negocios en Rosario. Soy distribuidor de Bridgestone. Cuando estaba en Estudiantes había un dirigente que tenía una gomería en 13 y 44. Yo pasaba a tomar café y charlar. Me acuerdo sus palabras: “Nene, las gomas siempre van a ser negras, redondas y van a tener precio dólar”. Ahí aprendí el negocio y lo sigo al día de hoy.

 

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