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NUMEROSOS ELEMENTOS PROVIENEN DE LA ÉPOCA EN QUE LA ESCUELA FUNCIONABA EN EL ACTUAL LICEO VÍCTOR MERCANTE

Desde el espejo de Mary O. Graham hasta el plano original, joyas del museo del Normal 1

Se está armando un museo que no sólo cuenta la historia de la Ciudad sino de la educación. Una iniciativa que toma forma a pulmón

Desde el espejo de Mary O. Graham hasta el plano original, joyas del museo del Normal 1

El escudo que presidía la escuela cuando estaba en el Liceo. Aún faltaban 10 años para la mudanza / G. Mainoldi

Por CARLOS ALTAVISTA

caltavista@eldia.com

Recuperar, preservar y poner en valor el patrimonio. Eso, que tanto se le reclama (en vano) a la Ciudad desde hace años y años, la comunidad académica del Normal Nº 1 lo transformó en proyecto institucional en 2013, y hoy está dando sus pasos finales hacia lo que será el Museo Escolar del emblemático establecimiento educativo.

En el primer piso del magnífico edificio inaugurado en 1932, concretamente en los palcos del salón de actos, cientos de elementos le dan forma a una auténtica máquina del tiempo que viaja hasta 130 años -la edad que cumplió el colegio en 2018- en dirección al pasado. Pero Karina, la bibliotecaria que fue una de las principales impulsoras de la iniciativa, aclaró que “la intención es reflexionar acerca de las herencias, el presente y los futuros posibles de la educación argentina”.

“Muchísimas cosas son previas a la inauguración de este edificio; eran utilizadas en el Normal 1 que funcionó desde 1888 hasta 1932 en el actual Liceo Víctor Mercante”, contó la vicedirectora del nivel secundario y profesora de Historia del Arte, Angeles Muñoz Ojeda.

El espejo de la habitación de Mary O. Graham, primera directora, quien vivía en el Liceo, es una pieza histórica inconmensurable. Pero, aunque menos vistoso, también lo es el plano original del edificio de 51, 14 y 15, que por ahora, y hasta que el Museo tenga el mobiliario y la seguridad adecuadas, descansa en un despacho administrativo.

El primer plano de La Plata que recibió el colegio, fechado en 1914. Un escudo que colgó sobre la puerta de entrada del establecimiento una década antes de la mudanza a la manzana contigua a la Catedral. Juegos didácticos en madera trabajada. Bolilleros para exámenes. Una de las primeras banderas argentinas. La máquina con la que se encuadernaban los libros de texto. Son apenas algunas joyas que, en no mucho tiempo más, podrán ser disfrutadas por la comunidad toda.

“Vamos a presentarnos ante el Fondo Nacional de las Artes para acceder a un subsidio que nos permita adquirir el mobiliario adecuado para colocar y proteger los objetos”, apuntó Angeles, para comentar que el próximo paso será la elaboración del inventario, trabajo que estará a cargo de estudiantes avanzados de la carrera de Museología del Instituto de Formación Docente Nº 8. Después, la clasificación y descripción.

Ya hay algunos espacios que van tomando forma, como el despacho de dirección, con una pieza de mármol exquisita, su tintero y el sitio para apoyar la pluma o lapicera.

ESPACIOS

Un aula con pupitres de los años ‘70 -quizás algunas de las piezas más modernas del lugar- permite apreciar libros de texto como “Huellitas” (libro de lectura para 3º grado), “Adalid” (libro de lectura para 4º grado), “Pampa de estrellas”, de Prudencio Oscar Tolosa, y “Entre tú -con tilde- y yo”, libro de lectura para 2º grado.

En el escritorio de la imaginaria docente de esa aula, mueble bastante más antiguo que los pupitres, se observa un bolillero de madera, en un estado impecable, que se utilizaba para los exámenes.

El ingreso a la zona de los materiales didácticos, todos fabricados con piezas de madera de distintos tamaños, formas y colores, es realmente un paseo por la historia de la educación. “Son de 1955”, puntualizó la directora de la Asociación Cooperadora, Lidia Garrido. Sobre una de las mesas hay un papel con el logo del colegio y una explicación: “Los materiales didácticos para apoyar clases respondían al método intuitivo pestalozziano, por el cual se debía enseñar a los niños a partir de la observación del objeto”.

Enrique Pestalozzi fue un influyente educador suizo, que vivió entre los siglos XVIII y XIX, que aplicó los ideales de la última Ilustración a la pedagogía. Sostenía que la solución a las contradicciones y la pobreza en la sociedad se debían buscar en una buena educación, y que a los niños no se les debían proporcionar conocimientos ya construidos, sino la oportunidad de aprender mediante la actividad personal.

Numerosas fotografías de distintas épocas le dan marco a los objetos. En una de ellas resaltan unas 30 niñas con guardapolvos blanquísimos y cintas blancas en el cabello rastrillando la tierra para una huerta, acompañadas por dos maestras.

El primer plano de La Plata que tuvo el Normal 1 es de 1914 y se conserva en perfecto estado. Dice: “Plano parcelario y altimétrico del ejido de La Plata, Ensenada y puerto, construido sobre los datos más recientes y autorizados por Fulgencio Domínguez, cartógrafo”. Llaman la atención dos grandes áreas nombradas como “Estancia Grande, sucesión de Jorge Bell” y “Estancia El Rincón, Archibaldo Bell”.

Títeres y muñecos didácticos artesanales. Una sala de música con un piano, panderetas y xilofones. Una fonola con discos de pasta y un tocadiscos de los ´60 con discos de vinilo. Muebles y frascos de la enfermería del colegio junto con la balanza manual para pesar a los niños. Láminas, sellos, un globo terráqueo, un cancionero de cantos escolares, y un libro de “asistencia del personal docente” de unos 70 centímetros de alto, apoyado sobre una suerte de atril, son otras piezas dignas de ver.

Pero el museo promete ser de esos que requieren de un día para recorrerlo, teniendo en cuenta la cantidad de documentación y de libros con que cuenta: “En la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, a 17 días del mes de febrero de mil novecientos treinta y dos, siendo las 15 horas...”, se puede leer en la única foja del expediente, escrito a máquina, por el cual se creó el espacio para el nivel secundario.

“Todo la escuela es un museo vivo”, definió Angeles Muñoz Ojeda. Y con razón.

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