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Es la primera vez que se hace en la Provincia

Inédito: con emoción, jubilan a tres perros del Servicio Penitenciario

Tienen 10 y 11 años. Gracias al proyecto “Viejos Camaradas”, irán a vivir con sus guías. De ahora en más, también podrán ser adoptados para que pasen sus últimos días con una familia

De izquierda a derecha, Tequila, Sunkay y Jack posan con sus medallas y sus guías Carlos Pelliza, Leandro Acosta y Daniel Milono, ahora también sus “familiares humanos” / Roberto Acosta

Algunos perros también son entrenados en destreza, como este rottweiler / Roberto Acosta

Dos labradores cachorros, ya en entrenamiento de búsqueda / R. Acosta

Un pasaje de la ceremonia de “jubilación” de canes / Roberto Acosta

Por ALEJANDRA CASTILLO

policiales@eldia.com

Aunque las nieves del tiempo ya platearon sus trompas, Tequila, Jack y Sunkay no pierden el gusto por los juegos que saben jugar desde los primeros días de vida, cuando arrancó su adiestramiento como perros de seguridad y de búsqueda de drogas. Lo que no saben estos dos ovejeros y un labrador negro de 10 y 11 años es que esta semana hicieron historia al convertirse en los primeros canes del Servicio Penitenciario Bonaerense en ser “jubilados” de la fuerza para que puedan pasar sus últimos años en una casa, con una familia que los quiera y los cuide.

“Es que estaban condenados a morir en un canil”, dice el director de Cinotecnia del SPB, Diego San Sebastián, en el predio del complejo de Olmos donde se entrenan y viven más de 40 de los 227 perros que están actualmente “operativos”, y donde -desde los últimos tres años- crían, entre otras razas, la belga malinois, a cuyos ejemplares los especialistas describen como “amigables, protectores, activos y trabajadores”.

Esto permitirá pasar a retiro a muchos canes que con más de 8 años siguen cumpliendo tareas diversas para el Servicio, como disuadir fugas, motines o peleas; tanto como buscar droga, personas o pólvora, sin pasar por alto la custodia de eventos deportivos, juicios y traslados de presos y no pocas participaciones en exhibiciones civiles en cualquier ámbito.

El proyecto “Viejos Camaradas” le pone un límite a eso al disponer “el retiro de los canes gerontes que dejaron de ser operativos para terminar sus días en el calor de un hogar con entorno familiar”, dice la normativa en un lenguaje tan duro como los actos oficiales, aunque la ceremonia que “jubiló” a estos tres perritos derrotó con su calidez la rigidez del protocolo.

Fue el miércoles pasado en Olmos, con el Jefe de Departamento de Perros, Sebastián Figueras, haciendo un esfuerzo para no quebrarse en el discurso; y la presencia, entre otros, del subdirector General de Resolución de Conflictos, Gabriel Cejas, el jefe del área de Veterinaria, Matías Rodríguez, y el del departamento de Búsqueda de Estupefacientes, Alejandro Alonso.

Hubo aplausos, medallas (con sus estampas) y besos, además del himno y las fotos con sus guías, con quienes se mudarán ahora. El proyecto contempla dos posibilidades a partir del retiro del perro. La primera es que vayan a vivir con la persona que los adiestró desde cachorros, pero si ésta no quiere o no puede alojarlos, se ofrecerán en adopción “a través de un convenio que se hizo con una organización que ayuda a perritos de la calle”, explicó San Sebastián. Las familias que se postulen para ello deberán reunir algunos requisitos y comprometerse a garantizarles a los animales alimentación, cuidados y, sobre todo, mucho amor en los últimos años. La atención veterinaria y contención correrá por cuenta del SPB hasta la muerte de la mascota.

“Ella es mi compañera, es mi amiga”, dice el sargento ayudante Carlos Pelliza pegadito a Tequila, una ovejera que cumplió 10 años y en quien él confía ciegamente si la tiene al lado, “porque somos un binomio. Hace unos años estábamos en Mar del Plata y se amotinaron 32 internos. Tuvimos que entrar en la leonera para sacarlos, pero ella fue la primera y redujo a los 32 sin problemas”. Admite, no obstante, que el miedo también los acompaña siempre, “por ella y por mí”. A Tequila le gusta jugar con pelotitas y con toallas, casi tanto como dormir. Pelliza tiene tres hijos de 17, 22 y 26 años, “perreros” como él, y un callejerito que se lleva muy bien con su “hermana” entrenada, algo a favor, teniendo en cuenta que convivirán a partir de ahora.

Jack, también de 10 años y ovejero alemán, es el compañero del sargento Daniel Micono, que no dudó en aceptar el convite de alojarlo en su casa. “Hemos viajado mucho juntos”, cuenta, y aunque aclara que no es buena idea tocarlo de arrebato, “se puede controlar. Ya conoce a mis padres, mis hermanos y mi sobrina. Y se lleva muy bien con todos”.

A diferencia de los otros dos, Sunkay es un labrador especializado en búsqueda y dos veces premiado en una competencia de canes de todas las fuerzas de seguridad del país, cuyos 11 años de vida y sobrepeso lo convencen de permanecer acostado pese a la formalidad de un acto histórico, sin parar de mover la cola. “Yo lo llevo y lo traigo a mi casa”, relata su guía, el sargento ayudante Leandro Acosta, que vive con su madre en un lugar con “mucho espacio. Y ella lo ama”.

“Hay mucha confianza en nuestros canes y las autoridades apostaron mucho por esta dirección”, reconoce San Sebastián, resaltando que desde 2016 hasta ahora se capacitó a 174 agentes en las distintas disciplinas (búsqueda, estupefacientes y seguridad), pasando de 166 a 227 canes en 33 unidades de toda la provincia (en 2015 eran 23 los penales). Destacó también la reforma y ampliación de los caniles, la adquisición de equipamiento para el adiestramiento, vehículos y ejemplares de belga malinois y labradores, y la compra de alimento balanceado y de medicación veterinaria: aunque las facturas hablaran de carne, verdura y arroz, “hasta hace unos años los perros comían fideos” lamentó el director, sin pasar por alto que este nuevo contexto ayudó a que en poco más de tres años se hicieran casi 200 operativos dentro y fuera de las cárceles.

Las unidades con más canes son Sierra Chica, Batán, Bahía Blanca y el complejo de Olmos

 

Rodeado de ovejeros alemanes, labradores, algún rottweiler y belga malinois que ladran con ganas (mientras uno de esta última raza pugna por saltar el alambrado probando cualidades de gato), San Sebastián cuenta cómo es un día en la vida de estos perros especiales: “Los guías llegan temprano, los sacan de los caniles y empieza a trabajar con ellos” en el entrenamiento habitual, que en todas las disciplinas tiene directa relación con el juego y el premio como estímulo, y jamás con el falso mito urbano de transformar a un animal en adicto para que busque drogas como loco.

Los caniles, ampliados recientemente, tienen dos espacios, uno de los cuales es para que duerma bajo techo. Se limpian de dos a tres veces por día, están separados por disciplina y los perritos permanecen fuera hasta las 17.30, cuando los reingresan hasta el otro día, excepto los que son apostados en las unidades penitenciarias para los controles en “correderas” para evitar fugas, solos o con sus guías. “A veces nos pueden llamar de noche. Acá siempre queda una guardia”, apunta San Sebastián.

Más allá de las distintas disciplinas, hay perros que “cumplen más de una función”, agrega el subdirector general de Resolución de Incidentes, Gabriel Cejas, no sin indicar que la formación dependerá de la función que vaya a cumplir, la cual se definirá por las características de cada animal en virtud del desarrollo de algunos de sus 15 instintos (presa, caza, defensa o seguidor, entre 11 más).

“Tengo que mirar bien al perro para saber si lo mejor es su olfato o sus ganas de jugar -sigue Cejas- lo que implica tiempo y trabajo con el guía”.

Cerca, Figueras suma que hay “perros superlativos”, señalando a un cachorro que tiene “un año y cuatro meses y a los tres (meses) ya tenía identificado el olor a marihuana”, cuando el proceso regular, para cualquier sustancia, demanda entre 8 y 10, lapso en el que se fortalece el vínculo con el guía (luego del destete), a través de una estimulación temprana con el juguete con el que que van a jugar en toda su vida “operativa”.

“Lo que tratamos es de no sobrecargar al perro para que sea bueno en una especialidad”, agrega San Sebastián. Y, ya en los operativos, hacerlos trabajar por tiempos cortos: “No más de 10 minutos, porque están jugando y deben tener su premio, sin agotarlos ni sobrecargarlos de olores”, lo que es habitual en espacios reducidos como una cárcel.

“Nunca tenemos que olvidar que los perros son nuestros compañeros”, cierra San Sebastián, cerquita de donde tres cachorros labradores corren desaforados persiguiendo a sus juguetes. Cerquita de ahí, detrás de los caniles, se adivina el pedazo de tierra donde descansan, desde hace más de medio siglo, los perros que murieron ahí después de toda una vida de trabajo, de viejitos nomás.

 

Olores
La Dirección de Cinotecnia trabaja en una propuesta de “odorología criminal”, para crear un banco de olores de la población carcelaria, como ya se hace en otros países, “capacitando al personal y a los canes”.

 

 

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