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Universitarios se visten de maestros y brindan apoyo escolar a chicos de Romero

Son estudiantes de distintas facultades que dan clases de guitarra, matemática, literatura y dibujo a niños que asisten a un comedor

Universitarios se visten de maestros y brindan apoyo escolar a chicos de Romero

junto a las clases, los jóvenes buscan visibilizar las problemáticas de la comunidad/ facebook

18 de Junio de 2019 | 01:57
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De la inundación del 2 de abril de 2013 quedan el recuerdo de aquella ciudad arrasada y el dolor, para tantos, de las marcas lacerantes que dejó el agua. Pero también, la espontánea, desinteresada y generosa solidaridad de cientos de miles que sin dudarlo pusieron el hombro por quienes lo habían perdido prácticamente todo. En aquellos días aciagos florecieron movidas como las del Equipo de Trabajo Barrial (ETB), una iniciativa de jóvenes universitarios que continúa hoy, incólume, en pos de mejorar la calidad de vida de decenas de niños y niñas de La Plata, quienes, según cuentan, carecen de los servicios, conocimientos y necesidades básicas satisfechas.

Florencia Di Martino tiene 24 años y aunque hace poco se recibió de Diseñadora en Comunicación Visual sigue ligada al ámbito universitario de lunes a sábado, cuando, a las 9.30, junto a un puñado de estudiantes de distintas facultades, toma el micro que desde la zona del Rectorado de la UNLP la acercará hasta el barrio Romero Campo (delimitado por las calles 516 y 516 bis, de 161 a 167). Allí funciona “La Casita” -como la llama el grupo de trabajo-, un establecimiento anclado entre asentamientos y a la vera de un largo sendero sin asfaltar que en jornadas lluviosas se convierte en un lodazal “intransitable”.

Comedor y escuela

“La Casita” se fundó sobre la base de un predio donado por una vecina tras la inundación: de lunes a viernes funciona allí un comedor infantil en el que más de 30 niños de entre 5 y 15 años reciben almuerzo y merienda; los sábados es una suerte de brazo escolar para que alumnos de carreras como Ciencias de la Educación, Trabajo Social, Ingeniería, Nutrición y Medicina acerquen a esos mismos chicos clases de cocina, guitarra, dibujo, matemática y literatura.

“Buscamos brindar herramientas a vecinos atravesados por distintas problemáticas”

 

“Buscamos brindar herramientas a partir de nuestros conocimientos académicos a un barrio atravesado por distintas problemáticas”, explica Florencia, que se graduó con una tesis basada en el trabajo solidario, y detalla: “Yo me encargo de la difusión y la comunicación; los compañeros de Ingeniería preparan los contenidos para dar matemáticas; los de Humanidades hacen lo mismo con literatura”.

Las clases se organizan en reuniones que los jóvenes mantienen durante la semana para discutir los contenidos que abordarán el sábado: siempre atendiendo a la edad y necesidad de cada chico. “A algunos les enseñamos a leer desde cero -precisa la diseñadora en Comunicación Visual-; a otros, a completar una hoja en blanco, con un dibujo o lo que sea que les permita expresarse”. Una ventana a la imaginación para muchachines, cuyas familias “no acceden a agua potable y se calientan a garrafa”, niños que “llegan con poco o nada de la escuela, que muchas veces dejan de ir al colegio por el estado deplorable de calles que, sobre todo cuando llueve, les impiden salir de sus casas”, agrega Florencia.

La condición de los caminos veda, además, “el acceso a hospitales, el paso de ambulancias, patrulla policial -en una zona por demás insegura-, transporte y recolectores de residuos”.

Demasiadas privaciones. Suficientes para que cada sábado, entre las 10 y las 15, el grupo de universitarios haga del comedor, escuela. En forma quijotesca, de manera totalmente independiente, sin subvención estatal ni apoyo político de ningún tipo.

Una tarea “a pulmón”, resume una de las impulsoras del ETB , y destaca también el trabajo que durante la semana realiza la cooperativa barrial para mantener en pie el comedor: “Entre todos buscamos contribuir con las necesidades de los vecinos y para nosotros, como universitarios, es una manera de conectar con distintas realidades, algo para lo que en la Universidad no siempre te preparan”.

Para Florencia, fue la realidad del barrio la que, a instancias del grupo de estudiantes, ganó espacio en la agenda pública: los proyectos de extensión de la facultad de Ingeniería, que van desde encuestas sobre datos poblacionales hasta saneamientos hídricos y la construcción de calentadores solares dan cuenta de ello.

Tenaces y perseverantes, en el ETB piensan en futuro: por ejemplo, en expandirse a otros barrios y sumar más integrantes a un grupo que todavía es minoritario -no supera los 15 miembros.

¿Con qué se puede contribuir? Con útiles escolares, elementos de primeros auxilios (algodón, alcohol, curitas) para el botiquín, calzado, abrigo, comida no perecedera para los niños. Todo aquello que pueda calmar la espera “por la solución inmediata de los problemas que deben atender las autoridades”, concluye Florencia.

Multimedia

junto a las clases, los jóvenes buscan visibilizar las problemáticas de la comunidad/ facebook

cuando llueve, el barrio romero campo es “intransitable”/whatsapp

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