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Editorial

La falta de un plan de contingencia ante la emergencia eléctrica

La falta de un plan de contingencia ante la emergencia eléctrica

La dependencia de un cable subterráneo para suministrar energía eléctrica a la zona Norte, sumado a la falta de un plan de contingencia para afrontar una crisis energética que afecta a miles de vecinos, dejan en evidencia serias falencias en el servicio que presta la empresa Edelap. Así como es inviable que varias localidades estén atadas a la precariedad de un sistema basado, a grandes rasgos, en un solo cable, algo propio de métodos del pasado y ya en desuso en el mundo, resulta alarmante la falta de mecanismos aceitados para brindar respuestas inmediatas y a tono con los tiempos que corren, para evitar el calvario al que son sometidas las personas afectadas por el apagón.

En ese contexto, en poco más de una semana miles de pobladores debieron enfrentar dos gravísimas emergencias traducidas en cortes de energía eléctrica, la primera de ellas el gigantesco apagón que se registró hace diez días y que afectó a todo el territorio argentino así como a vastos sectores del Uruguay, sur del Brasil, Paraguay, Bolivia y Chile, originado a raíz de una falla en la presa de Yacyretá; y la segunda, de alcance restringido a la Región, que dejó sin luz y con deficiente servicio de agua durante dos días a City Bell, Villa Elisa, Gonnet y localidades vecinas como Arturo Seguí y Hernández.

En este caso, que se encuentra aún pendiente de reparación, la avería fue detectada ayer a la mañana en un sector del tendido subterráneo en el Camino Centenario y 476, estimándose que recién este miércoles podría normalizarse el servicio. El corte que se registró el sábado a la noche privó por completo de energía eléctrica a miles de usuarios y obligó a la empresa Edelap a montar un plan de emergencia con grupos electrógenos distribuidos en distintos puntos de la zona Norte de la Ciudad.

Si bien a media mañana de ayer los generadores habían restablecido el suministro a muchos domicilios, la prestación de los generadores ofrecía una tensión menor a la normal y alcanzaba para encender algunas luces de las viviendas y acaso una TV. Por otra parte, el corte de agua domiciliaria también se hacía sentir en varias localidades alcanzadas por el problema.

Frente a las penurias de estar sin el servicio eléctrico, los reclamos vecinales se hicieron sentir y apuntaron no sólo a la privación prologada del servicio sino a la falta de respuestas y de contención por parte de la empresa, que, como suele ser habitual, sólo mantiene en funcionamiento a un contestador telefónico automático. La falta de agua afectó no sólo a los usuarios que reciben el suministro por parte de Absa, sino, obviamente, a quienes se surten de bombeadores propios, pero que carecían de electricidad.

Como parte del plan que la empresa responsable de la prestación del servicio debió desplegar para mitigar las serias complicaciones a miles de usuarios de la zona Norte platense, se instalaron equipos en la subestación de City Bell con capacidad para proveer 15 MVA, por lo cual el tránsito se interrumpió en el Camino General Belgrano a la altura de 465, en tanto que en el Camino Centenario grupos de inspectores actuaron como reguladores del flujo vehicular en la esquina de Centenario y Güemes.

Ante emergencias similares, siempre se ha puesto de relieve la necesidad de que la Región disponga de protocolos claros de actuación para enfrentarlos. En agosto de 1962 un pavoroso incendio destruyó a la usina de Dock Sud, dejando sin electricidad a toda la zona sur de capital, al Gran Buenos Aires y a nuestra ciudad. El apagón afectó a las tomas de agua y los platenses formaron de inmediato un comité de emergencia -integrado por técnicos, ingenieros, directores de hospitales y de escuelas, entre otros sectores representativos- que adoptó medidas alternativas para paliar la situación, consolidándose una estructura de defensa civil que resultó eficaz.

Como se ha dicho ya, la vasta y muchas veces trágica experiencia aquilatada enseña que no debe soslayarse el hecho de las falencias presupuestarias y de recursos materiales que suelen exhibir los organismos dedicados a la defensa civil, cada vez que un apagón, una inundación o un incendio de proporciones los convocan. De allí que deba instarse a las autoridades a consolidar estructuras preventivas, capacitadas para actuar con idoneidad y presteza frente a todo tipo de calamidades.

Es fácil imaginar lo que puede ocurrir en los densos conglomerados urbanos cuando faltan el agua y la luz, sobre todo si la población no dispone de protocolos para enfrentar esos problemas y, a su vez, los organismos con incumbencia no cuentan con los recursos mínimos necesarios. Son, entonces, las autoridades nacionales, provinciales y municipales las que debieran garantizarle a los cuerpos de prevención la obtención de los mejores equipamientos posibles, sin perjuicio, como se ha dicho, de que, en este caso, la empresa responsable del servicio eléctrico -luego de poner en claro los motivos de la avería- vuelva más eficiente su accionar y minimice de ahora en más los potenciales daños y perjuicios que sufren los vecinos.

 

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