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FestiFreak: en “La botera”, una chica trata de crecer y romper el corset en la Isla Maciel

La ópera prima de Sabrina Blanco forma parte de la competencia argentina de largos del festival. Se podrá ver hoy y mañana, gratis

FestiFreak: en “La botera”, una chica trata de crecer y romper el corset en la Isla Maciel

Nicole Rivadero, protagonista de “La botera”

19 de Octubre de 2020 | 04:20
Edición impresa

Tati quiere cruzar al otro lado: tiene 13 años, y se encuentra en ese momento de la vida donde quiere volverse adulta, explorar las distintas formas del deseo. Una de ellas es convertirse en botera, cruzar con el bote entre su mundo, la Isla Maciel, y la capital, una tarea reservada solo para varones. 

Esa es la premisa de “La Botera”, película de Sabrina Blanco que podrá verse hoy y mañana el FestiFreak, de forma gratuita, en el marco de la competencia de largometrajes argentinos: una película narrada de forma despojada y sensible, que relata sin subrayar la forma en que territorio, política, sociedad y deseo se vuelven carne en el cuerpo. 

“Cuando empecé a pensar este proyecto, mi primera intención era abordar las adolescencias en los barrios populares de las mujeres. En ese momento, hacía trabajo social en la Villa 31, y veía muy de cerca las dificultades que vivían las chicas a esa edad. Además, es una edad que creo que en general está un poco velada, y es bastante dificultosa para las mujeres en general: es una etapa donde un poco se gestan todos los problemas que acarreamos en nuestra vida, pero en el cine, casi siempre, se retrata el crecimiento de los varones y no tanto de las mujeres, o, cuando se hace, se romantiza un poco”, comenta Blanco, en diálogo con ELDIA, sobre la génesis de su primer largometraje. 

Blanco conocía la isla, “que también es una zona velada: un lugar marginado, sobre el cual carga un gran estigma social”. Así que visitó el lugar, confiando en que “reunía algunas problemáticas sociales que quería abordar además del tema de las adolescencias femeninas en barrios populares”. Y enseguida aparecieron los boteros, un oficio que se convertiría en el eje de su relato.

“Llegás al lugar y hay botes trasladando gente”, comenta al respecto la cineasta que desarrolla su segundo largometraje “Sola”, ganador del Concurso de desarrollo de proyectos de guiones INCAA. Blanco hizo algunas entrevistas a los boteros, y trabajo de campo “para entender el oficio un poco, y me pareció que cerraba muy bien con la película que yo quería hacer la idea de una mujer que quisiera ser botera, un trabajo tradicional del lugar, pero asignado a los hombres históricamente. Es un trabajo que se pasa de generación en generación, pero siempre entre varones, nunca existió una botera mujer. Entonces me pregunté qué pasaría si una chica quisiera ser botera, había algo de esa iniciativa que para mi ponía de manifiesto este empoderamiento que está en el aire y que llega de forma escalonada a los distintos estratos sociales, porque los movimientos feministas no calan de la misma manera en la clase media que en las clases bajas, pero aparecen, quizás llegan desde un lugar más físico, pero aparece esta idea de hacer algo que hacen los hombres”. 

“El bote, además, es algo cercano a la protagonista, no es un deseo lejano, está en su barrio, ahí, entonces me parecía que si bien no era una historia real, podía serlo tranquilamente, podía suceder”, agrega Blanco: allí estaba una de las claves de su objetivo de realizar “un proceso documental para filmar una ficción”, un trabajo de tres años yendo al barrio, “conociendo a las personas, participando de actividades, poniéndome en contacto con la iglesia, con la escuela, habitando el lugar para entender las lógicas de lo que iba a contar”. 

“En ese transcurrir”, cuenta Blanco, “iba reescribiendo el guion para que se comunicaran realidad y ficción”. Las particularidades de ese territorio se fueron así entrelazando en el guion en los cuerpos que habitan la isla, de forma sutil, delicada, con una cámara casi documental. “Tiene que ver con el marco conceptual de uno”, dice al respecto la directora, afirmando que “para abordar no solo la adolescencia femenino sino también cuestiones de clase, el punto de vista fue algo que tuve presente todo el tiempo, que respondía a mis concepciones: en el cine y en cualquier cosa que hagas, ese punto de vista es clave”.

El tono naturalista del relato es replicado por su protagonista, la debutante Nicole Rivadero: “Era mi primera película como directora y su primera película como actriz, así que fue un desafío que atravesamos juntas”, explica Blanco. “Nicole fue una apuesta: la conocí en el mismo barrio, hice un casting ahí, tenía 12 años. Y mi transferencia con ella fue a otro nivel, que no tiene que ver con lo actoral: de hecho, su primer casting fue muy malo, actoralmente no funcionó y la directora de casting incluso estaba en desacuerdo con que yo elija a Nicole como protagonista. Pero para mi, ella cargaba en su experiencia de vida, en su mirada, en su forma de moverse, en sus gestos, el personaje que yo había escrito. Y para mi eso, es muy difícil construirlo a esa edad, actoralmente. Sentía que lo demás sí se podía construir, y elegí ese desafío: en vez de elegir que una chica con posibilidades actorales pueda encarnar en ese personaje, en esa experiencia, en esa mirada, elegí el camino contrario, que ya venga con eso, y construir lo actoral”. 

La cineasta relata cómo fue ese proceso: “Fue lento, primero nos conocimos, formamos una relación afectiva, charlamos, conocí a su familia, después empezamos a hacer ejercicios para acostumbrarse a la cámara, después empezamos a hacer ejercicios actorales, y con un coach armamos un taller de teatro donde estaban todos los chicos involucrados”, dice. “Eso duró dos años de trabajo continuo, en donde iba chequeando que su deseo permanezca, algo que era clave para sostener el rodaje de la película. Y así fue: ella no tenía idea de lo que era hacer una película, pero sin embargo lo quería, de la misma manera que su personaje quería ser botera. Me parecía que ahí, en ese deseo, radicaba la esencia del personaje”.

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