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La política sigue teniendo de rehén a la economía

La política sigue teniendo de rehén a la economía

Por: Ricardo Rosales
@prensa.rosalesr@gmail.com

17 de Febrero de 2020 | 02:44
Edición impresa

¿Se complica el escenario económico luego de lo ocurrido la semana última? ¿Hasta donde influyen las declaraciones de funcionarios de gobierno, imprecisiones o los datos reales? Como es habitual, en particular en la historia de Argentina, la política tiene de rehén a la economía. La ausencia de reglas estables, o que decretos o leyes urgentes aprobadas por el Congreso, creen otras reglas, otros impuestos, organismos de control, revisión de contratos, etc, siempre justificadas por la emergencia, no hace más que acentuar la incertidumbre y frenar algún tipo de recuperación de largo aliento, salvo las especulativas de muy corto plazo.

No debería sorprender que con la gestión del presidente Alberto Fernández la piedra en el zapato vuelva a reaparecer. La negociación de la deuda y con el Fondo Monetario Internacional parece llevar todo el esfuerzo oficial para reordenar la economía, pero es claro que con ese aspecto como bandera no alcanza.

El análisis del mensaje del ministro Martín Guzmán en el Congreso ofrece mucho para especular. Una parte de los economistas advierte un discurso de barricada, sin demasiado sustento, ni dato concreto que, además advirtió como mensaje central, no habrá esfuerzo fiscal de la Argentina por los próximos tres años.

Como inmediato surge como intención del gobierno de no pagar ni capital e intereses de la deuda por al menos hasta el 2023. También mencionó de dar al mundo un ejemplo de cómo renegociar una deuda. No parece un discurso adecuado para iniciar una conversación de buena fe como ha sostenido el Presidente. Otra interpretación es menos grandilocuente con los enunciados y más concreta: Guzmán habría buscado deliberadamente bajar el precio de los bonos en los mercados, con la idea de iniciar una negociación en mejor posición.

En las mismas horas, una misión del Fondo Monetario en Buenos Aires, dejó trascender las reuniones positivas con el gobierno, aunque a otro nivel, la vicepresidente Cristina Kirchner abrió una polémica que fue respondida desde Washington DC por el vocero del organismo internacional. En síntesis, le dijo que no hubo un préstamo ilegal a la Argentina durante la gestión de Mauricio Macri y que tampoco puede haber quitas o reducción de intereses con la deuda contraría con el FMI.

Otra vez, mucho para especular, en particular luego que Alberto F. apoyara a la Vicepresidente. ¿Otra intención de bajar el precio a los bonos? ¿Por qué apuntar al FMI, el organismo que debería ayudar a la Argentina en la versión presidencial? ¿O fuego interno de peronistas/K vs. otras tribus que disputan espacios de poder? No es novedad que la actual gestión es una heterogenia confluencia de peronistas y K que no siempre coinciden en sus prácticas, ideologías y objetivos.

Pero como señalamos, la deuda no es todo. Está el primer dato de inflación de este Gobierno y el anuncio finalmente del ajuste que recibirán los jubilados a partir de marzo. Y como telón de fondo, las negociaciones con los sindicatos, los estatales y los docentes sin cláusula automática por perdida de poder adquisitivo, además de otros ruidos: los reclamos del campo, los sectores industriales que no despegan y tampoco las naves insignias de una recuperación, la minería y Vaca Muerta.

La inflación de enero puede ser leído como un aliciente, pero la realidad es otra. Los alimentos subieron bastante por encima de 2,3 por ciento y en interior del país los porcentajes serían mayores. Y esto sucede con tarifas congeladas, que básicamente rigen en Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, y dólar quieto. ¿La baja es una tendencia o apenas una parada?

El cambio de cláusula de ajuste de las jubilaciones era de esperar, pero la novedad es que ocurrió. Más allá de los discursos, es un dato que la Anses está realizando un ajuste hacia abajo del gasto en partidas, además de confirmar que el política de ahora en más sería la de achatar la escala de haberes. Recibirían un porcentaje más los de abajo y casi nada los de mejor ingreso. El inicio de protesta y juicios es un resultado casi de esperar.

Algunos cálculos estiman el ajuste de fondos en más de 5.100 millones de pesos por mes. La historia de las cajas de fondos previsionales es otra constante de la Argentina. No ha habido gobierno en los últimos 70 años que haya echado mano a esos aportes de los ciudadanos para financiar su déficit. No existe en la justicia otro lugar en donde se haya acumulado miles y miles de reclamos durante décadas, sin ninguna resolución concreta. Las jubilaciones, en la práctica para la mayoría de los pasivos, es un dinero regulado por los gobiernos que no cubren las necesidades básicas que releva el Indec.

También influyen las expectativas sociales. La nueva escala de jubilaciones es vista por un sector social como que ellos son los destinatarios del ajuste. El Presidente había prometido poner dinero en el bolsillo de la gente en campaña, pero la dura realidad es que ese aliciente no llega. Igual en las promesas salariales para estatales y docentes. La economía no resiste nuevas redistribuciones de ingresos y una emisión monetaria sin control para financiar promesas dispararía tensiones inflacionarias impredecibles. La respuesta a si el escenario económico se complica es real, pero es la política la que puede dar alguna salida que no sea otro paso en falso del país.

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