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Opinión |La fundación de Berisso
La epidemia que forjó a una ciudad

La epidemia que forjó a una ciudad

Por: Oscar Alcoba

24 de Junio de 2020 | 02:37
Edición impresa

Ex concejal de Berisso

En 1870, en la zona de la Parroquia de San Telmo de la ciudad de Buenos Aires, aparecieron los primeros casos de fiebre amarilla que tras extenderse por toda la ciudad se convirtió en la gran epidemia. Popularmente llamada “el vómito negro” causó 13.000 muertes en una población de 100.000 habitantes.

En ese contexto, Juan Berisso que siendo muy joven se había embarcado para la Argentina desde su Génova natal con solo una moneda de plata española, supo que debía darle un vuelco a su vida.

A los 18 años ya poseía una carnicería en la calle Defensa y luego instaló una industria saladeril en Barracas al Sud. Su capital más importante fue su férrea tenacidad y sus ansias de superación.

La pandemia de 1871 y una ley de exoneración de impuestos, lo impulsó a trasladarse al viejo ejido de Ensenada y el 24 de junio de ese año inició las obras del saladero San Juan, construido en solo 43 días y teniendo de principal colaborador a su hermano, Luis Berisso, quien en 1879 abrió el “San Luis”, ocupando en total a 2.000 trabajadores de la carne. Esa fecha es tomada hoy con la de la fundación de Berisso, que hoy cumple años.

Producían tasajo y peptona (extracto de carne, según sostiene Juan Richelet, en su libro ”La Industria de la carne”, año 1913).

El agente originario de Berisso, por lo tanto, no es de índole portuario, tal es el caso de Ensenada, ni político como ocurrió con La Plata, ni defensivo como en el caso de Chascomús. Tampoco fue religioso, a manera de Quilmes. La primitiva población de Berisso surgió en torno de un establecimiento fabril, lo que marcó su fisonomía para siempre.

En 1873 arribó el primer ferrocarril, que circulaba por la actual calle Montevideo y llegaba hasta el paraje “El bagre flaco”, en Los Talas. En años posteriores aparecieron los primeros almacenes: el “San Juan”, de don Teodoro Ballici, frente a lo que es hoy el Parque Cívico), Massera en la portada y el de Podestá. El reparto de pan y leche lo hacía don Lanteri. Y los parroquianos tomaban “la grapa” en el bar de García, que estaba iluminado a querosén. Luego abrieron “El Centenario”, de Angel Pella, el mítico ”Sportman”, de Lázaro Bruzzone y el “Dawson”.

Según el censo de 1909 la población contaba con 3.523 vecinos, repartidos en mitades casi exactas entre argentinos y extranjeros, construyendo los provincianos un barrio llamado “Las Catorce”.

El 21 de mayo de 1907, el diario EL DIA expresaba “…la visita de un tranway constituye un acontecimiento, pues ese espectáculo se realiza cada hora y minutos…”, mencionando la aparición del tranvía como medio de comunicación. Recalaba en Berisso el número 25 y el viaje costaba 15 centavos.

Una ciudad y su fundador son eternamente semejantes. Contenido y continente de una misma cuna. Sus esfuerzos se emparentan en el tiempo, se hacen igual realidad. Y en este juego de símiles, Berisso y su gente, pueden darse la mano y mirarse en un idéntico espejo: el de la solidaridad y el trabajo.

 

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