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Opinión |Editorial
Las veredas fueron convertidas en baños y los “trapitos”, reinaron

Las veredas fueron convertidas en baños y los “trapitos”, reinaron
27 de Enero de 2022 | 03:41
Edición impresa

Un céntrico barrio platense se vio sometido anteanoche a tropelías de toda clase. Desde personas que usaban las veredas como si fueran inodoros, prepotentes “trapitos”, y variados daños, durante muchas horas se convirtió en territorio “liberado”.

La ausencia o falta del accionar que corresponde posibilitó situaciones desagradables para las pocas -afortunadamente- mujeres que sufrieron faltas de respeto por suerte, que se sepa, verbales. Se crearon problemas higiénicos ya que algunas veredas fueron usadas como baños y lo grave es que era previsible a tenor del aumento de ese tipos de hechos en las jornadas anteriores. Por eso es inexplicable la pasividad de las autoridades.

Fue una situación aprovechada además por un “ejército” de “trapitos”, que se desplegaron hasta varias cuadras lejanas al escenario del acontecimiento deportivo.

Las protestas de vecinos afincados en cercanías de la cancha no se hicieron esperar por estos hechos, al igual que como vino ocurriendo en noches anteriores por el torneo amistoso de verano que se disputó en la cancha de Estudiantes.

Las veredas y ramblas pasaron a ser una suerte de botín de guerra ilegítimo, como se dijo, administrado por los “trapitos” que además de exigir sumas de dinero para “cuidar” a los vehículos se encargaron de ubicarlos en lugares prohibidos.

Con las calles saturadas en sus líneas de cordón, muchos automovilistas y la legión de “cuidacoches” decidieron convertir entonces a veredas, ramblas, ochavas y canteros de plazas y paseos en playas de estacionamiento. A gusto y placer de cada uno, sin que los inspectores municipales o los efectivos policiales actuaran ante semejante desorden.

Bien se conoce que los trapitos reclaman dinero a los automovilistas, en una situación que contiene, como contexto en muchos casos según cuentan los damnificados, la tácita amenaza de dañar los vehículos cuyos propietarios se niegan al pedido u ofrecen alguna suma que les parezca menor a la que aguardan recibir. Después, se sabe, se retiran del lugar mucho antes de que los partidos hayan finalizado. Y se conoce que existen verdaderas organizaciones dedicadas a este quehacer.

En realidad, lo que ocurrió anteanoche no deja de ser representativo de lo que sucede con el problema del estacionamiento en la Ciudad. Una ciudad a la que el creciente parque automotor la ha puesto cercana al colapso. Estudios realizados hace varias décadas alertaban que sobre el diagrama callejero de la Ciudad se sumaban unos 10 mil autos cero kilómetro por año, en tanto que la disminución correlativa de vehículos usados en igual lapso era mucho menor. Calles saturadas y falta de espacios para estacionar conforman la situación actual

Más allá de las reformas urbanísticas que la Ciudad reclama –concernientes a temas del tránsito, de la capacidad de lugares para estacionar, de una reformulación del transporte público, entre muchas otras- se ha dicho ya en reiteradas ocasiones que desde la Comuna se debieran impulsarse programas de revalorización del concepto de espacio público para garantizar la seguridad y tranquilidad de quienes caminan por las veredas y evitar actitudes indecorosas que afectan más que la higiene.

A medida que transcurrieron estos sucesos, se conocieron más relatos de indignados vecinos. Al mismo tiempo, resulta indispensable que se combata no sólo a los infractores sino a las organizaciones irregulares que instalan a los “trapitos” - en el caso de partidos de fútbol podrían ser barras de un club- con la facultad de administrar lugares para estacionar y que ahora no trepidan en extenderlos hacia las veredas y otros espacios de uso común.

Tanto los inspectores municipales como la Policía debieran actuar, sancionando a quienes violan elementales normas de convivencia.

 

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