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EDITORIAL

Preocupante avance de la hipoacusia entre los platenses

Los sondeos estadísticos realizados en estos días por el Colegio de Fonoaudiólogos de La Plata, referidos a una serie de controles auditivos realizados sobre la población, demostrativos de que se registra un preocupante avance de la hipoacusia, constituyen evidencias científicas que obligan a las autoridades a poner en marcha mecanismos sociales de prevención que impidan el crecimiento de ese mal.

Tal como se informó en este diario, en el marco del Día Internacional de la Audición, la entidad profesional realizó una serie de controles auditivos. Según se informó, el 65 por ciento de los casos que se atendieron demostró padecer algún grado de hipoacusia. Y directamente al 40 por ciento se lo derivó a un especialista. También se destacó que, de los afectados, el 5 por ciento sufría hipoacusia severa.

Vale señalar que desde hace varias jornadas comenzaron las actividades en el colegio profesional con la realización de charlas y exposiciones sobre el cuadro de situación que atraviesa la población. Este año, el lema del encuentro es “Stop al ruido, dale Play a tu audición”, indicativo, por si sólo, de la incidencia negativa que ejerce la exposición de personas a los altos volúmenes de sonido con que suele propalarse la música, tanto en lugares públicos como privados.

Cabe recordar que, en muchas oportunidades, los fonoaudiólogos platenses alertaron sobre las consecuencias de la contaminación sonora. Hubo llamados de alerta a tener en cuenta. Uno que vincula a los adolescentes a los que consideran segmento en riesgo, por la costumbre de escuchar música a todo volumen. Lo que exige una campaña educativa tendiente a modificar los hábitos. Pero también apuntan los especialistas al ruido, sobre todo el urbano provocado por la concentración de tránsito y de vehículos que no cumplen con las normativas vigentes, lo que obliga a las autoridades a un urgente control.

Se conoce que la sordera, entendida como la falta de capacidad para escuchar sonidos, puede producirse por factores hereditarios, congénitos y también por los adquiridos desde el momento del nacimiento, es decir, a lo largo de la vida y obedeciendo ello a numerosos factores causales.

En cuanto a las causas sociales, tal como se ha señalado reiteradamente en esta columna, con los ruidos molestos ocurre como en el tránsito: reina el caos; son pocos los que cumplen con las normas o existe una suerte de anomia autorizada tácitamente, pero todo sigue igual y aún empeora día a día. Por otra parte, las eventuales omisiones en que incurre el poder público obligan a los vecinos -a veces al precio de enfrentar serios riesgos- a intervenir en defensa de sus derechos.

Las conclusiones del estudio del Colegio de Fonoaudiólogos resultan más que elocuentes y debieran servir para que se impulsen, sin pérdida de tiempo, acciones encaminadas a evitar todo foco de contaminación sonora, sin perjuicio de hacerlo también contra los diversos factores médicos que pudieran estar incidiendo. A todas luces se está ante un problema crítico que requiere no sólo una reacción institucional -eficaz y ejecutiva-, sino también una actitud colectiva más solidaria, susceptible de acompañar los programas que deban ponerse en práctica.

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